Inventores que cambiaron el mundo pero no obtuvieron nada a cambio

Inventores que cambiaron el mundo pero no obtuvieron nada a cambio

Sacar una patente es la primera instrucción en el manual de cualquier inventor que tenga fe en que sus trabajos lo harán rico.

El conjunto de derechos exclusivos concedidos por un Estado al inventor de un nuevo producto o tecnología, es vital para que, si tu invento resulta útil, te paguen por crearlo. Tan solo el mes pasado Google firmó una patente para los “Google Lens”, una cámara de realidad aumentada que literalmente te da información de todas las fotos que tomas; si vas al museo, te dice las obras, sus autores y fechas, si le tomas una foto al cine, te da la opción de comprar tickets, y si quieres saber los nombres de los edificios que tienes alrededor, solo estás a un click de conocerlos.

Porque evidentemente su equipo de asesoramiento es mucho más avanzado que el que los inventores del siglo pasado tenían y saben lo que ocurre cuando una idea no está patentada. Así que Google compite con la patente que Apple, que aunque puede estar lista para la nueva presentación de la compañía, no cuenta con la habilidad de “comprar tickets para eventos ni nada que se le parezca”.

Así es como ocurre, antes de que la competencia se lleve el crédito, la empresa patenta absolutamente todo lo que tenga que ver con el producto.

En memoria de los creativos que no llegaron lo suficientemente rápido a la repartición de sus bienes y no obtuvieron nada de los mejores inventos del siglo, que ellos mismos idearon, hicimos una lista de los genios que no patentaron sus inventos y por ende, no obtuvieron nada de ellos. Porque la vida es así.

Post-Its

Aunque no es mayor invento del siglo, cuando a Spencer Silver y Art Fry se les ocurrió las “notas adhesivas”, nunca pensaron que su invento estaría entre los cinco artículos de oficina más vendidos en Estados Unidos cada año.

Mientras que Spencer Silver creó el adhesivo y Art Fry el señalador que se quedaba en su lugar (AKA los Post-Its) en 1968, los cuadritos para notas fueron un invento casual que solo idearon para uso personal. Y ahora todos tenemos uno.

Máquinas de karaoke

Por supuesto, fueron un invento japonés. Daisuke Inoue tocaba la batería en una banda que acostumbraba invitar a sus seguidores a tomar el micrófono y tocar con ellos.

Un día no pudo asistir a uno de sus conciertos y dejó una grabación lista para que no se perdiera la dinámica. A la gente le gustó y a él se le ocurrió crear máquinas reproductoras con sus pistas. Para el momento solo hizo 11 máquinas, que alquiló, pero como su gran invento no estaba patentado, apenas hizo algunos yenes y el resto de nosotros disfrutamos cantar los clásicos de Shakira cerca de la medianoche con tres copas encima.

La red de redes mundiales

Prácticamente la razón por la que estás leyendo esto en este momento. Tim Berners-Lee fue el londinense que inventó la World Wide Web porque quería ayudar a los científicos que trabajaban en el laboratorio de investigación en el CERN de Europa.

Gracias a él, las tecnologías sobre las que se fundamenta la Web existen. Ah, y el Internet. Todo lo hizo gratis porque era por el “bien común”.

Blue Jeans

Jacob Davis inventó el primer prototipo de blue jeans porque quería agregarle a los pantalones normales remaches de metal (en cada punto de tensión) para aumentar su durabilidad. Como no tenía dinero para solicitar la patente, persuadió a Levi Strauss para que él la pagara; fue concedida en 1873 y el resto es historia.

Los mouses

Douglas Engelbart sabía que debía haber una forma de operar las computadoras desde afuera, así que creó el mouse en 1968, y lo patentó. Desafortunadamente, la patente se venció en 1987 (cuando el mundo se dio cuenta de que la tecnología era importante) y su invento sí obtuvo la atención que requería. Pero, de nuevo, no obtuvo nada a cambio por todos los mouses que se han vendido en el mundo.

Aunque sus cuentas bancarias no aumentaron con sus inventos, al menos sus currículums son más atractivos; con o sin patentes.