Existe un peor jefe que el gritón insoportable: el cuchi

Existe un peor jefe que el gritón insoportable: el cuchi

El trabajo es como un segundo hogar donde tienes deadlines, café y una familia que te mete presión a cada rato, y en cierta forma es hermoso. Más aún cuando el líder de esa familia es un ser luminoso que emana buena vibra y te demuestra que está ahí para facilitarte el trabajo y la vida. Lo peor ocurre cuando te das cuenta que todo eso es cierto, lo dice y lo aplica.

A diferencia de un jefe insoportable y fácil de odiar, los jefes chéveres y buena vibra aplican una psicología inversa que juega en tu contra. Es una táctica un tanto sucia pero les concedo que es efectiva.

Es imposible odiarlos y cada vez que algo no resulta, se quiebra el espacio laboral o el trabajo cae en el abismo de las fallas circunstanciales, te lo tomas personal y ruegas porque ese jefe te perdone y te limpie con su luz infinita de cuchura. Pero además de esta particular característica de hacerte sentir responsable por tu trabajo (ugh), los jefes cuchis hacen estas cosas:

Te dan libertad de hacer lo que te haga más cómodo

Resultado: ansiedad.

Tanta libertad es peligrosa para nuestra salud mental, porque nos ubica en los extremos: queremos hacer algo que ni Michelle Obama ha logrado o nos portamos como una Paris Hilton mediocre (valga la redundancia).

Ese jefe nos obliga a crear una zona de confort dentro del ambiente laboral que nos termina por consumir de culpa y responsabilidad. Y, ¿quién quiere sentirse cómodo y feliz en una oficina?

Trata de inspirar tu productividad

Resultado: más ansiedad.

Una vez que se ganan tu respeto y tu cariño, los jefes cuchis te suman cada vez más proyectos que tú lograrías cumplir con éxito. Sin embargo, cualquiera podría tomarse esto como un incentivo a crecer profesionalmente, pero en realidad inspirarnos a ser cada vez mejor lo que hace es darnos más trabajo y menos horas frente a Netflix.

Pues es mejor a que el éxito nos caiga del cielo como a Kylie Jenner, ¿no?

Hace que ames tu trabajo

Resultado: muerte individual y renacimiento profesional.

Lo peor, lo verdaderamente sucio de los jefes cuchis es que crean un ambiente cómodo dentro de ese segundo hogar. Llegamos a un punto en el que nos gusta sentir responsabilidad por nuestro propio trabajo y querer compartir dentro de tu círculo de compañeros.

Es malo porque cuando odiamos a un jefe nos gusta utilizarlo como excusa para no hacer nuestro trabajo con dedicación, mientras que los jefes cuchis y panas nos dejan sin excusas. Lo que nos deja solos con nuestra meta y nuestra laptop llena de oportunidades y a veces nos cuesta enfrentarnos a esa carrera.

Conclusión: sé un jefe cuchi, harás sentir mal a tus empleados por odiarte pero ya tenemos suficiente con odiar a nuestro presidente y con amar las cosas fáciles.

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