Por qué llenar tu agenda está arruinando tu productividad

Por qué llenar tu agenda está arruinando tu productividad

Todas hemos pasado por esos momentos en los que la Universidad, el trabajo y nuestra vida social se vuelven demasiado difíciles de manejar. Hacer malabares con las tres responsabilidades no es algo sencillo, pero una vez que encuentras el equilibrio y logras obtener al menos cinco horas de sueño, oficialmente puedes decir que estás cerca del éxito.

Mientras tanto, el resto de nosotras aún intenta tapar con maquillaje las ojeras y recuperar algo de vida con toneladas de café.

Tan injusto como suena, llenar nuestra agenda de cosas por hacer no es sinónimo de productividad, sino que delimita la línea entre ser productiva y estar ocupada. No importa cuantas veces lo repitas o cuánto te quejes por todas las cosas que tienes que hacer, lo más probable, es que al igual que el resto de la humanidad, solo estés perdiendo tiempo que podrías estar usando para ser productiva.

No te preocupes, no eres la única que accidentalmente pierde tres horas lamentándose por dejar todo a último minuto. Lo importante es que en algún momento en el futuro, te des cuenta que decirle al mundo las cosas que tienes que hacer mientras lloras en una esquina no se traduce a un trabajo productivo; y eso está bien, siempre y cuando al final del día taches todas las cosas importantes de la lista.

Y por si necesitas más razones para diferenciar lo que realmente es ser productiva de solo estar ocupada, te lo explicamos con ejemplos tangibles.

Si tu cuarto le hace competencia a los restos de la Segunda Guerra Mundial

o tu escritorio tiende a jugar a las escondidas con tus bolígrafos, papeles importantes y artículos que necesites urgentemente.

No, definitivamente no eres productiva si tu escritorio tiene complejo de portal a otra dimensión.

Si tu lista de cosas por hacer es tan larga como el Antiguo Testamento

En la era en la que el multitasking es prácticamente una necesidad, uno de los superpoderes de las personas productivas es distinguir prioridades. Puede que tu lista llegue a niveles alarmantes, pero a menos de que puedas concentrarte en lo más importante, no saldrás de la clasificación de “persona ocupada”.

Si ya dejaste de disfrutar tu trabajo

Lo entendemos, es difícil mantener la sonrisa cuando la tonelada de papeles sobre tu puesto de trabajo necesita ser entregada antes del mediodía y la cafeína en tus venas no está surtiendo efecto; pero si tu único objetivo es terminar lo que tienes que hacer y no disfrutar el proceso, solo estás ocupada.

Si los mosquitos tienen mejores niveles de concentración que tú

No creo que este caso necesite explicación.

Si le haces honor al refrán de tu abuela de “mujer preparada vale por dos”

Llueva, truene o relampaguee, solo las personas productivas tienen la capacidad de hacerle frente a las situaciones que están apunto de salirse de control, ya sea con un plan B o poniendo su creatividad a volar, siempre hay una solución a la mano.

Si pasas más tiempo quejándote sobre la ausencia de espacios blancos en tu agenda que realmente haciendo algo para despejarla

Estamos hechos para quejarnos de las cosas que nos ocurren, pero una vez que dejamos de hablar y nos concentramos en hacer lo que tenemos que hacer incluso nos sobrará tiempo para descansar de la vida y ver una película o interactuar con seres humanos.

Al final del día, pertenecer a cualquiera de estos dos equipos es nuestra elección. No siempre podemos ser productivos o estar ocupadas, pero el balance es lo que nos ayudará a sobrevivir a nuestras responsabilidades y no ahogarnos con ellas.