Guía de sobrevivencia para trabajar con un equipo disfuncional

Guía de sobrevivencia para trabajar con un equipo disfuncional

Cualquier ser humano con estudios superiores, o en su defecto, estudios básicos, debe haber pasado por malentendidos en equipos de trabajo. Es una regla que oficializa al bachiller como un ciudadano del mundo.

Y si no los has experimentado, es porque de hecho, tú eres el parásito del grupo que causa dichos malentendidos.

A todos nos ha tocado un mal equipo en la universidad; pero si hay algo peor que eso, es verte atrapado con un mal equipo en el trabajo, porque no hay un “profe, él no hizo la tarea” o “te expulsamos del grupo”. Esto es una cuestión de: o sobrevives, o sobrevives.

Aunque eso te saque canas y te acorte años de vida en el camino.

Si bien ningún espacio de trabajo es intrínsecamente perfecto, hay tonalidades de gris en lo que respecta a la disfunción. En el blanco, tenemos a los tripticos laborales que entrega Google para explicar sus normas laborales, y en el negro, tenemos lugares de trabajo tan disfuncionales como ser ayudante del cura más católico del universo cuando eres un ateo declarado.

No hay manera de que aunque pienses que estás en el mejor trabajo del mundo, te sientas cómodo con un equipo increíblemente caótico. Nadie puede ser eficiente cuando vives en un escritorio en conflicto constante.

Es como tratar de sobrevivir una Guerra Mundial, pero con un bonito uniforme. De nada sirve el último aspecto. 

Querámoslo o no, la disfunción siempre estará de fondo como un ruidito molesto, así que, antes de que se salga de control, puedes aplicar ciertos mantras para que el uniforme bonito pase a ser el mejor escudo anti-ruidos.

Estas son las cosas que puedes hacer realisticamente para no llorar todo el camino al trabajo un lunes por la mañana.

Averigua con lo que estás tratando

Antes de que puedas tomar medidas tan radicales como almorzar en el baño, debes hacer un análisis profundo sobre con qué estás tratando.

Busca patrones en la dinámica del grupo: ¿tu jefe siempre está molesto en las mañanas? ¿todos siempre están hablando sobre los demás? ¿se reúnen muy poco para discutir? ¿todos están colectivamente abrumados por los recortes de café en la oficina?

Mientras más información recolectes, mejor identificarás el problema y podrás saltar al paso dos.

Comienza la cacería para adivinar qué puedes cambiar

Ahora que sabes cuál es el problema, puedes hacer una lista de lo que está en tus manos solucionar y lo que no.

Si tu jefe tiende a gritar por las mañanas, antes de su café, asegúrate de esconderte debajo del escritorio hasta que el reloj marque la una.

Si todos se pisotean las opiniones entre sí, establezcan un sistema que los permita hablar sin interrumpirse.

Si no hay café, planten unas semillas y recen porque Dios sea misericordioso.

Sin embargo, nunca dejes que se acumulen pequeñas molestias; siempre confróntalas, porque sino todo puede acabar con una carta de renuncia que fácilmente se pudo haber solucionado con una taza de café con azúcar.

Si no sabes cómo exteriorizar tus problemas, lo puedes hacer en tres simples pasos:

  1. Resume la situación y describe los hechos: “Me he quedado hasta tarde trabajando en el lanzamiento del producto durante los últimos cinco días”.
  2. Luego, indica tu sentimiento, postura o percepción sobre los hechos: “Creo que tenemos que volver a evaluar la carga de trabajo y los recursos dedicados al proyecto. Tengo algunas ideas de cómo podríamos abordar esto”. Sin culpar ni señalar a nadie, específicamente.
  3. Por último, haz una solicitud explícita: “Me gustaría tener una reunión para discutirlas. ¿A qué hora del lunes les funciona mejor?”

Voilà, nadie salió herido.

Ahora, aprende

Si no sabes realmente qué puedes cambiar, o no funciona cuando lo haces, al menos puedes internalizar tu lector de horóscopo en programa matutino y alinear tus acciones y actitudes para que esto no sea un completo desastre.

Aprovecha la situación al menos para buscar oportunidades para aprender, aún cuando las cartas están en tu contra.

Es decir, si te toca, inevitablemente, tener una reunión con tu jefe el martes en la mañana, encuentra la manera de reconfigurar tus habilidades de negociación, porque ya sabes que va a decir que no a todo lo que propongas.

Hazlo un experimento y práctica tus habilidades, porque cambiar de jefe es aún más complicado.

Y el último paso: descubre qué es lo mejor para ti

En última instancia, es crucial tener buenos límites entre su trabajo y tu vida en general. Si el equipo disfuncional está afectando tu paz mental y desalineando tus chakras, no pierdas tiempo sembrando matas.

Al final de su día, más caro te sale cubrir las canas en la peluquería.