Por qué los brainstormings en grupo son una pérdida de tiempo - The Amaranta

El lado oscuro de los brainstormings en grupo

Lo hemos estado haciendo mal todo este tiempo
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Tim Gouw

Tim Gouw

No fue hace más de un par de semanas cuando todas las escritoras de The Amaranta tuvimos una reunión de urgencia para practicar la filosofía de “seis cabezas piensan mejor que una”. Al principio, hacer una lista de ideas entre todas no sonaba como una tarea difícil y era completamente razonable, ya que entra en la filosofía laboral de los millennials. Pero imagina seis cerebros femeninos, estimulados por varias tazas de cafeína (y uno que otro té milagroso gracias a Fenchu y su interminable amabilidad), exprimiendo hasta la última idea creativa que teníamos; era inevitable que no termináramos hablando de proyectos que queríamos desarrollar en nuestro plan de 10 años, chocolate y jabones, porque, obviamente, es necesario discutir si la lectora “amarantesca” prefiere lavanda o limón.

En el momento no pensé mucho sobre la reunión porque podía usar como excusa los beneficios que tiene que tus co-workers sean en realidad tus amigas, hasta que terminé en un artículo de Harvard que argumenta que los brainstormings en grupo son una pérdida de tiempo. Las similitudes entre lo que hicimos y todo lo que está mal con la lluvia de ideas en grupo hizo que en realidad me cuestionara su efectividad y tachara todas las próximas reuniones del calendario, porque está demás decir que tenía como nueva misión de vida compartir mis recién adquiridos conocimientos con el team.

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Y como típica niñita que acaba de descubrir que Santa no es real, la semana siguiente llegué al consejo editorial preparada para exponer en breves minutos las razones por las que nunca más debíamos reunirnos para hacer lluvias de ideas. Por supuesto, ya que trabajo en una página de publicaciones digitales, lo más predecible era que aprovechara la oportunidad para escribir sobre la mala concepción de los brainstormings para el trabajo. Y así lo hice. Por eso les presento lo que ocurre y no ocurre mientras intentas que “seis cabezas piensen mejor que una”.

Primero, es mi deber iluminarlos en toda la cuestión de los brainstormings. Esta técnica laboral surgió por Alex Osborn en los 40s’ con el fin de ofrecer el mismo protagonismo a todas las ideas que se generen en un ambiente democrático. Con los modelos convencionales de trabajo, Osborn sabía que las mejores ideas siempre sobresaltarían entre las demás. En la actualidad, nuestra generación la ha priorizado como una nueva forma de colaboración, sin la necesidad de presumir sobre el peso de nuestras propuestas más allá de su utilidad para la empresa. Es decir, no queremos el spotlight sobre nosotros, solo buscamos lo mejor para la compañía.

Es nuestro instinto de pertenencia el que nos hace reservar la sala de conferencias para realizar el esfuerzo en grupo, pero la verdad es que la teoría de más personas = más creatividad, no es más que un mito.

¿El principal problema? Muchas cabezas no se traducen en mejores ideas solo porque están encerradas en el mismo cuarto. Un análisis meta que reunió más de 241 estudios diferentes, para un total de 24 mil participantes, descubrió que la presencia de los demás prácticamente no tiene ningún efecto en nuestro desarrollo creativo (resultado que contradice los ideales de Osborn). No estimula nuestra libertad de pensamiento. Al contrario, según la teoría de la aprehensión, que puntualiza nuestro miedo a ser juzgados, muchas de nuestras ideas nunca se vocalizan por temor a que sean criticadas. Además de que experimentamos el “social loafing”, una tendencia que tiene como efecto secundario la realización de menos esfuerzo del que haríamos si estuviéramos solas. Si nos guiamos por el análisis que realizaron Steven J. Karau y Kipling D. Williams sobre este fenómeno, damos por sentado que el ser humano se siente menos comprometido a hacer algo cuando existe la posibilidad de que alguien más lo haga.

Si a eso le sumamos un ambiente amigable en la oficina, lo más probable es que terminemos desviándonos del propósito principal (conseguir ideas que sí podamos llevar a cabo y no hablar de tipos de jabón o chocolate) y el brainstorming se ve opacado por razonamientos y propuestas que están lejos de cumplirse. En nuestro caso, sí logramos anotar una cantidad decente de ideas que pueden materializarse sin necesidad de vender clandestinamente partes de nuestro cuerpo o ganarnos la lotería. Pero la mayoría de las ideas que se nos ocurrieron en el momento solo podrían convertirse en realidad si conseguimos un presupuesto con la misma magnitud que la economía del país.

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Esto no significa que le dirás un adiós definitivo a la sala de conferencias. En palabras del profesor de psicología de la Universidad de Texas en Austin, Art Markman, “no es que trabajar en conjunto no sea algo bueno, sino que la técnica que Osborn desarrolló es pésima”.

El truco para que tus brainstormings realmente cumplan su propósito es llevar el proceso en dos fases. La primera se fundamenta en el trabajo independiente; dejar que cada miembro piense sus ideas solo y las lleve a la segunda fase, el brainstorm en grupo. No solo obtendrás propuestas de mejor calidad, sino que estructurar la dinámica ofrece un mejor suelo sobre el cual trabajar y permite que todos los integrantes del team estén en sintonía con la logística.

Ah, y asegúrate de abastecer la sala de café antes de comenzar la reunión. Si no lo haces, ni siquiera tiene sentido que lo intentes. En en 2016 no existe la efectividad sin cafeína.