Como si no nos dejaran olvidar las estupideces de nuestra pubertad.

Foto: Vice.

De algo en lo que podemos estar claros es que los 2000 fueron algo confusos. Pensábamos que los pantalones de campana se veían bien, que Amanda Bynes no sería una drogadicta y además estábamos convencidos de que la gelatina con escarcha en el cabello era buena idea.

Para ser honestas, nosotras vemos esa época como la década del olvido, “una dimensión paralela perdida en el subconsciente colectivo”, según Ainoa. Sin embargo, en el 2017 existe alguien que todavía no se ha querido quitar las francesitas de las uñas y considera que tenemos mucho que recordar de esta década.

Desde el pasado 29 de julio hasta el 11 de agosto, el blog Pop Culture Died in 2009 presenta una exhibición en el museo THNK 1994 en Brooklyn, Nueva York. En ella expone las tendencias más representativas/extrañas/apparently iconic de la década de los 2000. Donde las protagonistas de escenas más preocupantes fueron Lindsay Lohan, Paris Hilton, Nicole Richie, las gemelas Olsen y los conjuntos con mono y chaqueta.

Cada una con su auge y caída en menos de diez años, considerando el hecho de que no sé nada de la mayoría de ellas hoy en día.

Tomando como inspiración los titulares de las publicaciones más chismosas de la industria, esta exposición muestra su adoración a la idea de pop culture que se tenía en los 2000, donde se preocupaban más por los brillantes de sus teléfonos y sus franelas ajustadas que por los derechos de los veganos o de los transgénero.

Sin duda, fue una época donde todavía estábamos acostumbrados a ver los excesos de la fama como algo cool. La única década donde quisimos ser una drogadicta rubia solo porque tenía un show de cómo encontrar a tu mejor amiga en MTV.

Pero menos mal que hay iniciativas como esta que no nos dejan olvidar esos lamentos.

Y de alguna forma tiene sentido, pues sería como ver nuestras fotos del colegio y recordar las ilusiones que teníamos de nosotros mismos, lo que resultó de ellas y los errores más catastróficos que pudo haber sufrido nuestro clóset.

Todo para avergonzarnos y no hacernos caer en el mismo hueco negro otra vez.