¿Qué opinamos al respecto?

Fotografía: REUTERS/Andrew Kelly

Entonces, Trump. Sí, es necesario hablar de él una vez más. Siento que el mundo lleva siglos enfocándose en él y sólo en él. Desde que anunció su candidatura, las personas no han hecho más que criticarlo, reírse, aplaudirlo, horrorizarse y desesperarse. Ha sido una montaña rusa de emociones mixtas que han permeado a todas las personas sin importar de qué país sean o dónde vivan. 

Yo soy mujer y soy venezolana. Pero no les quiero hablar de lo que se siente ser una “latina ofendida por las palabras y acciones de un presidente extranjero”, sino de lo que realmente se siente ser ciudadana de un país en donde un presidente es permitido hacer y decir lo que le da la gana. Ese es un escenario que no le deseo a nadie.

Cuando digo permitir, lo expreso adrede. Primero, Donald Trump fue elegido por su país. Votaron por el hombre conocido por decir barbaridad tras barbaridad a lo largo de su carrera; sin importar la cantidad de veces que fue descubierto mintiendo, contradiciéndose o refiriéndose a otras personas, razas y religiones de manera despectiva, muchos de los estadounidenses lo aceptaron tal cual como es. Segundo, y aquí es dónde me afincaré por la mayor parte de este artículo, es que para mí fue inconcebible por mucho tiempo aceptar que las elecciones de los Estados Unidos podrían terminar de esta manera. No porque estaba extremadamente entusiasmada por la idea de que ganara Hillary la presidencia, sino porque vi como todo lo que había creído sobre un país a lo largo de mi vida era mentira.

Estamos acostumbrados a pensar, que como vivimos en un país “en vías de desarrollo” (término que desapruebo firmemente porque pienso que existen países que ni en sueños de desarrollo están), estamos atrasados a niveles económicos, tecnológicos y más que nada, sociales. Pensamos que como vivimos en una sociedad machista y religiosa, la homosexualidad es menos aceptada aquí que allá; que el clasismo es característico de una sociedad latinoamericana; y que nuestros presidentes están más justificados cuando hacen estupideces porque venimos de un país como Venezuela, Cuba, Chile, Perú o Colombia. Olvidamos que inconscientemente ponemos a otros países en un pedestal, y por eso quizás fue tan difícil aceptar que los Estados Unidos podría elegir a un presidente como Trump. Por esto quizás el furor del mundo hacia los resultados del miércoles en la madrugada, en especial para los latinoamericanos.

Los venezolanos fuimos los primeros en relacionar el populismo y la actitud de Trump con nuestro pasado presidente. Más de un comentario del ganador nos recordó a Hugo Chávez en sus discursos. Así como el ex-presidente de Venezuela ridiculizó a sus “enemigos”, Trump lo hizo también cada vez que insultó a Clinton, a los mexicanos, a los musulmanes y demás personas a “la ligera” durante su campaña. Fui de hecho corriendo apenas me levanté el miércoles a buscar si Rory Carrol, el autor del “Comandante. La Venezuela de Hugo Chávez” quien escribe para el periódico británico The Guardian, había publicado algo al respecto. Para mi sorpresa, sí lo había hecho. Hiló perfectamente las similitudes entre estos dos personajes y cómo esto podría ser catastrófico para los Estados Unidos. Llamó el artículo “Insult, provoke, repeat: how Donald Trump became America's Hugo Chávez”, y concluyó diciendo que si Trump lograra ser igual de inteligente que el “comandante”, podría torcer toda situación a su ventaja, atrapando a la nación en su poder mientras convertía a la política de su país en una “tragicomedia”.

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Es fácil decir y pensar que las cosas no llegarán a ser tan graves. Pero Trump logró ganar la presidencia, ¿no? ¿Cuántos no fuimos partidarios en pensar que era imposible que un candidato como él llegara a ser presidente de E.E.U.U.? Y ¿Cuántos no hemos participado en conversaciones nerviosas sobre el tema desde esa noche en que vimos en CNN que Hillary había quedado corta con 228 votos electorales? Todo lo que no creíamos posible ha pasado y ahora el mundo se queda perplejo esperando una respuesta, una solución o una epifanía. Algo. Pero ¿qué podemos esperar ahora? Ojalá tuviera la respuesta.

Ahora hablaré del tema de la raza. Sí, también es necesario tocar este tema porque muchos negros, latinos y musulmanes sintieron miedo al recibir las noticias. No sé que ocurrirá tampoco. Trump prometió en su discurso que será presidente de toda su nación y ojalá lo sea. Pero entre los insultos y la cantidad de polémicas que generaron sus palabras hacia familias y países enteros, preocupa saber que los sentimientos negativos hacia ellos fueron aceptados y compartidos por tantos.

Por último, y quizá el tema que más me dejó sin palabras fue que Trump ganó gracias al voto femenino también. Al parecer las indiscreciones admitidas por él y capturadas en video no fueron lo suficiente para persuadir a las mujeres del país que votaran en contra de él. ¿Dónde estaban las personas que condenaron el comportamiento de Bill Clinton hace 15 años?

Son muchas preguntas que dejo abiertas, porque son pocas las respuestas que tenemos. Sabemos que hay una porción gigantesca de los Estados Unidos que rechaza al nuevo presidente y a todo lo que lo rodea, de hecho Hillary ganó el voto popular por un margen de 219,762 votos. Pero el resultado electoral habló, y por eso ganó quien ganó.