Los mitos más ridículos que los creativos tenemos que enfrentar a cada rato - The Amaranta

Los mitos más ridículos que los creativos tenemos que enfrentar a cada rato

Supongo que la primera mirada despectiva te la hacen al hacer figuras raras con plastilina a los 5 años, la segunda, cuando decides irte por Humanidades en bachillerato, y la tercera, pero ni de broma la última, es cuando manifiestas tu preferencia hacia los trabajos “creativos”.

Parece ser un mundo tipo el País de las Maravillas en lo que todo está al revés, hay tipos fumados con sombreros, un conejo que siempre está apurado y por supuesto una chama intensa que nunca sabe lo que está pasando.

Algo así puede piensan los “no creativos” (personas sanas que no tienen que parir cien ideas nuevas todos los días) que consiste un departamento creativo. Y aunque casi siempre tienen razón muchas otras veces están imaginando eso, un cuento ficticio que lo que hace es sacarnos la piedra.

Los que somos escritores, diseñadores, ilustradores, editores y publicistas tenemos que arrastrarnos a la barra súper alta que nos ha puesto el resto del mundo. Y señores, no nos la ponen papita y les diremos por qué.

Al parecer, para tener ideas todo el tiempo necesitamos estar drogados 24/7

Las personas que necesitan estar drogadas para tener buenas ideas, son unos perdedores. La verdad es que el proceso creativo es algo que está en todas partes, cuando sales a caminar, cuando ves memes en Facebook, cuando vas al baño o incluso cuando estás en la ducha.

Que la inspiración viene de la nada

Eso se llama el mito Eureka, el cual dice que es mentira que puedes estar acostado en la cama, con tus pijamas viendo Instagram y de pronto vas a encontrar la idea que cambiará tu vida y te ayudará a fundar tu propia compañía. Como si fuésemos Don Draper.

La verdad es que la inspiración llega cuando estás trabajando, cuando los creativos nos sentamos a escribir o a hablar exhaustivamente con algún compañero que se nos ocurre una buena idea.

Todos tenemos que ser 100% originales

Claro que robarle una idea a alguien está súper mala, pero la verdad es que en este punto de la humanidad, ¿qué no se ha hecho? No hay nada que ya no haya hecho alguién más mucho antes que tú. Así que lo que nos queda hacer es cultivar una idea que ya existe y hacerla nuestra, poner nuestra firma en él.

Solo trabajamos cuando estamos inspirados

Ojalá siempre estuviésemos inspirados en primer lugar, pero eso no pasa. Muchas veces nos toca escribir, pintar o ilustrar cuando nuestra creatividad está en el piso, así que tenemos que confiar en nuestros instintos de rutina y estar conscientes de que nuestro trabajo no será precisamente el mejor de los mejores.

Y esa es una realidad agridulce a la que nos enfrentamos todas las semanas. Casi siempre los lunes.

Los creativos no siempre son los que ves leyendo y fumando en los parques. Y tampoco el tipo en traje con lentes de sol que parece que cada frase es un eslogan de una publicidad de Coca Cola.

Nosotros somos las víctimas detrás de sus expectativas posmodernas y necesitamos que nos tengan paciencia.

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