"La Manada" y su repercusión en España y Latinoamérica - The Amaranta
Latinoamérica y España también necesitaban su propio #MeToo

Saber que una mujer sufre de acoso y violencia en pleno siglo XXI genera una gran impotencia, pero enterarse de que el sistema judicial y las leyes de un país no condenan por violación a un grupo de hombres que obligan a una mujer a tener relaciones, es suficiente razón para estar del lado de la víctima y compartir su rabia y decepción.

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Sin embargo, para entender lo ocurrido con "La Manada" y su repercusión es necesario repasar lo más importante de esta noticia:

¿De qué va el caso de la Manada?

En julio del 2016, durante las fiestas de San Fermín en la ciudad de Pamplona, España, cinco hombres, conocidos como “La Manada”, forzaron a una joven de 18 años a tener relaciones con ellos.

De acuerdo con un artículo del diario colombiano El Tiempo, el informe policial del caso detalló que “ella estuvo paralizada todo el tiempo, incapaz de reaccionar; los hombres la obligaron a quitarse la ropa y, además, habían planeado la violación por un grupo de WhatsApp”.

¿Por qué todavía se habla de un caso que pasó hace dos años?

Porque el 26 de abril del 2018, la Audiencia Provincial de Navarra, dio a conocer la sentencia: los integrantes de este grupo habían sido condenados por abuso sexual y no por violación. Lo cual evidenció el problema de violencia de género que todavía existe en muchos países, así como la necesidad de crear leyes que protejan a las mujeres en España.

"La Manada" no se reduce solamente al "machismo de los jueces"

El problema va mucho más allá de las acusaciones contra los representantes de “la dama de la justicia”, pues lo que hace verdaderamente grave esta sentencia es el hecho de que el Código Penal la respalda al establecer una diferencia entre abuso y violación.

De acuerdo con la RAE, violar significa “tener acceso carnal con alguien en contra de su voluntad o cuando se halla privado de sentido o discernimiento”.

Sin embargo, las leyes españolas establecen que a pesar de que en ambos casos “se atenta contra la libertad sexual de una persona”, lo que diferencia a un delito del otro es que en la violación hay violencia o intimidación, por lo que se le da cinco años de cárcel al acusado, mientras que en el abuso se considera que no hay estos factores, por lo que la condena puede ser de uno a tres años de prisión.

¿El resultado?

Al final los cinco involucrados recibieron una condena de nueve años de prisión, a pesar de que la fiscalía española pedía una condena por violación de, mínimo, 18 años de prisión, lo que llevó a varias personas a manifestar su descontento en las calles.

Esta noticia también ha impactado a muchos políticos, entre ellos la vicepresidente del gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría; Pablo Iglesias, secretario general de Podemos; Albert Rivera, presidente de Ciudadanos y Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, que al ejercer un cargo público se ven obligados a acatar la sentencia, pero como ciudadanos no están de acuerdo con ella.

Repercusión de “La Manada” en América Latina y España

El injusto fallo de los tribunales generó un movimiento en Twitter que comenzó el 27 de abril y que ha logrado pasar las fronteras españolas y llegar hasta Latinoamérica, para que mujeres de distintas nacionalidades compartan sus experiencias y su propia historia a través del hashtag #Cuéntalo, creado por iniciativa de la periodista española Cristina Fallarás a partir de un texto de Virginia Alonso, una de las directoras del periódico español Público, titulado La no violación, en el que se inspiró en un hecho de abuso que sufrió en carne propia.

Algunas historias hacen que a uno se le erice la piel de solo leerlas, especialmente cuando terminan con una frase tan sombría y lapidaria como: “Lo cuento yo porque esta persona no puede contarlo”.

Algunas de estas mujeres que silenciaron para siempre tienen rostros, nombres y apellidos, además son conocidas en sus países por haber contado con la cobertura de los medios de comunicación. Ejemplo: el caso de Ana Orantes, Melina Romero, Ángeles Rawson, Anahí Benítez o Natalia Mellman.

Otros tal vez sean anónimos y desconocidos porque las víctimas no terminaron en una morgue, pero lo que todas comparten es que no eran mujeres tan diferentes a nosotras, que un día les cambió la vida por estar en el lugar y momento equivocado o por enamorarse de una persona tóxica que decidió destruirlas emocional y físicamente.

Además, teniendo en cuenta que la causa feminista involucra tanto a mujeres como hombres, son muchos los que han decidido apoyar el movimiento para solidarizarse con esas mujeres cercanas a ellos que han sido víctimas de agresiones.

“La Manada” solo sirvió para demostrarnos la gran mentira que las mujeres no pueden ser solidarias entre sí y que el arte es tal vez uno de los mejores medios para canalizar la rabia y la decepción ante las injusticias de un sistema retrógrado y misógino con necesidad de cambio.