O al menos eso fue lo que ordenó un juez en Madrid.

Ahora, 28 años después de que Salvador Dalí, la máxima expresión del arte surrealista, falleciera de un paro cardíaco en 1989, un juez ha ordenado que desentierren su cuerpo para confirmar si María Pilar Abel Martínez, la mujer que asegura ser la hija de Dalí, es en efecto descendiente del pintor.

En el catálogo de sus más escandalosas controversias, nadie se imaginó que Dalí pudiera tener una hija. Pero según María Pilar, su mamá, Antonia, tuvo una aventura con el pintor en los años 50, cuando ella era parte del personal de servicio de una familia que pasaba su tiempo Cadaqués, un pueblo en Catalonia que queda cerca de una de las casas de Dalí. Su versión afirma que no solo se convirtieron en amigos, sino que mantuvieron una relación romántica “clandestina”.

Por más de que la sexualidad de Salvador Dalí era su secreto mejor guardado, Pilar lleva más de una década tratando de probar su legitimidad; pero fue en el 2015 que Abel oficialmente presentó el asunto ante un tribunal español, y esta semana el juez concluyó que el cuerpo del artista debía ser exhumado para realizar una prueba de ADN.

La decisión está justificada en que Dalí no dejó ningún otro resto biológico o personal con el que practicar la comparativa; sin embargo, la decisión de desenterrar el cadáver del pintor puede ser apelada. De hecho, La Fundación Dalí, heredera legal del artista, “está preparando un recurso para oponerse a exhumación que será presentado en los próximos días”.

De no ser efectiva la apelación, el cuerpo de Dalí se puede exhumar a principios de julio de este año.

“Me siento muy bien porque finalmente se me ha escuchado. No tengo palabras para agradecer a mi abogado y a la juez. No tuve suerte con mis anteriores abogados pero gracias a Dios ahora se me da la razón y se sabrá la verdad sobre mi ADN” - María Pilar Abel Martínez.

Aunque esta no es la primera vez que se realiza una prueba de ADN para demostrar si María Pilar Abel es hija de Salvador Dalí. La primera ocurrió a finales del 2007 en París, con los restos de piel y cabellos que quedaron pegados en una máscara de yeso que se hizo el artista poco después de morir; pero Pilar nunca recibió respuesta ni de París ni de los resultados del test.

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Mientras tanto, Abel mantiene que su único interés es “conocer su identidad” pero que al tener 61 años, cuatro hijas y nietos, ella sería feliz con 100 euros para comer y seguir viviendo su vida. De ganar la batalla, no solo obtendría 100 euros, sino que le correspondería un 25% de la herencia que fue a parar en el Estado cuando Dalí falleció, los inmuebles de los museos, los derechos de autor (valorados en más de 15 millones de euros) y por supuesto, la oportunidad de usar su apellido.