Spoiler: porque existe ninguna caja

Cuando comienzas a trabajar tienes que dejar ir muchas cosas: tu vida social, horas de sueño, ganas de ponerte más zapatos que Crocs y cualquier rastro de necesidad primaria que pueda ser consentida sin una taza de café antes.

Pero si hay algo que aún en el 2018 no dejamos ir, pero deberíamos, además de la desigualdad salarial, es el mito anticuado que nos hace creer que “pensar outside the box en realidad es algo alcanzable.

Porque lamento ser la aguafiestas aquí, pero no existe ninguna caja.

A menos de que se refieran a la caja de chocolates que nos comimos para no tener una crisis nerviosa después del quinto café del día y cuadro entregas en “pendientes”.

El pensamiento fuera-de-la-caja es un mantra de la “innovación”. Es normal que en documentales de superación y cualquier película de Steve Jobs nos tropecemos con ese tipo de frases motivacionales de lunes por la mañana; pero si somos sinceras, además del Piolín que pasan por el grupo familiar, no nos entusiasma mucho esta línea de pensamiento.

Estamos en el 2018 y el concepto de las cajas es un poco más inútil que antes.

En principio porque todo esto comenzó gracias a la industria, que como analista, decidió que su vida sería mucho más fácil si encapsulaba las cosas en una caja. Es decir, ellos organizaron los temas (matemáticas, física, química y biología) en cajas para que no intentáramos comprender grandes cantidades de información.

Solo que en el 2018 nosotras estamos en contra de todo lo que intente limitarnos, y en un acto de rebelión y de necesidad de pelear contra todo lo establecido, decidimos desechar dicha caja; usando como excusa que hoy en día, las fronteras en el mundo académico son borrosas.

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Además no teníamos ni idea de qué había dentro de la caja, en primer lugar.

Falla número uno, amigos. Ahora que le estamos llevando la contraria a todo, nuestro nuevo secreto para alcanzar el éxito, que no se encuentra en tarjetas célebres de supermercado, es que primero conozcamos de qué estamos hablando antes de saltar a buscar nuevas fronteras en un cuadrado con complejo de caja.

No limitemos nuestro pensamiento para que sea siempre creativo; porque lo hemos intentado, y ya perdimos la cuenta de todos los cafés que han tocado nuestro escritorio. Sin ninguna solución que pueda suplantar el sistema de pensamiento y confort que una caja nos produce, solo tenemos una opción: pensar.

Y conocer, en tal caso, porque seguimos sin tener ni idea de qué estamos hablando: quinientas palabras dedicadas a desmentir a una caja ficticia a la que decidimos echarle la culpa por nuestras horas de sueño. O la falta de ellas.

Sin embargo, el punto de todo esto, es que no existe ninguna caja y lamentamos arruinar su día de superdotados creativos que confían plenamente en que están rompiendo barreras.

Que no existen, por cierto.