La verdad sobre ser un creativo publicitario

La magia de ser un creativo publicitario

El ambiente en el que se hace la publicidad es sigiloso y lleno de secretos. Nada está 100% unificado y todo el mundo pareciera trabajar basado en una mezcla de intuición, experiencia que consiguió en batallas callejeras con otros publicistas, y algún susurro que escuchó una vez en un pasillo.

Dentro de ese ambiente, a veces ser un creativo publicitario se siente como si estuvieses haciendo cosplay antropomórfico de un horóscopo de revista dominguera. Ni tú mismo te entiendes muy bien y te sientes súper líquido y gaseoso al mismo tiempo, como que sólo tienes una vaga idea etérea de que es lo que estás haciendo.

Es de conocimiento universal que los procesos creativos, de cualquier rama, son bastante flexibles. En el caso de la publicidad se vuelven acróbatas chinas preadolescentes con dobles articulaciones. Por eso cuando eres un creativo publicitario sientes que la mitad de tu trabajo es básicamente un show que montas para que los demás piensen que estás haciendo algo todo el día, mientras en realidad sólo estás sentado esperando a una mosca mágica que normalmente te trae ideas 15 minutos antes de cada reunión.

Yo después de leer el brief del cliente

Si eres la clase de intenso a la que todo eso le parece interesante en vez de incómodo AF, sigue leyendo porque tengo las claves que necesitas saber para cuando te den tu primer trabajo como creativo y tengas que fingir que estás haciendo algo.

No seas un malcriado narcisista

Estás en publicidad, una profesión que tiene mil años formándose. La primera idea que se te ocurrió probablemente ya la pensó David Droga en 1996 y la descartó porque la había hecho Leo Burnett en los 50’s.

Aprender eso es indispensable para justificar pasar la mitad de un día laboral en YouTube y Ads of the World. Se llama: buscar referencias y hacer research.

There is no I in creat… wait.

Estás en una oficina llena de gente muchas veces a la semana, úsala. A lo largo de los años he aprendido que los programadores son la gente más extraña del planeta, y que si acompañas a al menos uno de ellos a fumar, puedes sacar las mejores ideas de tu vida.

Igual los otros creativos, y los diseñadores, y los Communities y hasta el mensajero de la oficina. Tus ideas no deberían ser tesoros que guardas en una bóveda hasta el día que se las presentas al cliente. Discútelas, sácalas a la calle, déjalas crecer.

En otras palabras: Pasar todo el día hablando con gente sobre cualquier tema que se te ocurra, está totalmente justificado como “parte de tu proceso creativo”.

Enmascara tus problemas con la oficina 

Cuando estás sacando un concepto creativo estar sentado en un escritorio frente a un monitor, no es lo más estimulante del mundo. Pero el mundo y las empresas, aunque sean agencias, no están listos para confiar en que podemos seguir trabajando eficientemente en nuestras pijamas.

Eso no significa que no puedas sacar las ideas en la comodidad de tu casa -o un parque o un bar- y utilizar la oficina para los aspectos más automáticos del trabajo, como escribir 500 emails al día y ver referencias.

Internaliza que eres un opinador profesional

Trabajar en publicidad es cero recomendable para esas personas que terminan sus comentarios con “Lo siento, esa es sólo mi opinión”, o “Bueno, es sólo mi opinión”. Toda reunión creativa está llena de gente que tiene opiniones fuertes y puede argumentar y defender lo que quiere.

A diferencia de Twitter donde a nadie le interesa lo que el otro piensa, en una buena agencia todo el mundo quiere escuchar lo que tienes que decir. Así que con pararte y hablar lo que sea que tengas en la cabeza, ya estás trabajando.