Sino por una portada en Vanity Fair.

En el momento en el que una persona se convierte en figura pública, firma en contra de su voluntad un acuerdo tácito que le da pase libre a toda la población del mundo para estudiar, analizar y juzgar cada aspecto de su vida.

En el caso de Serena Williams, ser una jugadora de tenis profesional estadounidense posicionada como número 2 del mundo en el ranking WTA y que ha estado en la primera posición durante más de 300 semanas, la ha expuesto a la cara oscura del espectáculo en tantas ocasiones que probablemente ya perdió la cuenta.

Desde perjuicios racistas hasta acusaciones por su corpulencia física que “parece de hombre”, Serena Williams ha sido el blanco de las controversias más innecesarias del siglo XXI. Que aunque comenzaron desde el momento en el que pisó las primeras canchas, se fueron multiplicando a medida de que el tiempo pasaba.

Uno de los escenarios más difíciles en la carrera de Serena, fue cuando apenas tenía 19 años, en la final del 2001 de Indian Wells; cada vez que hacía una jugada, era abucheada, algunas personas del público hacían sonidos de monos y otros gritaban amenazas.

“Ha sido difícil para mí olvidar el pasar horas llorando en los vestuarios de Indian Wells después de ganar en el 2001. Cuando conducía de vuelta a Los Ángeles tuve la sensación de que había perdido el partido más importante de todos, porque aquel no era un torneo de tenis más, era una batalla crucial por la igualdad”, confesó Serena a la revista Time.

Después de ese episodio, Williams y su equipo anunciaron que no volverían a Indian Wells, aunque eso tuviese un impacto negativo en sus puntos WTA; y mantuvieron esta promesa hasta el 2015, cuando anunció que regresaría al torneo porque él había sido un “momento decisivo de su historia” y era “su oportunidad de escribir un final diferente”.

Así como se enfrentó a el racismo en las canchas, también lo hizo fuera de ellas.

En su carrera ha tenido que defenderse de las personas que la llaman “hombre”, de reporteros que la juzgan porque no está sonriendo las 24 horas del día, de personas que piensan que es “muy grande”, “poco femenina” y hasta “maleducada”. Y en la última de una larga lista de polémicas, John McEnroe, el ex-tenista estadounidense, “aseguró” que si Serena Williams jugara en la rama masculina, tendría el puesto 700 del ranking.

Y los comentarios, tanto positivos como negativos, han ido aumentando desde que anunció que estaba embarazada: que si tiene que jugar, que si no, que esto traerá repercusiones y que no podrá volver a las canchas sino hasta 2018. Todos tienen algo que decir.

Por suerte, a Serena Williams aprendió a no escuchar los comentarios que vienen traspapelados como “críticas constructivas” sino a hacer lo que mejor sabe, aunque cada persona piense diferente a ella.

serena

Esto es lo que nos demostró en el retrato que le hizo Annie Leibovitz para Vanity Fair. La foto es de la edición de agosto de la revista, pero ya la portada se convirtió en un símbolo de la celebración del cuerpo femenino, del atletismo y del poder, porque aunque su historial de controversias está minado; Williams sabe cómo dictar la Agenda Setting del mundo.

Además, ¿quién es capaz de ganar el campeonato del Abierto de Australia con ocho semanas de embarazo?