Las lecciones que aprendí en mi primer trabajo

Porque una vez que calientas el almuerzo incorrecto en el microondas, aprendes cómo funcionan las cosas en la oficina.
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Nuestro primer encuentro con el mundo laboral es atemorizante. ¿Es verdad lo que dicen de los jefes insoportables? ¿Cómo se supone que tienes que comportarte cuando estás en la oficina? ¿Está bien usar ropa deportiva frente a tu jefe? Sí, cualquier experiencia nueva viene con una gran carga de interrogantes, pero después de que superas la incertidumbre y te sientes un poco más cómoda en tu espacio de trabajo, lanzar frases como “hoy tengo reunión” o “mi jefe me escribió” te hacen sentir como toda una mujer de negocios. O bueno, lo más cerca que podemos estar.

Por supuesto, no todo es color de rosa. Durante tu primer trabajo aprendes a equivocarte, especialmente con los condimentos que decides calentar en el microondas de la oficina; a redimirte, disculpándote con una torta del tamaño de tu vergüenza por los olores que acompañaron el almuerzo de tus compañeros; y a trabajar en equipo, soportando el bullying que te harán durante dos semanas seguidas por tu mala mezcla de esencias culinarias.

Además de unos cuantos errores, tu primer trabajo es el que te formará y preparará para tus próximas experiencias en el mundo de la adultez. Así que tienes dos opciones: amarlo o aprender a fingir que lo amas solo porque sabes que te hará una mejor persona.

Los deadlines son tu nueva religión

Al contrario del malentendido común, ir a trabajar de ocho de la mañana a cinco de la tarde todos los días no significa nada si no cumples con tus deadlines. En el colegio y la universidad era fácil hacer malabares con las fechas de entrega, pero ahora que somos parte de la masa laboral, perder un deadline es casi tan horrible como trabajar un domingo a las seis de la tarde.

Si no tiene tu nombre, no es tuyo

Puede que hayamos aprendido esto de mala manera, pero si se te ocurre dejar algo en la nevera de la oficina sin tu nombre en letras rojas, lo más probable es que no lo encuentres cuando regreses la mañana siguiente.

No eres solo lo que está en el contrato

Probablemente entraste a la empresa pensando que tu única responsabilidad es la que establece el contrato, cuando la verdad es que una de las premisas principales del trabajo en equipo es que tienes que estar abierto a la posibilidad de que un día pueden necesitar de ti en otra área o tarea y la tarjeta de “ese no es mi trabajo” no funcionará. Por más de que ayudar a la compañía no tiene una remuneración económica adicional, ganarás puntos y aprenderás mucho más de lo que crees.

Dale espacio a tu jefe

A veces se nos olvida que nuestros jefes son humanos, que tienen sentimientos y a veces se equivocan. Si crees que tu jefe está teniendo un mal día, antes de bombardearlo con preguntas, ofrecerle un café y trata de encontrar una manera de hacer su día menos horrible.

Conoce a tus co-workers

Y no, no nos referimos a saber sus nombres solo porque trabajas con ellos, sino porque la ventaja de trabajar en equipo es que cada uno de ellos tiene un aspecto diferente que aportar y una vez que identificas sus fuertes, es más fácil repartir el trabajo. Además de que siempre es bueno mantener una relación favorable con las personas que ves por más de seis horas todos los días.

Comunícate

La regla número uno para sobrevivir en cualquier trabajo. Habla, reclama, discúlpate, explicate y sé honesta; si no informas qué está ocurriendo nadie puede adivinarlo. Sean buenas noticias o malas noticias, la clave está en tener una buena comunicación con tus compañeros de trabajo y tus jefes.