Por qué tienes que trabajar cuando no te sientes inspirada

Por qué tienes que trabajar cuando no te sientes inspirada

Nos pasamos la vida esperando. 

Esperando a que traigan el plato principal antes de pedir el postre, esperando a que el niño nos escriba antes de nosotras escribirle, esperando a que comience la película antes de acabarnos todas las cotufas y esperando a que la inspiración llegue para poner nuestras células creativas a trabajar.

Sí, trabajar cuando te sientes inspirada es el escenario ideal. Estás concentrada, en conexión con tu vena creativa y con tantas ideas encima que no tienes manos suficientes para seguirles el ritmo.

Pero por mala suerte, esto no ocurre siempre; y considerando que nuestra creatividad se paga cada quince días, no es una buena excusa para decirle a tu jefe que no pudiste trabajar porque tu inspiración no hizo acto de presencia.

Incluso el mismo Neruda se resignó a que, con el tiempo, se aprende a escribir sin inspiración. Porque al final del día, no es lo único que necesitamos para dar el primer paso.

Si todos estuviéramos esperando a estar inspirados para crear cosas, probablemente no existiría la mitad de lo que tenemos ahora; y aquí es cuando nos preguntamos, ¿Leonardo Da Vinci siempre se movió a base de inspiración? ¿La creatividad de Sigmund Freud se estancó alguna vez? o ¿Mark Twain tenía algún ritual para que su fuente de inspiración nunca se acabara?

Ya que la especulación bajo estos parámetros ayuda a mi preámbulo y fortalece mi argumento; vamos a suponer que estos genios creativos se negaron a trabajar solo cuando estaban inspirados, porque ¿cómo es humanamente posible estar inspirado los 365 días al año?

Todo apunta a que Da Vinci, Freud y Twain tuvieron que crear cuando no estaban en su clímax creativo. O al menos eso es lo que vamos a asumir por el bien del artículo.

Resulta que, la mayoría de las veces, el concepto de la “inspiración creativa” es solo un mito que se empoderó gracias al ideal del “haz lo que amas” y nada estará mal con el mundo.

El trabajo de los mejores creativos no depende de la motivación o la inspiración, sino que sigue un patrón y una rutina consistente; porque eso es lo que hacen los trabajos. El dominio de los hábitos cotidianos es lo que lleva al éxito creativo, no una “chispa” mítica.

Muchas veces tienes que forzarte, sentarte frente la computadora, agarrar un lápiz, tomar un pincel o desempolvar tu cámara, cuando no tienes ni la más remota idea de cómo o por dónde comenzar. De lo contrario, esperar sentado por un golpe de inspiración no te llevará a ningún lado.

La creatividad necesita convertirse en un hábito si quieres hacerlo para ganarte la vida. Por más romántico y cliché que suene, el trabajo viene desde adentro de ti, está allí y muchas veces tienes que obligarlo a salir para que la inspiración llegue.

Así que la próxima vez que no te sientas inspirada, comienza a trabajar en tu shitty first draft porque a medio camino tu vena creativa puede unirse al proceso. 

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