Como el sistema carcelario de USA le falla a las victimas de la violencia sexual - The Amaranta
Es básicamente un círculo más del infierno

A finales de noviembre se hizo viral Cyntoia Brown como ejemplificación de lo corrupto e injusto que es el sistema carcelario hacia las mujeres y específicamente las mujeres de color. Desde Rihanna hasta Kim K, varias celebridades participaron en la protesta de #FreeCyntoiaBrown.

El caso de Cyntoia llama la atención porque se trata de una sentencia severa y desproporcionada para lo que es, en esencia, un crimen de autodefensa. Cuando Cyntoia tenía 16, había sido obligada a prostituirse por un pimp apodado Cutthroat. Su pimp la vendió a un pervertido de 42 años que tenía planes de usarla como esclava sexual, Cyntoia le disparó temiendo por su vida. Durante su juicio fue tratada como adulto y sentenciada a cadena perpetua, sin posibilidad de libertad condicional hasta que tenga 69 años. Cyntoia no es el único caso que demuestra los vicios del sistema carcelario de USA.

¿Qué está pasando?

Como el de Cyntoia, los casos en los que mujeres (sobre todo mujeres de color, o bajos recursos), terminan presas por crímenes de autodefensa o crímenes menores, se multiplican.

En agosto del 2006, Patreese Johnson, en ese entonces de 19 años, se encontraba con un grupo de amigas caminando cuando un hombre les gritó, “dame algo de eso” señalando a su entrepierna. Richardson le dijo que era lesbiana, y sus amigas hicieron lo mismo antes de seguir caminando. Dwayne Buckle les dijo “te cogeré hasta volverte hétero” les lanzó la colilla de un cigarro y comenzó a atacarlas. Se avalanzó sobre una de ellas, le arrancó cabello a otra, e intento a ahorcar a Johnson. Ella tenía una navaja de bolsillo que sacó y usó para apuñalar al hombre antes de que otras personas intervinieran. Todo está grabado en las cámaras de seguridad de los locales alrededor de donde ocurrió el incidente.

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El caso fue a juicio donde Patreese y sus amigas fueron identificadas como “una banda de lesbianas”. De hecho, ella y una de sus amigas pasaron 8 y 10 años en la cárcel. Dwayne Buckle, en cambio, es ahora un director independiente. Porque supongo que no hay otra posible profesión para un patán de ese calibre, tal vez “DJ de Soundcloud”.

En junio del 2015, DeeDee Blancharde fue encontrada muerta. Estaba bañada en su propia sangre y había sido apuñalada unos días antes. La policía y amigos inmediatamente se preocuparon porque su hija Gypsy estaba desaparecida y necesitaba de una silla de ruedas desde hacía 10 años para trasladarse debido a una distrofia muscular grave, sufría retraso mental, era alimentada por un tubo en su estómago, tenía leucemia, había sido intervenida quirúrgicamente para remover varias glándulas, parte de su intestino y tenía insertados tubos en sus oídos. Obviamente, una adolescente con tantas condiciones de cuidado debía ser encontrada lo más rápido posible. Al día siguiente la policía la encontró, en perfecto estado de salud, parada, sin su silla de ruedas, con su novio.

Gypsy nunca sufrió de absolutamente nada. Su mamá, DeeDee, sufría de Munchausen by proxy y la convenció a ella y a un batallón de médicos de todas sus enfermedades. De acuerdo a los padres de DeeDee todos esperaban que algún día alguien la matara y cuando finalmente estuvo muerta, botaron sus cenizas por una cañería. DeeDee obligó a Gypsy a estar en una silla de ruedas durante toda su vida y a fingir retraso mental cada vez que estaba frente a desconocidos. Gypsy había intentado escapar un par de veces, pero había sido inútil. Finalmente conoció a un demente por internet y los dos planificaron matar a DeeDee para que Gypsy pudiera ser libre. Gypsy está cumpliendo una condena de 10 años. Ella y toda su familia parecen estar felices con que esté en la cárcel y no bajo el cuidado de DeeDee.

No hay una cifra oficial de cuántas mujeres actualmente en prisión están ahí por crímenes cometidos en defensa propia. Lo que sí sabemos, gracias a un estudio reciente, es que un 77% de las mujeres encuestadas fueron víctimas de violencia doméstica y 60% víctimas por parte de un familiar cercano. Además, 80% de ellas son madres criando a sus hijos sin una pareja, y 82% sufren de adicciones a drogas o alcohol. En ninguno de esos casos, la cárcel es la solución.

En el caso de Cyntoia, Jhonson y Gypsy, las tres fueron víctimas de un sistema que les falló, las tres se defendieron y fueron castigadas. En los casos de Cyntoia y Patreese, ambas mujeres negras, con sentencias mucho más fuertes de lo que deberían haber sido. Y esto son solo los casos que escuchamos en gran parte porque son historias controversiales y violentas. Pero hay historias anónimas más terribles aún, que indican una falla del sistema de raíz, y luego una falla del sistema que se supone que debería arreglar el primer sistema. 82% de las encuestadas estaban ahí por un crimen no violento, usualmente entendido como “un crimen de pobreza”, y porque no tenían dinero para pagar sus fianzas.

Independiente de si están pagando por homicidio, o un crimen menor, en ninguno de los casos la cárcel funciona como un centro de rehabilitación y usualmente solo empeora el estado en el que estaban antes de ingresar.

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¿Por qué deberías pararle a este asunto?

¿Por empatía? Las latinas, al igual que las mujeres negras, son las que se encuentran en un nivel de riqueza desproporcionado en comparación con la población blanca de Estados Unidos. Eres población de alto riesgo aún cuando no seas parte de un gang. Hay mujeres presas por no pagar parking tickets y no poder llegar a una fianza de $500.

Lo peor de todo es que las cárceles no están preparadas para ayudar ni a las mujeres que están ahí por crímenes de defensa propia, ni a las que están por crímenes de pobreza. Los recintos no están equipados para atender problemas psicológicos por ejemplo, lo cual significa que además de una total falta de terapia, muchas veces no hay medicamentos disponibles. Si alguien, hombre o mujer, termina en la cárcel está en una situación de pobreza extrema y además tiene problemas psicológicos, está totalmente j*dido.

En el caso de las mujeres en específico, además, no se toma en cuenta que siguen manteniendo las custodias de sus hijos aún detrás de las rejas, pero muchas veces no pueden tener contacto con ellos ni pagar el trámite necesario para darle la custodia a un familiar cercano. Además, siguen menstruando sin acceso a servicios ginecológicos y muchas veces teniendo que fabricar cualquier cosa que haga que sus celdas no se vuelvan charcos de sangre. Eso sin contar el hecho de que si por casualidad llegan a tener alguna complicación con sus sistemas reproductivos (como por ejemplo quistes en los ovarios), simplemente no tienen cómo ser atendidas.

Cuando se trata de presas embarazadas, la cosa es aún más ruda. Las citas ginecológicas son difíciles de conseguir, no hay asistencia disponible inmediatamente en caso de una emergencia y son obligadas a dar a luz mientras están esposadas a una camilla.

Algo peor todavía, es que las mujeres que entran en situación de pobreza, suelen salir en situación de pobreza extrema.

¿Qué pasará ahora?

Lo malo es que mientras que la población carcelaria de hombres está disminuyendo, la de las mujeres está creciendo. 

Lo menos malo es que no hay una solución general en la que se esté trabajando pero hay una que puede parcialmente aliviar la situación. La fundación Safety & Justice Challenge, está trabajando en una reforma para las cárceles federales. La reforma incluirá un alto a los partos con esposas, la distribución de elementos para el ciclo menstrual, y en general buscar que haya más equidad en la forma en la que se tratan los casos de acuerdo a raza y posición económica.