Amor vs. trabajo: todo muy bonito hasta que te toca

Cuando te sientes una niña grande, con responsabilidades, una vida social estable (o al menos existente) y una vida laboral activa, es muy fácil tomar posturas ante la vida que te hacen creer que te la estás comiendo.

Es decir, todas somos mujeres fuertes, independientes, poderosas y seguras de nosotras mismas hasta que la situación se nos presenta. Ese caso hipotético que estábamos seguras que podríamos afrontar y que muchas veces nos llevó a juzgar a nuestras amigas, nos da una cachetada porque en nuestras ínfulas de superioridad y control, creímos que estábamos claras. 

Y por supuesto, las cosas no son cómo nos las imaginábamos.

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La verdad es que, así como admití que no podía existir un balance entre la vida y el trabajo, porque para mi espíritu workaholic era demasiado pedir y el trabajo es la religión que rige nuestras vidas, las personas cometen errores.

Normalmente esos errores no terminan en artículos que contradicen sus situaciones de vida, pero ¿qué se puede hacer?

Puede que cuando haya declarado que deberíamos dejar de buscar un balance porque el trabajo en realidad podría invadir espacios sin herir nuestra salud y estado mental; pero cuando pretendes crear fronteras entre tu vida amorosa y el complejo de girl boss, no puedes tirar la toalla.

Así que en fe de errata, retiro lo dicho. Permítanme excusar mi ingenuidad admitiendo que cuando consideré la convivencia del trabajo y la vida personal, pude haber ignorado que el “amor” es parte de esa dupla.

Por lo tanto, antes de recaer en experiencias insufribles que les hacen cuestionar sus superpoderes intrínsecos de una mujer de siglo XXI, exponemos las cuatro reglas de oro para sobrellevar tus responsabilidades laborales y tu compromiso amoroso sin morir en el intento:

Que estés disponible no significa que debas estarlo

No te lleves la laptop a todos lados o atiendas llamadas mientras salen a comer. Sí, estás libre; pero que estés físicamente disponible para trabajar, no significa que tengas que hacerlo.

Si dejaste todo en regla, revisar Slack cada cinco minutos mientras están en el cine está vetado.

Así como le dices que no a tu novio/a, dile que no a tu jefa

Bueno, quizás no tengas que recurrir a una tajante negativa; pero si es algo de último minuto o que no te corresponde, puedes exponer tu situación y condiciones para no tener que salirte del cine para compartirle el documento que le enviaste hace dos semanas por tercera vez.

Sé honesta contigo misma

Yo sé que amas a tu pareja, como también sé que disfrutas de tu trabajo; pero la única manera de no causar daños colaterales es siendo transparente.

Si tienes mucho trabajo, no te comprometas a acompañarlo al odontólogo para su limpieza mensual, trabaja hasta que se te quemen las pestañas y después salgan a cenar para comerte tu estrés con postres.

Prueba y desecha

Hay relaciones que pueden hacer absolutamente todo juntos, así que añorar eso es válido, solo si no lo has intentado antes.

Ya cuando intentaste trabajar en casa de tu novio/a unas cinco veces y las cinco veces terminaste pidiéndole perdón a tu jefa a las 9:00 PM: amiga, es hora de afrontarlo.

Es mejor que ordenes tu vida por la mañana, limpies tu lista de cosas por hacer, termines tus responsabilidades y después te vayas a vivir tu cuento de hadas. De lo contrario, perderás tiempo y no lograrás hacer nada: ni estar con él/ella, ni salir del trabajo.

Además, así le ahorras unas cuantas canas a tu jefa.

La conciliación entre la vida amorosa y la laboral es posible; solo tienes que equivocarte unas cuantas veces para creer en ella y en tus capacidades de niña grande con el criterio suficiente para saber cuándo salir a rumbear y cuándo quedarte en casa odiando tu trabajo.

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