¿Por qué la gente renuncia?

Y por qué tu deberías también.
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Y por qué tu deberías también.
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El mundo laboral es un misterio; minado de experiencias ajenas y experiencias propias. Pero aún así, con millones de recursos en Internet y una cantidad absurda de consejos, encontrar una respuesta concreta a tus dudas existenciales es una misión complicada.

Entre el “ama lo que haces” y “no siempre tienes que amar lo que haces para hacerlo”, hay una delgada línea que confunde a todos: ¿hasta qué punto debes tolerar tu trabajo?

Para nuestra suerte, LinkedIn realizó un reporte con el fin de identificar la razón principal por la que las personas renuncian y cambiaban de trabajo; y la mayoría no lo hace por dinero, ni por sus jefes, o incluso porque no les gusta.

Ya sea que estés buscando argumentos para tu discurso de renuncia, o quieras una excusa para armarte de valor y empezar a buscar otras opciones, estos son los escenarios más comunes en los que las personas deciden aceptar su naturaleza nómada, y cómo saber si tienes que aceptarla tú también.

No hay crecimiento

La principal razón por la que más del 45% de las personas dejaron sus puestos laborales es porque presumían de poco espacio para crecer.

Si te sientas a pensar en tu futuro, y te imaginas en el mismo puesto de trabajo diez años después, amiga, esta razón aplica para ti. El sedentarismo se lo podemos dejar a la Reina Isabel II y a Carolina Herrera.

La única excusa por la que está permitido quedarse en el mismo lugar depende de cuánto estás aprendiendo en ese puesto y qué está aportando al desarrollo de tu carrera profesional; si ambas respuestas escasean de carácter evolutivo, puedes empezar a armar tus maletas.

Mal liderazgo

Y no nos referimos a que tu jefe sea una pesadilla andante, sino a que tu jefe no sabe ser jefe y mucho menos ser líder.

Según el profesor John Kotter, experto en liderazgo de la escuela de negocios de la Universidad de Harvard, el jefe planifica, organiza y controla; mientras que el líder establece directrices, involucra y motiva.

En pocas palabras: debes confiar en tu superior y debe inspirarte. Si no, algo no está funcionando.

Cultura de trabajo

O la falta de ella. Entiéndase cultura de trabajo como el conjunto de valores, identidad, generación de hábitos de trabajo y prácticas productivas.

Para las personas, sobre todo los millennials, es importante este punto; y es aquí cuando se define si es posible trabajar en un puesto que no ames por inercia. Si al menos te sientes cómodo con su cultura de trabajo, levantarte temprano y cumplir un horario no será tortuoso.

Falta de retos

Y acá es cuando todo comienza a enlazarse; si no hay crecimiento, no hay retos. Ergo, te quedarás estancada en tu escritorio revisando Facebook como la actividad más entretenida del día. No dejes que eso pase.

Poca paga

Bueno, básico. No podemos sobrevivir a punta de los “buen trabajo” o “nos gustaría pagarte más pero no podemos”. Sin embargo, no es uno de los factores más importantes. Si las otras cuatro razones no están sucediendo, la poca paga es una razón negociable.

Poco reconocimiento

Además de la cultura de trabajo, nuestra generación se basa en la meritocracia. No estamos diciendo que necesitas felicitaciones diarias porque hiciste tu trabajo, porque es tu trabajo y es reconocido cada quincena. Este punto trata más de la convivencia del talento con el esfuerzo; si el segundo está muy presente, y aún así, pasa desapercibido por tu jefe, las posibilidades de que bajes tu empeño son representativas.

Así que, si te viste reflejada en dos o tres de los escenarios anteriores, tienes dos opciones: hablarlo con tu jefe para cambiarlo o huir por la salida de emergencia. Cualquiera de las dos es socialmente aceptable porque LinkedIn así lo demostró.

Pero quizás deberías probar con la opción uno primero. Después de todo, seguirás necesitando un currículum que no diga “huyó por la salida de emergencia”.