Descubrí que no podía, en realidad

Si hay que señalar con el dedo a las personas que decidieron que el mundo se dividía en blanco y negro; nuestro índice se guiaría como una brújula directamente hacia los “expertos” de la estructura y funcionamiento de la sociedad humana: los sociólogos.

Según su teoría con respecto a cómo se relacionan los humanos con el tiempo, han definido que solo existen dos tipos de personas: los que se rigen por la “hora del reloj”, y aquellos que viven según el "tiempo del evento". No hay nada de por medio.

La gente que se guía por el reloj, como su nombre lo sugiere, básicamente rigen sus vidas de acuerdo con un cronograma organizado, asignado bajo bloques de tiempo. Es decir, establecen metas dependientes del tiempo; con fechas y horas.

En contraste, las personas que se guían por los eventos, permiten que estos dicten el ritmo de sus días. No sienten la necesidad de detallar las horas, porque la puntualidad es relativa en su mundo, mientras toman en cuenta los bloques de eventos, no de tiempo.

Ergo, los que deciden que las reuniones tienen que “durar lo que tengan que durar” y los que “van después del almuerzo” a la oficina. Prácticamente porque para los que se programan según la línea de eventos, los proyectos se completan cuando se sienten “listos”.

Lo que vendría siendo la peor pesadilla de sus contrapartes, ya que la devoción por los horarios va más allá del “hasta que sienta que está listo”.

Y ya que, por naturaleza, los humanos tenemos la extraña de necesidad de sentirnos identificados con absolutamente todo lo que puede ser meramente identificable; quise encontrarme en alguna de las dos categorías. Por lo que, por una semana y media, identifiqué patrones, comportamientos y distribuciones de tiempo solo para concluir en en realidad nada puede ser blanco y negro. Hay matices.

Empezando porque, por más de que intenté reflejarme en alguno de los dos modus operandi, nada es tan exacto como los sociólogos lo pintan. Así que, en el mal intento de definirme, llegué a las siguientes conclusiones:

Puedes ser las dos

Aunque existen personas atípicas, la mayoría de nosotros en realidad podemos operar bajo los dos patrones, al menos temporalmente. Además de que es natural operar en ambos modos, según los marcos mentales y dependiendo del contexto.

Todo según el contexto

Es importante resaltar que los individuos y las culturas juegan un papel importante en la división. En el aprendizaje se encuentran los modelos temporales que se operan con mayor frecuencia, los que se alineen con sus niveles de productividad. Es decir, si estás de vacaciones, puedes sentirte más cómoda en un itinerario flexible, con una lista de quehaceres pero sin deadlines precisos.

Mientras que lo estricto es fácil de concebir cuando una agenda está entre los factores.

Mucho del trabajo en realidad se hace en “clock time”

En caso de que no sea obvio, la hora del reloj es el modo dominante en la cultura estadounidense y europea, y en otras naciones industrializadas, como Japón. Es prácticamente el sistema predeterminado para la cultura empresarial global; y con el tiempo esto se ha extendido a las generaciones, que al final del día adquieren la capacidad de moverse sin interrupciones entre el tempo del tiempo del evento de la vida familiar y las expectativas en el trabajo.

Trabajar con un reloj al lado es estresante

No lo intenten; la vida se hace más triste si intentas cronometrar cualquiera de tus pasos. Sí, puede que la excusa de la organización sea válida, pero los niveles de estrés también son válidos si quieres mantener una agenda sagradamente. Y ya que mi descubrimiento fue tan marcado, busqué sobre las consecuencias de ser dependiente del reloj y está comprobado que hay. Sobre todo porque la mayoría de los amantes del tiempo sienten que tienen muy poco control sobre sus alrededores, y la ansiedad y frustración por intentar contrarrestarlo con un horario fijo, es demasiada para asumir.

Así que, puede que el experimento haya fallado y no pueda definirme entre un equipo y otro. Pero al menos las conclusiones de mi autodescubrimiento fueron lo suficientemente puntuales como para dejar de buscarme en las divisiones sociológicas que quieren venderme que el mundo se divide en dos.

Nos vemos en un próximo intento de encontrarme en los comportamientos humanos radicales.