Bienvenidos a mi experiencia en Tercer Tiempo

Fotografía: TeleAragua

Por fines creativos y por desarrollar una lectura distinta, antes de asistir al evento de la Hacienda Santa Teresa este domingo, tenía pensado escribir este artículo de forma regresiva. Empezando por el final y terminando por el principio. El propósito era darle un toque distinto a una especie de crónica y ver qué salía de ello.

Ese era el plan. Pero por supuesto iba a salir mal.

De seguir con esto de escribir de “atrás pa' lante”, iba a empezar con la mejor parte y terminar con la peor. Según se me dijo en alguna clase de literatura, no debemos decepcionar al lector que espera un final feliz y por tanto iré en el sentido natural en el que ocurrieron los eventos, así que dejaré de lado mis aspiraciones de escritora distinta, contemporánea y pseudo intelectual.

Por si no fui suficientemente clara, el principio del evento pareció un recorrido del ron por los anillos de un infierno dantesco y el final fue una fiesta de dioses digna de un homenaje a Dionisos.

santa teresa 1.gif

De esta manera, aunque sepan de antemano cómo se va a desarrollar esta historia, los invito a leer los detalles de mi odisea por el Tercer Tiempo, contada según el Monomito o Viaje del Héroe de Joseph Campbell que me enseñó también el profesor de literatura.

Este trata sobre el camino que debe seguir todo héroe en cualquier historia para que esta tenga éxito. Es una especie de fórmula por la que debe pasar el protagonista y que se repite en toda historia bien construida. Aquí te lo explican mejor.

Capítulo 1: el mundo ordinario

Un día, como cualquier otro de vacaciones, estaba escribiendo en la oficina (vacaciones de aventura al máximo evidentemente) y entre un tumulto de anuncios parroquiales sobre lo que íbamos a hacer ese fin de semana, Antonio vociferó lo emocionado que estaba ya que habían iniciado las ventas de Tercer Tiempo, el festival de música (y ron) que se hacía todos los años en la Hacienda Santa Teresa. Además de la buena música (y el buen ron) nuestro jefe de contenido nos vendió la idea de asistir con el propósito de nutrir nuestro estómago musical, y a partir de ello, escribir un artículo. Ergo, here we are.

Capítulo 2: la llamada a la aventura y rechazo a la misma

Además de esto había una carrera de 7K y de obstáculos en la que -para fortuna mía y desaliento del resto del equipo de GK Media- problemas técnicos evitaron que un plan de hacerme pasar pena en público fallara.

Lo que no falló fue el proceso de comprar 4 entradas para el festival y con ello vino la espera de 2 meses para el deseado domingo, que esperaba en ese momento curara mi (ya muy bien conocido) Sunday Blues.

Capítulo 3: encuentro con mentor o ayuda sobrenatural

La información que obtuve del evento fue gracias a la figura mítica del internet donde aprendí que los artistas invitados eran Caramelos de Cianuro, Desorden Público, Oscarcito, Tomates Fritos, Laura Guevara y DJ Carlos García.

Mi mentor Antonio me dejó bien claro que este año no iban a regalar ron, como en festivales anteriores porque bueno, la inflación ha sido (oficialmente) de un 487%, escenario en el que ya no es prudente regalar ni oxígeno.

Con lo que yo pensaba era la información necesaria para estar bien equipada, casi hago una lista bullet proof para no parecer una desadaptada el día del Tercer Tiempo.

Capítulo 4: cruce del primer umbral

Según el Viaje del Héroe de Joseph Campbell, este es el momento en el que el héroe deja atrás el mundo ordinario y se emprende en su aventura.

Esto fue exactamente lo que pasó.

Luego de un largo viaje de hora y media, que parecieron cuatro gracias a una ligera resaca sabatina, arribamos en autobús 19 personas, los tres editores de GK Media y yo a la hacienda delimitada por palmeras.

Atrás quedaron las aspiraciones de un domingo tranquilo y de no hacer nada.

Bajé el peldaño de la guagua y puse mis botas en el lodo, seguido, un grito interno de sorpresa cuando un co-pasajero nos preguntó a mi y a mi equipo “¿Dónde están sus brazaletes?”

Yo era la responsable de las entradas, por eso, en un aire sobrado e improvisado me dediqué a preguntar a cuanto guachiman conseguía cómo materializar las entradas digitales que mi iPhone juraba que había comprado.

Capítulo 5: Pruebas, aliados y enemigos

Inicia la primera prueba. Antonio ingresa decepcionado y un tanto molesto a un área resguardada por dos gorilas que no nos dejaron acompañarlo durante la larga cola de la taquilla. Mots (mi editora), Daniela (la editora de Komienza) y yo contemplamos el folklórico ambiente mientras esperamos unos eternos 45 minutos por el regreso de Antonio con nuestros brazaleticos azules.

Este fue el momento en el que el destino nos quiso probar la paciencia, porque a partir de este momento, las colas y la espera iban a ponerse aún más intensos.

Como pueden ver, sufrí.

Capítulo 6: Acercamiento

Aquí se supone que “el héroe tiene éxitos durante las pruebas”. Podemos saltarnos esta parte porque el éxito no llegó hasta las 4:45 p.m.

Capítulo 7: prueba difícil o traumática

La parte difícil y traumática fue literalmente toda la primera mitad de nuestra estadía en el festival desde la 1 hasta casi las 5 de la tarde.

Mientras más nos adentrábamos en el área de los stands de comida, música y el muy anticipado ron, más se llenaban nuestras suelas de lodo y más nos sorprendía la cantidad de gente que acudió.

Nuestros amigos del autobús en este punto ya estaban extraviados y luego de complacer necesidades fisiológicas en los populares e inmundos sanitarios verdes de plástico, empezamos a desarrollar una logística que le ganara a la muchedumbre y las colas.

“Tú ve a esta cola, tú intenta caerle a él para que te deje colearte, yo voy a ver cuánto cuesta el ron y tú encuentra algo que hacer”

Estas instrucciones que di gracias a mi complejo napoleónico y mi instinto nato de organización no sirvieron para nada. Pasamos una hora en la línea de comprar los tickets a pesar de los duros esfuerzos de coqueteo, otra hora para comprar 4 insulsos vasos de ron con soda, y una hora y media más en la cola más corta para comprar comida.

En esta última cola (ya muy dentro de la realidad del venezolano) hicimos amigos como viejos cafetaleros con un par de señoras muy amables y un tanto alicoradas que compartieron con nosotros risas y ron.

La cola parecía eterna, y a medida que íbamos viendo que los sánduches de cerdo se iban acabando, las personas se coleaban más y los ánimos se calentaban. Al llegar a la mesa donde se pedía la comida, accidentalmente empecé una disputa entre una de nuestras nuevas amigas y un coleado que casi termina a cuchillazos. Mots con sus aires de comeflor calmó las aguas.

Hasta este momento todos nos quejábamos, yo sudaba ron del día anterior, Mots se desmayaba por no haber desayunado, y Antonio y Daniela lamentaban la cantidad de gente y la desorganización del evento.

Daniela, Mots, Antonio y yo

Daniela, Mots, Antonio y yo

Capítulo 8: la recompensa

Después de comer todo cambió de colores.

Aunque nos habíamos perdido a los Tomates Fritos y a Desorden Público, llegamos a disfrutar mitad de Caramelos de Cianuro con aires de querer convertir nuestra mala experiencia en positivo.

Bailando como locos hicimos un nuevo amigo, que resultó ser además de buen bailarín, uno de los primeros en el Proyecto Alcatraz de Santa Teresa.

Nos compartió su historia.

“No fue fácil, nos dieron un machete y nos lanzaron para el monte a hacer nuestro ranchito durante más de 6 meses, lo tenías que trabajar. Lo logramos echando pichón y eso es el Proyecto Alcatraz, agarrar a gente que andaba en malas actitudes y ayudarla con el trabajo".

José lleva 9 años trabajando orgullosamente allí.

José Junior (hijo de nuestro entrevistado), al ver la popularidad de su padre se nos acercó, nos mostró sus talentos como bailarín y comentó que formaba parte de la selección de niños de rugby de la Hacienda.

“Pues sí hacen ron y rugby allí ” me dije.

Otro selfie, esta vez con José y su hijo.

Otro selfie, esta vez con José y su hijo.

Seguimos bailando, nos conseguimos con más amigos que caritativamente nos brindaron más licor (decir ron de nuevo iba a ser redundante) y luego de charla nutrida por los buenos ánimos y el juicio afectado por el alcohol, a los pocos minutos se anunció que Oscarcito iba a tomar el escenario.

Capítulo 9: La resurrección del héroe

En esta parte el héroe se enfrenta de nuevo a una situación de vida o muerte y la vence.

Así fue.

Me enfrenté de nuevo con Besos de Chocolate y no morí de mal humor por lo quemada que la tenía.

También superé a Zeus, porque como si fuera poco a la segunda canción inició la lluvia, que incrementó el nivel de lodo y que en vez de desanimar al público, lo puso más belicoso y la danza en pareja más “violenta”. Sin cuidado por mi pelo, zapatos, buena apariencia o cordura, bailé con desconocidos, cantamos entre amigos y reímos a causa de la situación y una vez más del ron.

Capítulo 10: el regreso con el elixir

A eso de las 8 y media de la noche, luego de reunir a todos los pasajeros del autobús como se reúnen a los niños en un campamento, emprendimos el viaje de regreso a Caracas.

Llegué casi a las 10 a mi casa, cuando mi madre preguntó “Ay Dios, ¿tienes frío? ¿cómo la pasaste?”

Le conté mi nueva experiencia y una botella de Gran Reserva a casi terminar, ambos mostrados como trofeos de la experiencia, de cierta forma, ambos mi elixir.