Tal cual un novio acosador

Sin que me tiemble el pulso o en este caso el teclado, puedo afirmar que de todos los inventos tecnológicos que nos han sorprendido desde finales del siglo pasado y comienzos de este, la llegada de Google nos ha hecho la vida mucho más llevadera.

Además de ser psicólogo, doctor y enciclopedia, Google abarca un sinfín de aplicaciones que conectan toda nuestra información y también son herramientas de trabajo sumamente útiles en este mundo laboral tecnológico.

Podemos tener teléfonos marca Google; podemos ver todo lo que está en YouTube gracias a Google; al menos que seas un marginal y uses Hotmail, todos los correos los recibimos gracias a Google y también podemos saber la ubicación de cualquier cosa en el planeta gracias a Google. 

Google Maps y Google Earth se convirtieron en la referencia general a nivel mundial para saber cuántas calles tienes que cruzar, cuantos minutos vas a caminar, o cuantas estaciones de metro tienes que tomar, al momento de salir de tu casa y buscar cualquier dirección en el mundo.

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¿Cualquiera?

Exactamente. Desde la calle más recóndita en el mundo, Google Maps te enseña el camino perfecto para llegar.

Pero por supuesto, como no todo es color de rosa, para que el Señor Google te pueda decir a cuántos pasos está tu heladería de confianza, tienes que darle y autorizarle tu posición en todo momento.

¿Y si no quiero usar Google Maps y desautorizo mi ubicación?

Pues ahí está el dilema; recientemente, salió un comunicado de la empresa donde reconocían que, así los usuarios de esta aplicación no aceptaran los términos de ubicación constante, Google siempre iba a saber en dónde estás parada.

Mediante una investigación realizada por la agencia Associated Press, Google siempre rastrea tu posición, afectando a más de 2 mil millones de personas con teléfonos Android o Apple, según la BBC. 

Pero, sinceramente ¿qué importa que Google sepa en dónde estoy parada?

Bueno, aparte de ser una invasión absurda a la privacidad, es una base de datos para esa empresa de todas las locaciones que puede visitar una persona en un día, además del lugar exacto de dónde queda tu casa, trabajo, etcétera. Así seas una joven de 20 años que pasa su día en la Universidad Católica Andrés Bello y luego duerme toda la tarde en su casa en El Cafetal, pues nuestro querido amigo Google lo sabe, siempre.

Lo riesgoso está en que dicho historial de lo que visita una persona constantemente podría servirle a personas o empresas interesadas, ya sea para vender publicidad o para rastrear constantemente a una persona.

Así que joven de 20 años que estudia Comunicación Social y es community manager de una tienda de trajes de baño: a lo mejor no te importa que Google sepa dónde queda la casa de tu novio un viernes por la noche mientras tú “duermes en casa de Sofía”, pero a tu mamá sí. Así que por tu seguridad y salud mental, métete en las configuraciones de tu teléfono y desactiva el historial en web y en aplicaciones de absolutamente todo.

Además de ser una invasión de privacidad completamente ilegal, Google podría venderle a tu mamá todos tus movimientos de la semana, y eso no es un escenario para nada agradable.