Las desventajas de que te guste tu trabajo - The Amaranta
Sí, porque también sucede a la inversa

Siempre hablamos -y escuchamos- sobre la importancia de “hacer lo que amas”. Es el cuento típico que nos venden como escenario aspiracional, el antídoto para todo mal y la cura para el cáncer; el principio que traduce cualquier problema laboral en un “vale la pena”, no importa cuantas horas de sueño y litros de café eso signifique.

Razón por la cual, los mortales que están encerrados en un trabajo que no les gusta se torturan con la idea de un mejor mañana.

Pero, ¿qué pasa cuando estás encerrada en un trabajo que sí amas?

Y no puedes escudarte con la excusa de que tu trabajo es una m*erda. Porque en realidad disfrutas lo que haces, tus compañeros de trabajo te caen bien y tu jefe está lejos de parecer una pesadilla andante.

Ante esta disyuntiva, surgen las verdaderas desventajas de “amar lo que haces”: es un mito. Por más de que desarrollarnos en un ambiente deseable trae consigo muchos beneficios, sigue siendo una versión comercial alterada por los sueños frustrados del mundo. Sí, en parte hacer lo que te gusta alimenta la pertenencia a un trabajo y hace que no te despiertes malhumorada la mayoría del tiempo, también trae consigo una lista de complicaciones.

Dices que sí todo el tiempo

Tu jefe puede decir que vayas a China, vuelvas y pintes las paredes de la oficina de color amarillo chillón y te va a parecer un buen plan de fin de semana.

Aunque estar disponible para más responsabilidades de las que establece en el contrato es una premisa aliada a la cultura de trabajo, una vez que respondes “sí” a absolutamente todo lo que tu jefe sugiere brevemente; las cosas no pueden salir bien.

Peor aún, dices que sí por muy poco

Todo es muy bonito si amas lo que haces, pero si en el camino te mueres de hambre, dejas deudas por todos lados y cuenta las monedas de tu cartera, oficialmente puedes declararte un cliché romántico de artista encarecido.

No necesitas el mejor sueldo del mundo, pero al menos evita usar la tarjeta de “en realidad me gusta mi trabajo” para justificar que gastas tres quincenas solo yendo al cine.

It’s a no-boundaries love

Todo amor necesita límites, y ya que tienes una relación romántica con tu trabajo; necesitas límites, también.

Y con esto no nos referimos a “no trabajes los domingos”; puedes hacerlo si eso te hace feliz, pero al menos no pierdas tus espacios personales solo porque disfrutas quedarte hasta altas horas de la noche trabajando.

Pierdes el ritmo laboral

Se llama trabajo porque realmente es un trabajo: tiene responsabilidades, deadlines, horarios y pautas. Amar lo que haces a veces te priva de verlo de esta manera. De nuevo, los límites son importantes para no caer en la relación amorosa tóxica.

Fallar es sinónimo de crisis existencial

Y por último, cualquier error que cometes es un símbolo intermitente de que fallaste, no como profesional, sino como persona. Aunque en cierto modo equivocarte debe hacerte reaccionar, porque hiciste algo mal, no está bien que pasases todo el día castigándote por entregar un trabajo dos horas más tarde de lo estipulado.

Así que, aunque no todas las relaciones son perfectas, es importante que tú amor por tu trabajo no se interponga entre tu amor por tu salud mental. Después de todo, la necesitas para poder sobrevivir en la oficina.