“No cag*es donde comes” dicen las lenguas sabias

Siempre me han intrigado las formas del amor. Los que me conocen saben que soy la típica romántica rosa y babosa que apoya una linda relación donde sea que nazca. Pero cuando nace en medio de una oficina, rodeado de café y un buen sueldo, la romántica dentro de mí se la piensa dos veces.

A veces es amor de bueno y otra, puro queso absorbente, destructor y maligno que contamina toda la dinámica laboral. Y ahí es cuando se complica la cosa.

Nuestra mamá nos lo dijo hace tiempo, alla por la época en la que le hacíamos caso. Nos dijo: “mija, usted no cag*e donde coma. Controle esas hormonas”. Algunos les habremos hecho caso y muchos otros no. Yo no le hice caso. Porque como les dije, soy una romántica y bueno, ¿han escuchado el refrán “el pez muere por la boca”? Eso es lo que me pasa por andar gritando a los siete vientos sobre mis filosofías amorosas.

No me pueden culpar, el hombre tenía un porte divino, unos rizos negros espectaculares y una risa de actor australiano que te jura una vida de felicidad; y yo fui débil. Una vez que terminamos la tensión era tan fuerte que podías cortarla con una tijera. Alteré mi trabajo de forma que no me tocara trabajar con él y aunque no afectó mi desempeño de forma evidente, la mala vibra y los ratos desagradables eran algo que se pudo haber evitado con no haber salido en primer lugar.

Luego mi mala experiencia se volvió en una necesaria para aprender cómo son las cosas y dejar de creer que mi vida es una película de Disney, en especial cuando necesito el dinero y el nombre de una buena empresa en mi currículum. Sin embargo, no todo es blanco y negro y no todas las experiencias son iguales.

Con mi poco pero aún así claro conocimiento sobre el tema, decidí acudir a mis seguidores de Instagram que deben ya estar bien hartos de mis preguntas malintensas para artículos como este. Esta vez hice una encuesta sobre qué opinan de los romances laborales. Las opciones fueron: “están sus excepciones” y “nunca en la vida, ugh”.

De las 136 personas que se aguantaron mi preguntadera de un domingo, un 71% votó por “están sus excepciones” y 29% por “nunca en la vida, ugh”.

Y cuando pedí unas cuantas experiencias o lecciones, recibí lo siguiente:

“Cuál excepción ni que nada, es lo más conveniente de la vida, siempre y cuando la gente esté clara que es una cuestión de conveniencia” -Pablo.

“¡Yo me enamoré de un alumno! ¿Te sirve? No es nada que la gente quiera leer. Es mi ex novio, terminamos bien, somos amigos. Demasiado feliz y sin drama para ser una experiencia inolvidable” -Victoria.

“Yo me empaté con un chamo que tenía fama de perro y no fue la mejor experiencia. Mi consejo es que esto solo cuadra cuando conoces bien a la persona y ves que es alguien genuino y no cualquiera” -Juan Pablo.

“Ay, chama, una vez y más nunca. Craso error” -Daniela.

Cuando se trata de romances laborales, no podemos dejar de considerar los efectos secundarios de esa fiebre de hormonas alborotadas. Es algo que tenemos que estudiar con dedicación y decidir echarle pichón una vez que estamos seguros que no vamos a terminar prendiendo en fuego el edificio durante alguna pelea.

Porque ese es el asunto del romance, el paquete es muy lindo, pero si no sabes elegir puedes encontrar muchas porquerías adentro. Claro que existen sus consideraciones, pero comenzar una relación en una oficina no debe ser la regla sino la excepción. Porque en un espacio donde están obligados a lidiar los unos con los otros cinco días a la semana, da espacio para mucho chisme, mucha tensión y mucho drama.

No siempre resulta ser una novela brasilera que pasan en Venevisión, la gente se arriesga porque ha funcionado. Mis padres son un ejemplo claro de eso (25 años no son juego). Pero cuando no funciona, arrastra muchas tragedias. Queda de los demás saber si eso es un obstáculo superable o simplemente un deal breaker para una relación donde el queso el es pilar principal.

Por otro lado, si es algo que tiene que pasar, pasará. Somos humanos y sucumbimos ante nuestros sentimientos, los cuales deberíamos escuchar de vez en cuando. Y 71% de las personas que respondieron la encuesta estarían de acuerdo conmigo.