¿Maquillar es un arte?

Existe una pregunta inminente en todas las entrevistas a personas que empezaron un proyecto, trabajo, o llevan cierto estilo de vida. Esa pregunta es: "¿Y cómo empezaste?". Por alguna razón, me da muchísima curiosidad aquel no-se-qué responsable de que estas personas se inscriban en una actividad y la mantengan fielmente. 

Personalmente, soy una de esas personas curiosas que siempre hacen la pregunta, así sea a extraños en la cola del mercado. A bloggers, a veganos, a personas gluten-free, a estudiantes de medicina, etc.  

Así que esta es la génesis de esta serie, en la que descubro cuál fue el inicio de las personas que pasan su vida montando fotos en Instagram de su estilo de vida mientras me pregunto, ¿pero cómo empezó todo?

Es importante destacar que cada historia es distinta, y esta serie se rige de historias personales, aunadas a los pasos estandarizados que todas las personas tienen que seguir en su área. Un How-To en formato de cuento, if you will.

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En esta primera ocasión, empezaré con mí misma, que desde los 19 años me dedico como side hustle al maquillaje freelance y cursos de maquillaje. 

Amor por el maquillaje y un problema de acaparamiento

La historia de cómo empecé comenzó con un amor genuino al maquillaje, robándomelo de la gaveta de mi mamá y luego creciendo una colección propia. A diferencia de mucha gente, me interesé por saber exactamente cómo se usaba todo, por qué y para qué. De ahí, fui acumulando conocimiento por medio de YouTube. 

Enseñanzas por YouTube 

Mi maestra favorita es y siempre será Mary Greenwell. Hasta el sol de hoy no he hecho ningún curso de maquillaje profesional porque no hay nadie que enseñe como Mary.  

"You can do this. It's really easy. Just be confident, be happy and go for it". - Mary Greenwell

‘Practice makes perfect’ 

El empujón que necesité fueron las gaitas de mi colegio. Maquillar a por lo menos diez niñas por fin de semana me dio a entender cómo los ojos, las bocas y las caras pueden ser distintas. Cómo hay que alterar un maquillaje completo por la forma de una nariz, etc. Así que además de practicar en mí, practiqué en gente externa.  

Comienza con personas que sean cercanas 

Comencé casi sin cobrar nada, cuando la mamá de mi vecina me dijo que no podía seguir maquillando a su hija gratis. Así que me empezaron a contratar amigas y personas cercanas que me dieron feedback y le dijeron a sus amigas que regaran la voz. 

Abrir una cuenta de Instagram 

Lo que no está en Instagram no existe en el siglo XXI. Así que abrí una cuenta poniendo las fotos de las niñas que maquillaba, nada muy elaborado ni artístico. 

¡Error! La gente consume por los ojos primero en esta generación, así que pronto me tuve que ajustar a esa necesidad para poder crecer. 

Aventurarse a hacer cosas que te gusten 

Encontrar lo que a uno le gusta es imperativo para crecer. Nadie se cree el trabajo que no es genuino, que no viene del corazón. Al fin y al cabo, el maquillaje es otra expresión artística. De un día para otro me puse a hacer locuras, a jugar con pinturas, con escarcha, con confeti de fiesta. De todo les tiré a esas modelos en la cara (unas más afortunadas que otras), esto me permitió encontrar qué era lo que me movía la fibra.   

Mantenerse al tanto con las tendencias 

El maquillaje es un mundo en constante evolución. Nuevas tendencias, productos y técnicas poblan las vitrinas y los videos de YouTube. Mantenerse al tanto de todo y manejar todas las técnicas es primordial. Es como ser peluquera y no saber hacer unas californianas, en su debido momento.   

Partes administrativas, blah blah... 

Esta es la parte aburrida de manejar el dinero, establecer presupuestos y metas que alcanzar. Pero bueno, es necesario si quieres que sea un negocio sostenible.  

¡Y eso es todo! Mucha gente me dice que le da miedo el maquillaje, pero realmente es como tener colores y tener miedo a pintar.  

Mi consejo: ¡Hazlo! Si se ve feo solo te lo quitas con un toallita húmeda y ya pasó.