Nuestra identidad, nuestros íconos: entrevista a Iconos Venezolanos

Nuestra identidad, nuestros íconos: entrevista a Iconos Venezolanos

Las abuelas siempre han dicho que en momentos de crisis, están los que lloran y están los que venden pañuelos. No sé si aplique exactamente al caso, pero vale la pena resaltar que muchos no están perdiendo su tiempo llorando, una de ellas es Samuel Schoenberger, fundador de Iconos Venezolanos.

Todo el mundo ha visto un ícono de este proyecto, solo que algunos no saben qué está detrás de ellos. Se trata un proyecto visual, puramente criollo, divinamente caribeño y lo mejor de todo, enteramente nuestro: de los venezolanos empedernidos. Desde ilustraciones del famoso helado Bati Bati de uva, hasta la perinola e incluso una botella de Anís Cartujo, el equipo de Iconos Venezolanos nos muestra que tenemos mucho de lo que sentirnos orgullosos.

Porque somos más que las noticias de sucesos en los portales de noticias.

Tuve el placer de conoce a Samuel desde hace tiempo, pero como puedo llamarlo mi pana, él cumplió con el deber de ofrecerme una entrevista (las que nunca son aburridas con él) y contarme más sobre esta marca de conceptos culturales y simbólicos de lo que es haber nacido en la ribera del Arauca vibrador.

Samuel está perdidamente enamorado de Caracas y de todas las cosas que para él nunca morirán, entre ellos un pequeño restaurante italiano llamado El Sorrento en la Av. Francisco Solano, donde entre milanesas de pollo, nostalgia caraqueña y jugos de piña, nos pusimos a hablar.

¿Qué es Iconos Venezolanos?

Para poder definir qué es Iconos Venezolanos, tendría que empezar por mi hogar. Si nosotros no nos conocemos a nosotros mismos, no es fácil hacer que los demás lo hagan.

No solo es un proyecto de Instagram sino que es una reconección con nosotros mismos, a través de códigos, que en este caso son muchos iconos, y transformarlos en un lenguaje visual universal, un lenguaje que evolucionará y tomará forma para ser una síntesis del venezolano para los extranjeros. Y para nosotros mismos.

¿Cómo nació este proyecto?

Nació en el 2015 por una ausencia enorme de identidad, y también por la presencia de un talento infinito no solo de diseñadores sino de cualquier persona que se exprese, que sea comunicador. Desde un periodista hasta un chef es un comunicador porque presta su visión del mundo a través de su visión. Tenemos talento, el problema está en que yo no veo ese talento enfocado en nuestras raíces y a nuestro entorno original, porque lo hemos repudiado mucho.

Así que mi sueño está en rescatar eso, que el venezolano se sienta identificado con su origen y que lo lleve con orgullo.

Iconos Venezolanos nació como como algo personal y claro que para el momento no tenía en la cabeza la proyección que tiene hoy y que aún le falta por tener. En ese momento estaba estudiando y estaba muy metido en la movida del diseño nacional con personas que lo estaban promoviendo. Y quería hacer lo mismo, meter en el saco a mucha gente y que cada uno pueda tener una interpretación de un ícono. Eso he hecho hasta hoy, invito a gente para ser colaboradores y muchos se han sentido en la libertad de participar, lo que es genial.

¿Cómo definirías el estilo de Iconos Venezolanos?

Nuestro estilo va muy ligado al término “flat art”, me pareció la forma más sencilla de expresar algo que tiene tantas interpretaciones y facetas. Este estilo trata de sintetizar un concepto y poco a poco voy profundizamos cada vez más.

Eso fue una de las razones por las que tuvieron tanta popularidad, porque por una simple silueta, la gente ya entiende de qué icono estamos hablando. Yo lo que hago es agregarle color para que no se vea tan crudo.

¿Cuál es tu ícono favorito?

El del Caribe. Porque cuando lo hice era porque quería tener el Caribe en la piel, para tatuajes temporales.

¿Cómo haces a Iconos Venezolanos sostenible?

Eso es un tema. Es difícil porque mayormente matamos tigres para poder sostener el proyecto. Ahorita nuestro más reciente fruto fue el libro, pero siempre hemos hecho libretas, franelas (para una colección con Caracas Chronicles). Aunque lo de las franelas ha sido muy cuesta arriba, pero nos gusta mucho hacer productos como chapas, collares, estuches y eso.

¿Inspiración más grande?

Cuando comencé me gustó mucho la idea del proyecto “Aquí no se habla mal de Venezuela” porque le daba la vuelta a todo el rollo político y quise hacer algo parecido. Así que integré ese valor dentro de la intención de Iconos Venezolanos.

También me gustó la idea de que un grupo grande de personas puedan ver un mismo elemento y ser en cada persona algo distinto. Eso es lo que pasa cuando tienes a muchos colaboradores, todos tienen un ojo distinto para algo. Porque el proyecto no solo es mío, sino de todos los que quieran participar.

Toda cabeza es un mundo y bueno, por ahí va.

¿Cuál es el mayor obstáculo de llevar a cabo un proyecto artístico como este?

Justo eso estaba hablando hoy con un colega. Mientras hablábamos tocamos el tema de que un diseñador no funciona si se siente mal, y no solo un diseñador, un artista, sea si pinta, si compone, si escribe, cualquiera que trabaje con el corazón no puede hacer su mejor trabajo si no se siente bien, tranquilo, animado. Es muy difícil y eso es algo que nos pasa mucho acá. No tenemos siempre el mismo rendimiento.

¿Algo que le quieras decir al resto de los diseñadores o artistas venezolanos que quieran echarle pichón en estos tiempos?

Tratar de buscar una oportunidad de crear en cada situación que los destruya, sea de afuera o de uno mismo. Porque si nos damos cuenta, ahorita hay muchísimas marcas de ropa, de diseño y de ilustradores con más de mil productos distintos. Probablemente hubiese más si la cosa no estuviese tan difícil, pero no podemos dejar de apreciar cada cosa nueva que sale al mercado.

Claro que siempre intenté sobreponerme a la situación política, pero siempre preferí separarlo del proyecto.

Personalmente, ¿qué es lo que más te anima de Iconos Venezolanos?

Las cosas nuevas. Me encanta cómo poco a poco el proyecto se va reinventando solo, y las muchas facetas que puede tomar. También me gusta sentir que puedo refrescar un ícono que ya había hecho y transformarlo en algo que hasta el día de hoy nos pueda llegar a todos.

No es sencillo hacer un ícono, porque se trata de llegar a la materia prima de algo que tiene miles de detalles.

Sin embargo, siento mucho orgullo por el respeto que ha ganado Iconos Venezolanos. Hoy vi a Santiago Pol y me hizo sentir muy bien el hecho de que nos saludáramos como colegas, que él conociera mi trabajo y habláramos como iguales. No por cuestión de ego, sino que es increíble que el proyecto se haya ganado su lugar entre la gente y tener un punto en común con ella.

Soy demasiado groupie y ese tipo de conexión me encanta.

Preguntas rápidas

¿Pedir permiso o pedir perdón? Siempre he sido el tipo de persona que pide perdón.

¿Cómo tomas el café? Con leche, pero de verdad no soy mucho de tomar café.

¿Comediante favorito? Emilio Lovera.

¿Qué cerveza tomas? La negrita, Polarcita.

¿Qué lugar recomendarías de Caracas? La Guacamaya, en Chacao.

¿Qué lugar recomendarías fuera de Caracas? Maracaibo. Hasta estoy pensando en mudarme.

¿Algo que siempre hayas querido hacer aquí? Subir a la terraza de la Torre de Parque Central.

¿Postre favorito? El tiramisú.

¿Nombre de la persona que más te ha apoyado en el proyecto? Mi mamá, porque si no la nombre me mata.

Iconos Venezolanos es un proyecto con su propio lenguaje visual que rescata lo que a veces sentimos perdido de nosotros mismo, rescata esa identidad que tanto se han enfocado en hacernos perder. Su Instagram es una ventana a todo eso que siempre hemos amado y lo que nadie nos hará olvidar nunca.

Gracias, Samuel, por creer en Venezuela.