¿Hasta dónde llega la ambición de poder de algunos?

No es un secreto para una persona que tiene una computadora con acceso a internet que la situación en Nicaragua está cada vez más delicada. Y es que lo que comenzó como una protesta contra las reformas al seguro social aprobadas por decreto presidencial, ha tenido una escalada de violencia sin precedentes.

A pesar de que el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, negó en una entrevista a Fox News haber atacado las protestas pacíficas, la realidad es que hasta el momento se contabilizan más de 300 muertos en la nación centroamericana. Además la CPDH (Comisión Permanente de Derechos Humanos) informó que siguen creciendo las detenciones o "secuestros", pues se han producido 758 en solo 24 horas y 120 desapariciones.

Una de las últimas víctimas de este conflicto fue Rayneia Gabrielle Lima, una estudiante brasileña que cursaba el sexto año de Medicina en la UAM (Universidad Americana) que murió de un "balazo en el pecho que le dañó el corazón, el diafragma y parte del hígado", debido a que ella y su novio fueron tiroteados por paramilitares.

"La muerte de esta muchacha es un signo de lo que está pasando en Nicaragua, contradice lo que dijo Ortega [a Fox News], de que todo está normal, pero es una paz de mentira, hay paramilitares por todos lados", aseguró el rector de la UAM, Ernesto Medina.

Sin embargo, Ortega aseveró que no adelantará elecciones en su país, pese a que recientemente la OEA aprobó una resolución en la que pide al mandatario adelantar las elecciones para marzo del 2019.

"Yo no he manifestado que hay que adelantar elecciones. Más bien, adelantar elecciones crearía inestabilidad e inseguridad, peor aún en estas condiciones", afirmó Ortega, de acuerdo con un artículo en el diario El Mundo. "El pueblo va a decidir en las elecciones del 2021", añadió.

Es por eso que para entender mejor la situación por la que está atravesando Nicaragua y saber qué tan semejante o diferente es a lo que vivimos en Venezuela en el año 2017 contactamos al abogado e internacionalista, Mariano de Alba.

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Además de las reformas de seguro social ¿Qué otros antecedentes llevaron a los nicaragüenses a protestar durante estos meses?

El tema de la reforma del seguro social se podría inscribir dentro de un patrón más amplio de decrecimiento económico. Hasta hace poco tiempo, la economía nicaragüense estaba creciendo sólidamente (4% al año), el país era medianamente seguro en una región con inmensos problemas de seguridad y había importantes programas sociales por parte del gobierno para ayudar a los más necesitados.

Ese equilibrio económico comienza a desbaratarse con el colapso económico de Venezuela, lo que a su vez se traduce en que Nicaragua ya no recibe tanta ayuda petrolera venezolana y las cuentas empiezan a no dar. Eso es lo que lleva al gobierno de Ortega a proponer la reforma de la seguridad social y lo que se convierte en la chispa de la crisis, donde también existía un descontento político -aunque en menor grado - como la decisión de Ortega de poder reelegirse indefinidamente y nombrar a su esposa vicepresidente (Rosario Murillo).

Rosario Murillo siempre se ha mostrado como religiosa, esotérica y conservadora, recientemente el gobierno atacó a las iglesias ¿Qué pudo haber cambiado?

Ortega hizo una especie de pacto con la Iglesia nicaragüense para buscar estabilidad y mantenerse en el poder. Eso lo logró fundamentalmente con una prohibición total del aborto. Lo que cambia ahora es que la Iglesia manifiesta de forma muy clara su descontento con la situación, con la represión y entonces Ortega y su esposa entran en modo supervivencia, dejando claro que están dispuestos a todo para mantenerse en el poder.

Si la alianza que el gobierno nicaragüense mantenía con la Iglesia y el empresariado está rota ¿Qué lo mantiene en el poder y quiénes son sus aliados?

Sus aliados restantes son la coalición de gobierno - la mayoría de las facciones del Frente Sandinista de Liberación Nacional - la Policía Nacional y el sector militar. En pocas palabras, es una élite que se mantienen en el poder fundamentalmente gracias a la fuerza de las armas.

Tampoco parece haber claramente una alternativa de gobierno en Nicaragua - recordemos que quienes han liderado las protestas son en su mayoría los estudiantes.

¿Cómo ha sido la respuesta de la comunidad internacional hasta el momento? ¿Cree que le han puesto la atención necesaria?

La comunidad internacional le ha otorgado atención, especialmente a través de la OEA, pero probablemente no toda la que se merece. Deben redoblarse los esfuerzos para buscar cómo presionar de forma efectiva para que se detengan los asesinatos y se comience a buscar una salida pacífica.

También hay que tener muy presente que la comunidad internacional puede presionar, pero tiene serias limitaciones si lo que se espera de ella es que resuelva el conflicto. Por otro lado, Nicaragua es un país pequeño y no ha generado tanta atención mediática.

¿Ve algún tipo de salida pacífica de este conflicto o cree que será necesario algún tipo de presión internacional?

La presión internacional es clave para demostrarle al régimen de Ortega que sus acciones tienen consecuencias y que lo que está ocurriendo es inaceptable, pero la construcción de una salida pacífica depende fundamentalmente de los actores internos en Nicaragua y especialmente del quiebre de la coalición que sigue apoyando a Ortega, que se hagan a un lado y no se presten para seguir dejando que asesinen a tantos inocentes.

¿Nicaragua está adscrito a algún tratado o convenio que pueda hacer que Ortega responda ante la justicia internacional?

Nicaragua no es Estado parte de la Corte Penal Internacional. Ortega podría eventualmente responder ante un tribunal extranjero que aplique el principio de jurisdicción universal, esto es, que decida juzgarlo porque ha cometido crímenes muy graves contra los DDHH. Pero para ello tendría Ortega que visitar alguno de estos países y ser apresado, lo que es muy poco probable que ocurra.

Por último ¿qué diferencias hay entre estas protestas en Nicaragua y lo que ocurrió en el 2017 en nuestro país?

Es importante destacar que, tal y como en Venezuela, han usado paramilitares afectos al gobierno para enfrentar a manifestantes. De igual manera, el gobierno nicaragüense acusa a los manifestantes de “terroristas” y “golpistas de derecha” financiados por Estados Unidos, como ocurrió en Venezuela.

Además ambos han usado el diálogo para ganar tiempo y bajar la presión interna, pero la solución depende en gran medida del quiebre de la coalición oficial y del apoyo militar.

Sin embargo, una gran diferencia a nivel económico es que mientras Venezuela vive una severa crisis, el gobierno controla la renta petrolera (96% de sus ingresos), en cambio Ortega depende del sector empresarial y los nicaragüenses para que la economía esté a flote.

Otra diferencia es que el nivel de apoyo, los sandinistas no están totalmente cohesionados alrededor de Ortega y varios piensan que debe haber un cambio; el madurismo sufrió bajas importantes, pero la coalición oficialista se mantuvo unida durante la crisis.

Muchas gracias, licenciado Mariano de Alba, por ayudarnos a entender mejor el conflicto nicaragüense y esperemos que reciba la atención internacional y mediática que merece.