Está aceptar que te equivocaste y está “sobreaceptarlo”

Las demás escritoras seguro relacionan mi previa experiencia laboral con un campo de guerra iraquí del que todavía muestro signos de trauma. Eso debe ser porque siempre salgo con un idea súper dolida sobre cómo lidiar mentalmente con tal o cual cosa, y así no quedar como Bradley Cooper en American Sniper o como yo.

Porque cuando te sacan la chicha en un trabajo anterior que “en principio” te gustaba, haciendo una metamorfosis al “todero”, sacrificando hasta tu vida amorosa y recibiendo correos “urgentes” los domingos en la mañana para que el lunes te digan “no estoy contento con tu desempeño”; es para iniciar una guerra nuclear.

Eventualmente desarrollas un PTSD por el trauma que te dejó tu trabajo o jefe previo, tanto que sus fantasmas se aparecen constantemente en tu trabajo actual. Te hacen creer que tu trabajo no es suficiente, que tu jefe actual te odia cada vez que te equivocas o que el simple hecho de tomar café con tranquilidad es un privilegio que te tienes que ganar entre tus compañeros.

La realidad es la siguiente:

TODO EL MUNDO LA C*GA

Desde el community manager que escribe mal los nombres de todo el mundo, hasta la familia a la que se le ocurrió pedirte direcciones. Pero en el mundo laboral, los fuck ups deben ser reducidos al mínimo y no con la frecuencia de mi gobierno favorito al que quiero mucho (no al odio, por si acaso).

Aunque no por eso, dejarán de existir.

En una empresa decente, existe un promedio de fuck ups o un margen de error que los jefes, sean bros/sisters (?) o señores con experiencia, conocen de acuerdo a la población que representan sus empleados dentro del ente laboral.

Entonces, equivocarse es lo natural. No te van a botar si lo haces un par de veces. Pero si lo haces demasiadas veces en un corto período de tiempo, sentirte mal o culpable puede ser un sentimiento útil y muchas veces efectivo para que tu jefe recuerde por qué te contrató porque eso es algo que olvidamos con demasiada facilidad.

Pero frecuentar el “todo el mundo la c*ga” como Pedro por su casa puede ser un arma de doble filo en una película de Quentin Tarantino.

Así que cuando cometas un fuck up en el trabajo, la mejor forma de lidiar con eso consiste en salir de ti mismo, ver cómo afecta a otras personas o incluso a la empresa y tratar de arreglarlo lo más fácil posible. Si eso implica “chalequeo”, es tu responsabilidad, sopórtala.

El mundo no se va a acabar, al menos mientras Trump no haga una pataleta para lograrlo.

Y si en eso también te equivocas, tranquilo, Cindy sabe cómo pedirle ayuda a tu jefe sin parecer helpless.

Pues poco a poco, te vas ajustando a el mundo fuera del campo de batalla, donde no todo el mundo quiere matarte y del que sobrevivirás si prestas más atención y dejas de ver memes en el trabajo.