#TheAdebates: ¿Los millennials quieren que sus esposas se queden en casa?

Preámbulo

Tanto en el aspecto religioso como en el social, la figura del hombre siempre ha sido enaltecida por su carácter de líder; atribuyéndole responsabilidades como ser la cabeza de la familia, proveer dinero y alimento, y ser el sustento del entorno familiar.

Esta línea de pensamiento aun se mantiene en discursos religiosos y comunidades tradicionales; solo basta con una visita a la iglesia para reconocer que, bajo los principios cristianos y evangélicos, el papel de la mujer es “sujetar al esposo”, mientras él “protege y provee a la familia”.

Para mayor evidencia, está el Gen. 3:17-19, Efesios 5:22-24, 1 Corintios 7:2-15, Efesios 5:28-29, Efesios 5:33, 1 Timoteo 5:8, Proverbios 31, y probablemente un cuarto de El Antiguo Testamento y la mitad de la Biblia.

Sin embargo, mientras una de las instituciones más poderosas del Siglo XX está siendo cada vez más cuestionada por las nuevas generaciones, las declaraciones y verdades absolutas que la Iglesia mantiene no se ven reflejadas en la sociedad con la misma intensidad de la que hace años presumía; ahora, en el 2017, existen mujeres capaces de mantener un hogar, proveer a sus hijos e incluso votar.

Por lo que, como efecto secundario de la evolución, la imagen de la familia tradicional se ha visto un poco distorsionada.

Y aunque nuestra generación ha sido, de cierta forma, una de las más activistas para normalizar la diversidad e igualdad en las familias, seguimos encontrándonos con panoramas que apoyan el prototipo original de hogar.

Es por eso que decidimos recurrir a la Generación Y, a fin de que el grupo seleccionado nos reflejara con un sondeo sencillo qué tan pragmático y frecuente es el pensamiento de eclesiástico en la sociedad actual.

En resumidas cuentas, ¿qué tan importante es para los hombres millennials que las mujeres trabajen, y en algunos casos, sean el sustento familiar?

El debate

Elegimos un grupo de 32 hombres millennials, una muestra que seguramente haría a nuestro profesor de sociología rodar los ojos; pues es evidente que 32 veinteañeros no hablan por toda la fuerza masculina de Latinoamérica, pero para efectos de la resolución rápida y sencilla de problemas, son suficientes para determinar qué tan vigente es nuestra premisa, al menos en un grupo diverso de treinta y tantos niños.

En principio, el asunto en cuestión se enfoca en medir qué nivel de importancia le da el grupo selecto a que las mujeres (en esta instancia, imaginarios de sus esposas) se desarrollen en el ámbito laboral según sus preferencias. Y en segundo lugar, qué tanto influye que ellas sean la fuente principal de ingresos en su desarrollo y comodidad en el hogar.

Argumentos a favor de que sus futuras esposas trabajen:

“Obviamente quiero una esposa trabajadora para que ambos compremos la casa.”

“La relación funciona mejor cuando tanto la mujer como el hombre tienen su trabajo, su grupo de amigos, sus ocupaciones personales.”

“Que haga lo que la mantenga feliz.”

“A mí no me gustaría que ella me dijera que me quede en la casa, así que yo no se lo voy a decir.”

“Así se mantiene ocupada.”

“Si ella quiere quedarse en la casa, lo respeto. Pero preferiría que saliera y trabajara.”

“Estar en una relación no debe evitar que se desarrolle como mujer integral.”

“Afuera hay un mundo lleno de oportunidades para ella.”

“Ya estamos en el siglo XXI.”

“En una relación los dos debemos aportar, sino fastidia.”

“Si estudió tantos años para convertirse en algo, ¿por qué yo debería encerrarla?”

Argumentos a favor de que sus futuras esposas se queden en casa:

“Sí me gustaría que trabaje, pero cuando tengamos hijos ella los cuide en la casa.”

“Mi mamá cumplía con los dos roles, estar en casa y ser dueña de un negocio.”

“Por los niños.”

“No me gustaría dejar a mis hijos con alguien más.”

“Mientras yo pueda darle todo…”

“Después de que formemos una familia lo mejor es que se quede.”

En cuanto a la mujer siendo la fuente principal de ingresos en el hogar:

“Yo como soy el hombre trataría y preferiría ser la fuente principal, pero si ella gana mejor bueno jaja.”

“Depende de la causa y el contexto, pero creo que sí me incomodaría.”

“Sería mejor y todo jajaja.”

“Me costaría aceptarlo.”

“No me importaría que fuese la fuente principal de ingresos.”

“Nadie debería mantener a nadie.”

“No es que piense que no merece que le paguen más que a mí, sino por el hecho de que no me gustaría sentirme dependiente de ella.”

“Si fuera el caso, no. Pero honestamente preferiría ser yo la fuente principal.”

“No me importaría en lo absoluto, el aporte monetario no influye en la relación.”

“Si eso significa que ella está más preparada o es más profesional que yo, no me importaría.”

“Sí me importa, pero no por el tema de que el hombre tiene que ser el que lleve el dinero a la casa, sino porque mi sueño es poder darle todo lo necesario a mi familia.”

“Es algo de dos.”

“Yo trataría de ganar más que ella.”

“Me disgustaría. Siento que a pesar de todo esa sigue siendo responsabilidad del hombre como jefe de familia.”

El veredicto

Los hombres millennials quieren que sus esposas trabajen, pero no les convence que ellas sean la fuente principal de ingresos, por diversos factores.

Con un total de 24 votos, la fuerza masculina de la Generación Y dictó que, en muchos casos, prefieren que sus esposas desarrollen una vida laboral. La actitud se repitió en los simpatizantes de la idea de que las mujeres se queden en casa, siempre y cuando, no tengan hijos. Cuando la formación de la familia comienza, 8 de los encuestados manifestaron su preferencia a que la mujer permanezca en el hogar.

En cuanto al aporte monetario, 23 de los encuestados revelaron que se sentirían incómodos si su esposa fuese la fuente principal de ingresos, asegurando que si de ellos dependiera, preferirían cargar con esa responsabilidad.

Aunque la corte en cuestión reconoce que esto es una opinión general y la premisa se repitió como el común denominador, el veredicto refleja que nuestra generación está más abierta a desafiar la creencia establecida por el pasado.

Por ende, como jueces imparciales en el asunto, y sin cegarnos por nuestra perspectiva femenina, declaramos que los hombres millennials prefieren que sus futuras esposas trabajen.

Sin otro aspecto al que hacer referencia, se levanta la sesión.

Caso cerrado. 

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