Consideraciones criollas que deberías tomar en cuenta antes de dejar algo a última hora

Consideraciones criollas que deberías tomar en cuenta antes de dejar algo a última hora

Todos siempre dejamos algo a última hora. Es como un requerimiento que nos hace humanos, en lugar de pedirnos que identifiquemos unas letricas y números para confirmar que no somos robots, Google debería preguntarnos con qué frecuencia dejamos todo al último momento y ahí está su captcha.

Debo admitir que este hábito se ha vuelto en una especie de religión en mi vida tanto académica o laboral. Y no sé por qué. Tal vez porque siento que trabajo mejor bajo presión o porque no encuentro la motivación para hacer cosas que sé que no me servirán para nada después de una semana, o incluso existe la posibilidad que todo esto sea mentira y me diga todo esto para poder dormir en paz.

Lo cierto es que nadie necesita una cantidad innecesaria de estrés en su vida, mucho menos a los veintitantos cuando las crisis existenciales consumen casi todo tu calendario y estés a una lágrima de café de perder la cordura. Vamos a hacerle caso al profesor que te dice que tienes un mes para hacer una asignación que no te quita ni dos horas de tu tiempo, y también a ese jefe que te pone deadlines preguntándote mil veces si estás seguro de que cumplirás; pero por favor callemos a ese venezolano vivo y, seamos honestos, retrasado que nos dice que te saldrá genial si lo haces 20 minutos antes de la entrega.

Porque siempre, o casi siempre, está meando fuera del perol. Y sin falta alguna te pasará una de estas cosas.

El Wi Fi huele el miedo

No es por apuntar dedos a ninguna compañía, pero en Venezuela el internet es de la velocidad de un gusano muerto y de la confianza de un ex que te montó cacho tres veces. Así que cuando tengas que enviar algo por correo y no tengas una paloma mensajera disponible para tu jefe o profesor, es probable que el Wi Fi se convierta en tu karma personal.

Algo que sin duda no te haría llorar del estrés si lo envías uno o dos días antes.

Karma (Wi Fi venezolano) it’s a bitch.

La calle casi siempre es un caos

Así que la excusa de “llegué tarde por culpa del metro” ya no tiene gracia por el simple hecho de que la fama de los constantes fallos en los medios de transporte ya llevan décadas, y que no estás preparado para eso muestra aún más incompetencia.

A menos que el profesor siempre llegue tarde y esa sea su excusa, así puedes ser su propio karma.

El clima tiene trastornos de personalidad

En Caracas puede amanecer soleado y terminar el día con truenos, vientos que derrumban edificios, granizo y cuidado si algún día se asoma nieve por ahí. El hecho es que siempre debes tener un suéter, un paraguas y un poder telepático para saber si es un buen día para usar sandalias o zapatos deportivos.

El desastre está a la vuelta de la esquina, en especial porque con una gotica todas las consideraciones anteriores empeoran. Mágicamente el internet deja de funcionar, los medios de transporte pierden el sentido de la orientación y tú te volverás loco.

Hay colas en todas partes y sin falta

Así que si piensas comprar un regalo a última hora, o llegar tarde a un evento de viernes por la noche, debes tomar en cuenta esa media hora que la gente siempre deberá invertir en alguna cola innecesaria.

Además, ¿a quién engañamos? Ya estamos demasiado acostumbrados a hacer colas por cualquier motivo.

Y cuando menos lo esperes, puf, chao luz

Por último está el factor menos predecible del país: en el instante exacto en el que te pongas a hacer ese trabajo que solo tienes una hora (capaz menos depende de qué tan horrible eres) para entregarlo, se te va a ir la luz por Dios sabe cuánto. Se puede ir por una hora, dos horas, toda la noche, nadie sabe.

Hacer las cosas a última hora es entregarle a voluntad tu confianza a un sistema que funciona a duras penas. Te puedes ahorrar el suplicio con un poco de planificación porque, repito, nadie necesita estrés innecesario en su vida.

Ya ese espacio está reservado para tu mamá que está infinitamente decepcionada de ti porque no recogiste la cocina.

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