Antes muerta que sencilla, literalmente

Si alguna ventaja tiene ser del país con las reservas petroleras más grandes del mundo es que, además de entender de dónde viene todo el dinero que se roban nuestros gobernantes, recordamos una Venezuela de cuarenta años atrás, que hacía referencia a la modernidad, los lujos y el emprendimiento en la América Latina de ese momento. Caracas era básicamente capital del continente, donde la gastronomía, el arte, los espectáculos y las altas sociedades se peleaban por formar parte de este movimiento cultural en los 60.

El país de los lujos, el oro negro, las fiestas y las mujeres bellas, que hoy día se convirtieron en hambruna, basura, emigración e hiperinflación en su máximo exponente. Siendo evidente y lamentable la situación que se vive en Venezuela actualmente, pasamos de ser la cúspide de la modernidad, a más de un millón y medio de emigrantes en otros países solo en 2017. 

Al ser la crisis la principal preocupación de la población que todavía reside en esta Venezuela, nos vamos olvidando de aquellos gustos cotidianos que hoy día podrían parecer lujos:

  • Comer en un restaurante.
  • Comprar ropa.
  • Salir de viaje.
  • Para nosotras mujeres, ocuparnos de nuestras rutinas de belleza.

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Es bastante probable que este fenómeno de las peluquerías en nuestro país se deba a que, comparado con otros países, el hacerse las uñas, secarse el pelo y depilarse, son servicios relativamente baratos. Pero cuando llega la crisis y el orden de prioridades, para una madre soltera con dos niños y gastos de hogar, el hecho de tener las uñas arregladas pasa a un segundo plano

Así como hace veinte años cualquier familia venezolana podía viajar una vez al año, las rutinas de estética para las mujeres formaban parte de sus cotidianidad sin importar el estrato social. Por lo que ahora, con la crisis social y económica más dura en su historia, Venezuela pasó de ser reinas de belleza, a señoras desesperadas porque los tintes de pelo están carísimos y las canas crecen con mayor frecuencia.

Sin afirmar que a raíz de la situación la mujer venezolana está más fea, es una realidad el quitarle prioridad a estos métodos de belleza que antes eran accesibles, para poner en primer plano las necesidades básicas de supervivencia. Si el venezolano no está cumpliendo ni siquiera con las necesidades fisiológicas, los lujos como depilarse con cera, evidentemente pasan a un segundo plano.

Este panorama solo nos enseña a quitarle peso a las banalidades, buscar otras opciones de belleza más rentables, y entender que la crisis tiene nombre, apellido y muchos responsables porque no es casualidad que Venezuela tenga siete coronas del Miss Universo, siendo la última hace cinco años.