Moriríamos todos congelados.

Las tendencias del pasado mes en Venezuela, además del McFlurry de Toronto, son hechos que, o le restan puntos al bando chavista, o se relacionan estrictamente con la situación país.

Bueno es obvio, estamos pasando por literalmente una guerra, hemos llorado a 77 fallecidos, la Unidad se ha convertido en la última palabra, y el plan de represión, gas y bicarbonato tres veces a la semana ya es una rutina.

Como no hay nada que le guste más a un venezolano que un chisme o una disputa por redes sociales, dichas tendencias han desatado polémicas entre los mismos venezolanos; por lo tanto todos las conocemos, hablamos de ellas y tenemos nuestra propia opinión. Siempre con la última palabra de que nuestros gobernantes son unos corruptos, asesinos y ladrones.

Casos como el acoso a los funcionarios chavistas en el exterior, las “puputovs”, todo lo que significa Winston Vallenilla, los chavistas que se han volteado públicamente, las mujeres que pelan las lolas en marchas, la disputa de si es correcto o no condenar a los hijos de los “revolucionarios”, y el “documental de Ucrania”, son temas de conversación que no se escapan en el día de descanso entre marcha y marcha, o todas las noches en el grupo de Whatsapp de tu familia.

Hace 60 días, cuando se prendió todo este alboroto, empezó a rodar la idea de ver un documental en Netflix llamado Winter on Fire que trata sobre cómo los ucranianos en 2013 lograron derrocar a su presidente Víktor Yanukóvich luego de que se suspendiera el Acuerdo de Libre Comercio con la Unión Europea.

Huffington Post Canada

Obviamente, como los chismes y las tendencias corren tan rápido como los chavistas en el exterior, todos los venezolanos hasta el día de hoy han visto, comentado y por supuesto asociado el “documental de Ucrania” con la situación actual de Venezuela.

“Pásame tu usuario y clave de Netflix para ver el documental por fa”.

“Eso es exactamente lo que tiene que pasar aquí”.

“Totalmente identificada con Ucrania”.

“Si ellos, luego de 90 días de protestas sacaron a un gobierno, nosotros también podemos”.

“Hay que aprender de los ucranianos”.

Pues luego de ver Winter on Fire y evidentemente hacer la similitud protesta-protesta, leí un tweet del comediante Víctor Medina que dice lo siguiente:

Pues el comediante tiene toda la razón.

Antes de pensar en por qué Venezuela no podría pasar por el mismo proceso de manifestación y salir de un gobierno exitosamente, hay que comparar contextos tanto históricos como culturales para establecer cualquier tipo de relación entre un país europeo cubierto de nieve y una región con entrada al Mar Caribe.

Ucrania es un país con cultura de guerra; al igual que la gran mayoría de los países de Europa, han pasado por dos guerras mundiales y su población tiene como herencia años de supervivencia en estados críticos y una organización ciudadana impecable a consecuencia de tantos años de muertes y conflictos.

Por otra parte, aquí en el trópico, la sensación del caudillismo estuvo presente una buena parte del siglo pasado, al igual que la costumbre de “heredar” un poder de gobierno preestablecida por la presidencia del momento; dejando a una población de venezolanos mayoritariamente ignorante, sin conocimiento alguno de la palabra democracia, y bajo el poder del carisma latinoamericano que tanto nos caracteriza.

Lo que significa, sin colocar etiquetas de cuál cultura es mejor o ha pasado por más sufrimiento, que la historia política de Ucrania es tan parecida a la de Venezuela como el plagio de Lilian Tintori aprobando la Constituyente; no tienen absolutamente nada que ver.

ABC news

En otro ámbito, no está de más comparar el contexto político que se desenvuelve en el documental con el nuestro actualmente. En Ucrania se protestó por meses debido a la anulación de una asociación con la Unión Europea; un vínculo que beneficia a la ciudadanía ucraniana, pero perjudica la ideología política rusa del expresidente Yanukóvich.

Nosotros no estamos protestando por la destitución de la Asamblea Nacional, ni por la ausencia de elecciones. En Venezuela se protesta por 17 años de dictadura que por fin salen a flote, que hacen al venezolano cada vez más pobre, y que engloban absolutamente todos los actos gubernamentales sinónimos de corrupción.

Hacer una similitud de dos países que protestan por fines políticos, dejan una cifra dolorosa de muertos, y con poder de mediación estrictamente violenta, es imposible cuando las razones y los desenvolvimientos son tan desiguales.

Es utópico pensar que un documental de un país europeo, donde se destituye a un gobierno a través de manifestaciones violentas y armadas en las calles, es el manual perfecto para derrocar al Gobierno de Venezuela. Utópico porque las condiciones económicas y sociales no son las mismas, utópico porque las finalidades de las protestas no tienen nada en común, y utópico porque un ucraniano comiéndose una arepa es lo más raro que has escuchado en toda la semana; no existe ningún tipo de relación.

2013-12-03T144249Z_1_CBRE9B214VV00_RTROPTP_4_UKRAINE-EU
Noticensura

Winter on Fire es un documental idealizado que demuestra lo doloroso, pero a la vez victorioso, que fue deponer al Gobierno de Ucrania. Nosotros en cuestiones de resistencia y lucha vamos por el mismo camino, pero tampoco podemos pretender que en noventa días se eliminan, así de fácil, 17 años de cáncer chavista.

Pensar que un video de Tasty va a quedar igual sí es lo mismo que idealizarse con el ejemplo de los ucranianos; porque sin importar las vías o el modus operandi de resistencia, Ucrania está casi del otro lado del mundo y peleó por unos meses un acto corrupto que para nosotros, bajo el régimen chavista, sería casi cotidiano.