Fuera de la zona de confort: posgrado en ciencias para una humanista - The Amaranta

Fuera de la zona de confort: posgrado en ciencias para una humanista

Oh, shit.
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Hace poco tuve que enfrentarme a una realidad que muchas personas antes que yo han aceptado con más gracia y decoro: voy a cumplir 30.

Apenas lo internalicé decidí pintarme el cabello de negro petróleo, mi metabolismo se detuvo y empecé a escuchar los Backstreet Boys de la misma manera que mi papá escuchaba Abba para recordar su juventud. Además como soy súper multitasker tener una crisis de identidad no fue suficiente, también decidí tener una laboral, otra académica y los inicios de una crisis existencial cuyo pico estoy guardando para los dos años que me quedan antes de los 30.

En medio de ese ambiente apocalíptico ante la inminencia de mi absoluta vejez, decidí que era hora de volver a estudiar. Lo primero que pensé fue en irme por lo más fácil, algo en mi área: una especialización formal en copywriting, una maestría en publicidad. Lo más seguro posible. Como cuando vas a un restaurante nuevo, pero nada te parece particularmente atractivo y pides lo mismo de siempre, vegetariana pero sin aceitunas porque nunca te han gustado.

La cosa es que, eventualmente nadie, ni siquiera tú mismo, te vas a dejar hacer eso. La tercera vez que tus amigos te inviten a un restaurante nuevo, estarán hartos de que seas la versión foodie de siempre querer tirar en misionero. Te obligarán a pedir la ensalada mediterránea con deconstrucción de cangrejo y extra de aceitunas, estarás de acuerdo y además descubrirás que ahora amas las aceitunas.

Y, bueno, en medio de millones de entrevistas con otros publicistas y copywriters como yo, encontré mi aceituna académica: Una maestría en Big Data y Data Intelligence al otro lado del Atlántico.

Apenas recibí la información del pénsum supe que estaba fuera de mi elemento. El máster está dirigido a ingenieros y personas que saben hacer operaciones matemáticas sencillas. En Letras estoy segura de haber raspado Fonética y Fonología solo porque uno de los módulos incluía medir cuántos decibeles alcanzaban ciertos sonidos. Demasiado matemático para mi. Y en Publicidad hay una materia que borré completamente de mi memoria porque involucró sacar estadísticas a partir de formularios.

Independientemente de mi no hay relación con los números decidí aplicar… y porque aplicar solo involucró hacer un ensayo sobre por qué quería entrar. Sí, no sé sumar, pero hay muchísimas más razones para hacerlo que para quedarme entre publicistas y escritores: me parece sexy, tengo al menos 2 años leyendo compulsivamente al respecto, creo que la publicidad tiene que moverse más hacia allá, y voy a cumplir 30 así que tengo que dejar de ser tan ignorante con respecto a los números.

So, I'm super ready, right? No, estos son solo algunos de los pensamientos innecesarios que he tenido desde que me aceptaron:

  • Voy a ser la hippie extraña y todos los programadores me odiarán porque todavía no he visto Mr. Robot.
  • ¿Cómo carajo se me ocurrió aplicar para algo así? Llegué hasta la tabla del 2 y no tengo ni la más remota idea de cómo es que es el proceso para dividir.
  • Voy a perderme completamente en la ciudad, jamás llegaré y saldrán titulares, “publicista venezolana muere en el invierno español. Vivía debajo de un puente porque nunca encontró la dirección del instituto a donde iba -ilusamente- a estudiar una maestría en Big Data
  • ¿Cómo voy a pasar una carrera que no depende de mi capacidad para escribir buenos ensayos?
  • ¿Qué va a pasar si tengo que hablar de hechos y no de opiniones?
  • Jesus Christ, espero no ser la única persona sin pene.
  • ¿Qué tal si raspo solo porque hablo exageradamente venezolano y ninguno de ellos logra entenderme jamás?

Oh, shit. Esto incluye mi peor pesadilla: trabajos grupales.