Las desventajas de amar a tu jefe.

Tener un jefe puede derivar en dos escenarios, principalmente:

  1. Quieres dejar tu trabajo porque él/ella decide ser el infierno en la tierra. O,
  2. Te quedas en tu trabajo porque tu jefe hace todo más tolerable.

Los jefes a menudo son la razón principal por la que las personas aman u odian su ambiente laboral; así que para compaginar la naturaleza humana de culpar al mundo, es común que salten frases que culpan directamente a los jefes como originarios de todo mal.

Y si se ponen a ver, quejarse es mucho más fácil si puedes echarle toda la culpa a tu jefe. No hay nada más satisfactorio que culpar al universo por ser injusto; así que, cuando ese universo resulta ser demasiado bueno como para ser odiado, los argumentos no pueden ser usados en su contra.

Es así de frustrante como se siente no poder usar la tarjeta de “odio a mi jefe”. Hay millones de recursos en Internet y consejos de pasillo para afrontar la situación cuando tu superior es insoportable, pero cuando tu jefe es lo más cercano a una bendición laboral, te quedas con las manos vacías.

En primer lugar porque el retrato de los jefes malvados no coincide para nada con una persona solidaria, comprensiva, amable, atenta y justa. Sin embargo, una de las mejores partes de ser un adulto es que, en su mayor parte, podemos elegir en qué momento es necesario ser un adulto y en qué momento hay que mantener razonamientos egoístas e incoherentes.

Cuando queremos refugiarnos en excusas como “odio a mi jefe” para englobar nuestro disgusto general por un trabajo; o en el peor de los casos, regañarnos porque no podemos a culpar a nuestros superiores porque son excelentes personas, estamos decidiendo irnos por la vía de los razonamientos egoístas e incoherentes.

Y esa es la razón por la que, al final del día, es hora de dejar a un lado el factor “jefe” de la ecuación. Sí, obviamente importa. Es la persona con la que tienes que compartir todos los días menos el fin de semana, en el mejor de los casos. Pero si tienes que decidir si quedarte o irte de un trabajo, no dejes que tu supervisor tenga el placer de contar con la última palabra.

Si lo odias, no dejes que determine tu destino, y si lo amas, no dejes que determine tu destino. Total, el trabajo puede ser horrible y tu solo te estancas porque una sola persona, de todo el equipo, se ganó el premio como ser humano del año.

Aclaratoria: este artículo definitivamente no es un guiño para mi jefa, aunque es increíble y muy difícil de odiar.