La comunicación es importante; no lo arruines con tu jefe

Hablar con tu jefe es un arte. Hay tantas formas de comunicarse como personalidades diferentes en el mundo de los jefes. No es precisamente un idioma universal.

¿Los emojis están permitidos? ¿Email o llamada? ¿Mensajes en horario de oficina o sacrificios un sábado temprano? ¿Tocar la puerta de su oficina o huir por la salida de emergencia?

El mito de ¿qué tan políticamente correcto es tomarse una birra con tu jefe? se está desdibujando. Pero no todo es un misterio. Hay caminos recorridos que funcionan bien para la mayoría de la fuerza laboral; entre esos está cómo discutir un problema con tu jefe.

Y es que objetivamente, tienes dos problemas cuando quieres hacerlo: primero, el problema laboral que está arruinando tu día, per se, y segundo, que no tienes ni idea de cómo solucionarlo.

Ante esta disyuntiva, tu camino a recorrer comienza planteándole el problema a tu supervisor; pero he aquí el problema mayor, no quieres parecer una idiota incapaz de manejar cualquier pequeño obstáculo que se atraviese. Por lo que, recurres al maravilloso mundo del Internet, pero todos los sitios repiten lo mismo.

“Llega con una posible solución para que tu jefe apruebe”

La estrategia es buena, si tienes al menos la más mínima idea de cómo proceder con el asunto que, a tus ojos, está apunto de acabar con tu carrera (porque la exageración es un estilo de vida). Pero, ¿qué pasa cuando ese no esa no es una opción?

En este caso, la pregunta sería: ¿cómo puedes llevarle el problema a tu jefe sin parecer inútil?

Primero lo primero: el método

Antes de correr por la oficina gritando, tienes que determinar cómo acercarte a tu jefe. ¿Email, Slack, en persona? Por supuesto, la opción de medios digitales es la más atractiva; especialmente cuando no quieres ver la cara de decepción de tu jefe cuando confieses tu ausencia de soluciones.

Claro, esto solo funciona si no se trata de un asunto urgente, o de hecho, algo lo suficientemente grave como para soportar la pena de llegar con las manos vacías.

Un punto a favor de la comunicación digital es que le puedes proporcionar mucha más información y detalles a tu jefe, pero por otro lado, los brainstormings de soluciones no funcionan tan bien con una red de por medio.

Reúne tus hechos

Si no puedes ofrecer una solución, al menos ten las respuestas a todas las preguntas que tu jefe probablemente va a hacer cuando le pidas que meta las manos en el fuego por ti.

Antes de entrar a la oficina prepara una exposición mental que explique qué circunstancias te llevaron a este punto, ¿cometiste algún error que agravó el problema? ¿hay alguien más involucrado? ¿qué tiene que saber tu jefe para entender el contexto?

Explica el posible error y sus consecuencias

En extensión al punto anterior, la información es sagrada. Es necesario medir las consecuencias y repeticiones del error porque: primero, tu jefe estará aliviado de que aún no todo está perdido y aún tienen tiempo para disminuir los riesgos.

Ahora, una vez que los tres pasos estén listos, lo único que queda es resistir la urgencia de disculparse cada cinco minutos, porque al final del día, no se supone que debas saber todo.

Además, toma nota de todo lo que tu jefe quiera aportar a la situación, no es tu guía principal por nada; toca su puerta, respira y prepara el llanto caótico por si acaso.

Olvídalo, en realidad el llanto nunca va a ayudar.