En la vida uno nunca deja de aprender

Te das cuenta de que en realidad no debiste compartir tu cuenta de Netflix con tu ex, que el vino mancha la ropa y que mezclar vodka con ron no termina bien. 

Y es así, como los grandes conocedores del calibre de Edward Thorndike, Pavlov, Watson y Maslow nos recuerdan que el ser humano vive a base de experiencias; y si hay un lugar que te expone constantemente a estímulos, experiencias y regaños de un jefe malhumorado, es tu ambiente de trabajo. 

Esas cuatro paredes físicas o digitales, te muestran un mundo completamente diferente al que podrías encontrarte si te refugiaras en películas, sábanas y helado.

Aunque el segundo escenario suena mucho más tentador, el mundo real exige más de nosotros. 

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Cosas que tienes que recordar cuando te estás acostumbrando a un trabajo

Sin embargo, dentro de esas lecciones de vida que trae consigo la iniciación en el mundo laboral, existen breves aprendizajes que están prensentes en las almas más trabajadoras y las recién llegadas. 

En virtud de nuestro currículum a mitad de camino, te recordamos todo lo que seguirás aprendiendo ahora que perteneces a la masa laboral. 

En realidad tu compañero de trabajo, por más pana que sea, es de trabajo

Oh, la dulce ilusión de un nuevo círculo de conocidos. Todos pasamos por la efímera amistad en el trabajo, hasta que nos golpea la realidad de que, ya sea porque es tu jefe, tu supervisor o una compañera, sus lazos y responsabilidades están unidas a la oficina. 

Eso no significa que debes llegar a tu área de trabajo con los audífonos y aislarte en la sala de copias, pero sí que debes dejar de mentirte a ti misma con el cuento de que esa amistad no está influenciada por las cuatro paredes de la oficina. 

Los contratos importan 

No solo en las películas, de hecho. Establecer funciones, responsabilidades, códigos y conductas es tan necesario e imprescindible que las consecuencias de no hacerlo pueden reducir tu estadía en la empresa. 

Por favor, métete en el papel de niña trabajadora y pide un contrato o hazlo tú. 

Tu jefe dice amén, pero a veces eres atea

En el trabajo todo lo que sale por la boca del jefe, debe hacerse sin cuestionarse a la brevedad posible, cuando en realidad, y por experiencia, el jefe también comete errores y se equivoca, y si lo seguimos como borreguitos, nos perdemos la oportunidad de aportar una mejor idea, de ganar puntos con el jefe mayor y hasta con un cliente. 

Un equipo puede cuestionarse entre sí, si todos trabajan por un bien común. Claro, tampoco abuses e ignores todas las órdenes del que paga las cuentas porque no es una carta fácil de sacar. 

De hecho, un líder no es necesariamente un jefe 

Al contrario del constructo social (y de todo lo que nos han enseñado), hay pequeños líderes que asumen las responsabilidades de los jefes o supervisores desentendidos. Porque las películas a veces nos mienten e ignoran a los jefes que en realidad no saben nada de lo que sucede en la oficina. 

No siempre estás enamorada de tu trabajo 

La leyenda urbana dice que si amas lo qué haces, no trabajarás ni un día de tu vida. La verdad es que trabajar un domingo a las 9:00 p.m. porque tienes seis presentaciones esta semana, dos informes y cinco ensayos a veces te hace cuestionarte tu amor al arte. 

Que no siempre tengas una sonrisa de oreja a oreja no significa que odies tu vida laboral, en el mundo real, el color de rosa no está de moda y los libros de autoayuda no son la Biblia. 

A veces disfrutas de tu trabajo, y las otras veces sabes que en algún momento disfrutarás de él más. 

El trabajo en equipo, los jefes y clientes exigentes y las amistades laborales dejan muchas enseñanzas en el camino. 

Si eres pasante, estas dejan al menos el triple de experiencias y un buen catálogo de cafés en tu repertorio de habilidades.