El deporte irlandés también necesita su #MeToo

El 27 de Junio del 2016, los jugadores de rugby, Paddy Jackson y Stuart Olding, se reunieron con Blane McIIroy y Rory Harrison en casa de Blane para ver un partido de fútbol y luego salir a un club llamado Ollie. En la madrugada se montan en dos taxis distintos con cuatro mujeres y van a casa de Paddy Jackson. A las 5 de la mañana una de las mujeres se va de la casa en un taxi visiblemente molesta. Cuatro horas más tarde le manda un mensaje a una amiga, “fue la peor noche, me violaron”.

El caso fue a juicio poco después y tuvo una cobertura masiva en los medios de Irlanda. Dos años después, el veredicto es que los supuesto violadores en realidad son inocentes. La reacción del público ha generado un movimiento parecido a #MeToo en Irlanda.

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De acuerdo a la víctima, quien por las leyes de Irlanda siempre podrá vivir en anonimato y de hecho testificó tras una cortina, esto fue lo que pasó:

Ella fue al club y se encontró con un conocido quien la invitó a una after party. Ella se subió a un taxi con Jackson y otras tres mujeres. Al llegar a casa de Jackson, todos empezaron a tomar y bailar. No recuerda cómo, pero terminó en el piso de arriba con Jackson en su cuarto y besándose, él intentó quitarle los pantalones, ella le dijo que no quería, él se detuvo, ambos regresaron a la fiesta. Ella decidió irse, por lo que subió a buscar su cartera. Jackson la siguió, y la violó en su cama. Luego Oldin entró al cuarto. Ella dice que le pidió que se detuviera, pero él la obligó a hacerle sexo oral. Cuando logró salir del cuarto, salió corriendo de la casa y Rory Jarrison la acompañó a su casa en un taxi. Al día siguiente le contó a sus amigos, fue a un médico que confirmó que tenía un desgarre vaginal, y finalmente el 28 de junio fue a la policía.

Durante el juicio que empezó unos días después, los abogados de Jackson y Olding, predeciblemente cuestionaron su credibilidad. Le preguntaron si en realidad no estaba diciendo que era violación porque le daba pena haber tenido un trío, le dijeron que en realidad estaba obsesionada con Jackson, y en general fueron unos douchebags con ella.

En las redes sociales, empezó a popularizarse el hashtag #IBelieveHer. Luego cuando el capitán del equipo de rugby de Jackson y Olding se presentó en el juicio, muchos lo consideraron una forma de intimidar a la víctima y también se volvió tendencia #NotMyCaptain.

Para ese punto del juicio, el público estaba dividido de la manera típica en la que se divide en los casos de violación. Unos estaban convencidos de que la víctima estaba mintiendo, mientras otros decían que esto era un claro ejemplo del problema con la cultura de violación. Estos últimos se sintieron igualmente validados y asqueados cuando se leyeron los mensajes de texto del 28 de junio del 2016 entre los implicados.

Un amigo de Olding le preguntó, “¿te cogiste alguna puta?”, a lo que contestó “Se lo metí a una chica con Jacko el Lunes. Los dos al mismo tiempo. Luego otra el martes”. McIlroy también mandó una foto de las mujeres en la fiesta con el texto “amo las putas de Belfast”. No son evidencia de que hayan violado a alguien, pero sí de la total falta de respeto que tienen por las mujeres.

Los acusados dijeron arrepentirse de los mensajes de texto, pero niegan no haber tenido consenso. El jurado estuvo de acuerdo con ellos, el 28 de junio del 2018 los declararon inocentes.

Obviamente muchos se sintieron indignados por el resultado del juicio, al punto de ejercer presión en el equipo de Rugby. De hecho, los contratos de Olding y Jackson fueron revocados con efecto inmediato el 16 de abril. Instantáneamente aparecieron los gritos de “esto es una cacería de brujas” y “ya un jurado dijo que no eran culpables. No pueden hacerles un juicio social”. Lo cierto de esto es que hay quienes lo ven como una oportunidad para crear un momento #MeToo dentro del deporte irlandés, para por lo menos sacar algo de una situación terrible. Lo que es más probable es que tanto Olding como Jackson pueden seguir con sus vidas como si nada hubiese pasado.