¿Cómo saber cuándo arriesgarse con un trabajo que nunca has hecho? - The Amaranta
Además de necesitar billete

Al empezar un año, la palabra clave tiene que ser “riesgo”. Riesgo a hablarle a alguien que te intimida, riesgo a comer esa cosa extraña que a todo el mundo le gusta, riesgo a terminar esa relación que no te cuadra o incluso a buscar una que sí y, por supuesto, riesgo a hacer un trabajo del que no tienes la más mínima experiencia.

Pero lo quieres hacer igual. Quieres hacer todo esto y superar miedos estúpidos de niño inseguro porque quedarse sentado en un mismo cubículo, sirviendo café y jalando bolas a tu jefe es de perdedores.

El objetivo es llevarte a los extremos, asomarte por un acantilado para que conozcas tus fortalezas y cuándo corres el riesgo de caerte como un pendejo. Pero, ¿cómo logras eso? Fácil, quitas tu labor social nulo de tu currículum, agregas una pizca de optimismo y te bajas de ese pedestal donde crees que tu primer trabajo será uno con cincuenta empleados a tu cargo, con penthouse y Ferrari incluidos.

Not happening.

Porque para llegar a eso, tienes que hacer cientos de trabajos distintos, saber tomar decisiones de vida o muerte y vivir a cuenta de café como si corriera por tus venas durante más de la mitad de tus veinte. Y sí, también estoy hablando de aceptar trabajos que crees no necesitar o incluso hasta necesitas para llegar a otra parte.

Es parte de tu destino laboral y además te dará carácter. Y en el 2018, a todos nos hace falta un poco de eso (te lo dice la chama que tuvo que esperar a que la botaran para renunciar a un trabajo horrible).

Una vez que superé esa experiencia, acepté un trabajo de redactora creativa en el que me pedían escribir más de 10 artículos semanales (ni de broma pensé que podría hacer algo tan inhumanamente posible), ahora ya puedo hacer hasta cinco artículos diarios.

Luego de eso, acepté un trabajo de esos que llaman copywriter, en una agencia de publicidad. Ahora me siento parte del elenco de Mad Men y tengo toda una carpeta con decenas campañas en las que mis palabras han servido de algo.

Nadie sabe hasta dónde puedes llegar. Bueno, capaz tú sí, si tomas el riesgo de pararte de una silla de oficina incómoda y buscas una que te haga sentir más a gusto, más tú y dónde sepas que no te aburrirás en un buen rato.

Saltar de esa silla es el mejor riesgo que podrías tomar. En especial si sabes que ganas más de lo que pierdes.