Lo que el Internet me dijo que tenía que hacer para tomar buenas decisiones - The Amaranta
Porque el Internet siempre tendrá algo que decir

El Internet es ridículo. Si bien muchas veces es la puerta hacia el conocimiento infinito, otras veces se siente como un mal intento de escalera hacia una mejor versión de ti misma digna de un libro de autoayuda.

En resumidas cuentas, el maravilloso mundo 2.0 tiene mucho que ofrecer: tanto bueno, como malo. Y es una realidad a la que siempre me enfrento cuando intento buscar consejos laborales (y la principal razón por la que me cuesta tanto escribir sobre trabajo). Cuando se trata de recomendaciones en el área de trabajo, todos tienen algo diferente que decir, al punto de que se contradicen los unos a los otros y terminas dudando qué tan prudente es enviarle emojis a tu jefe.

Dependiendo en cual sitio busques, las consideraciones son diferentes; por lo cual, en una exhaustiva investigación para manejar mi característica natural de indecisa y mi imposibilidad para tomar decisiones casuales, analisé todas las recomendaciones posibles que la web tenía para ofrecerme.

Porque el mundo se divide en personas que pueden tomar decisiones como si fuese su pan de cada día, y las personas que sudan frío cada vez que tienen que elegir de un menú lleno de opciones qué pedir en un restaurante. Desafortunadamente, yo caigo en la segunda categoría.

Para mi sorpresa, o auténtica desmotivación por continuar la búsqueda, me tropecé con una página que prometía curar mi mal de indecisión en el trabajo con una sola premisa:

“Imagina que en realidad los estás haciendo para una amiga”

Ahora tenía que confiar en la psicología barata, que fácilmente podía encontrar en una revista de espera a las afueras del odontólogo, solo porque mi vena decisiva estaba en ningún lado para ser encontrada. Pero ya que era un mejor consejo que el de “evalúa los pros y los cons”, intenté hacerlo por un tiempo considerable que me permitiera desmentir al Internet y volver a mi rutina de indecisión.

Pues amigas mías, el veredicto es otro; no desmentí al Internet, y no volví a mi rutina. Resulta que la psicología barata sí sirve en estos casos; y no solo aplica para el trabajo.

Aunque el experimento comenzó con el foco laboral, la técnica se extendió a todos los ámbitos de mi vida; y se funcionó tan bien porque prácticamente engañas a tu cerebro para excluirte de la ecuación.

Se llama distanciamiento automático, te ayuda a emitir juicios más sólidos sobre determinadas situaciones porque ya no eres la protagonista de estas situaciones. Dejas de empañar el problema con tu subjetividad y es más fácil decidir.

Aunque por supuesto, siempre hay cierta negación a hacerlo cuando sabes que la respuesta no va a ser la que quieres, pero son realidades que tienes que afrontar. Incluso son buenas tácticas para aplicar solo porque quieres probar tu punto de vista externo.

No solo piensas con mejor juicio, sino que tu razonamiento se asemeja al de presentadora de un talk show latino al estilo de ‘¿Quién tiene la razón?’ y terminas en un proceso más significativo que el de “evalúa los pros y los cons”.

Aún no estoy muy segura de cómo aplicarlo para ordenar en un restaurante, pero en todos los otros escenarios ha funcionado bien.