Cuando la tortura llega a su fin

La vida universitaria es un constante sube y baja que nos deja con niveles extremos de estrés y ganas de llorar por diversas razones: nos decepcionamos de la gente, nos rompen el corazón y pasamos las materias con notas mediocres.

Los niveles de estrés no van decreciendo a medida que vas avanzando, más bien se van amplificando porque mientras más cerca estás de la brecha final, se aproximan los problemas de la vida real.

La graduación es como la muerte —un poco melodramático, lo sé—, no sabemos qué hay del otro lado o qué será de nosotros allí. Así que aquí les traigo una lista de cosas que pienso antes de dormir sobre este tema.

¿En qué voy a trabajar?

El mundo está lleno de posibilidades. 

Solía tener el punto de vista de que tenía que definir mi futuro en una sola sentada: elijo una sola cosa en lo que puedo ser buena y me aferro a ella hasta ser la mejor. Hasta que me di cuenta de que era un error limitarme de esa manera.

Solo guíate por lo que te gusta y triunfarás.

¿Me voy del país o me quedo?

Es inevitable esta pregunta y la verdad es que no hay una respuesta correcta. Todo depende de qué quieras lograr, en qué plazo, y si tienes los recursos o la oportunidad para hacerlo. 

Conclusión: después de mucha reflexión y, listas de pros y contras, lograrás dar con la respuesta correcta.

Puede que ames:

¿Soy suficiente para el trabajo de mis sueños?

Posiblemente lo seas, pero siempre tenemos algo que aprender y tenemos que formarnos todos los días.

Eso lo digo sabiendo que es mentira que solo con lo que estudiamos en la universidad estamos 100% preparados para asumir el reto de nuestro dream job.

Seguramente es una responsabilidad gigante y debemos tener todas las herramientas necesarias para adquirir el puesto. No te cierres a las experiencias laborales y acepta los nuevos conocimientos de cada una de ellas. 

¿Será que me voy a graduar?

Esta es una interrogante que me he hecho durante muchos días y me aterra que la respuesta sea negativa, sobre todo después de haberle invertido tanto tiempo a la universidad.

Que algo salga mal los últimos días es una realidad para muchos, pero tenemos que enfrascarnos en el pensamiento de que al final del día y a pesar de todos los obstáculos, cruzaré los pasillos del aula magna de mi universidad y diré “me gradué”.