Porque en verdad, tiene sentido que funcione.

El mes pasado en la provincia de Banda Aceh en Indonesia, dos hombres fueron azotados en una plaza pública con el propósito de “sacarle a golpes la homosexualidad”.

En un video, Playground relata la atroz noticia en plena celebración del Mes del Orgullo LGBT.

“Es un castigo positivo y espero que sirva de lección para que nadie rompa las reglas otra vez”. Dijo una persona entre los centenares de espectadores que fueron testigos de los 83 azotazos que sufrieron Muhammad Taufik y Muhammad Habibi en la plaza principal de la provincia.

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Taufik y Habibi fueron encontrados por unos oficiales mientras estaban teniendo relaciones sexuales y por esta razón fueron los primeros en recibir dicho castigo público.

“Esperamos que castigarlos frente a la sociedad hará que la gente sienta lo mismo que ellos y evite cometer crímenes similares”. Anunció en cámara uno de los oficiales que supervisaba el popular evento público.

Entre la multitud se distinguen rostros sonrientes y algunos afectados ante la brutalidad de la fustigación. Sin embargo, si estos quisieran intervenir, probablemente sufrireran las mismas consecuencias teniendo en cuenta que Aceh es la parte del país más conservadora, donde se han implementado en la última década una serie de severas leyes para asegurar la práctica “correcta” del islam.

“Como ciudadano me siento muy avergonzado de sus conductas”.

Resaltó un transeúnte que asistió a la sentencia.

Ahora, si reflexionamos un poco sobre esta manera de proceder de la provincia de Aceh. No resulta tan loco intentar golpear a una persona para que deje de cometer tales conductas impuras.

Podemos fustigar en público a los comunistas, a los nazis, a los blancos, a los negros, a los pelirrojos (todos sabemos que ellos son los directos hijos del diablo), a los bajitos por no tener la estatura correcta, a los altos por desafiar las leyes de la naturaleza, a las personas con síndrome de down, a las mujeres islámicas por esconder su rostro bajo una burka, a los liberales, a los cocineros por venerar a la comida, a los pilotos por poner al hombre en el aire, a todas las mujeres en general por tener una vagina, y en especial a los niños.

Los niños son viles detrás de su inocencia, capaz 83 golpes en una plaza los haga cambiar de forma de ser, se conviertan en adultos en un mes y así al resto de la población no le va a provocar procrear.

A fin de cuentas todo se corrige a golpes. ¿No?