“Nos comprometemos a masticar todo lo que leamos para escupirlo en un idioma como el tuyo y el mío.”

En un lugar del mundo, cerca de India y Bangladés, está Myanmar, país en el que se está viviendo una situación crítica de violación de derechos humanos sin precedentes.

La persecusión por parte de los militares a los rohingyas, un grupo étnico musulmán, ha sido una sangrienta campaña que fue denominada por varios representantes internacionales como una “limpieza étnica” y por el US Holocaust Memorial Museum’s Simon-Skjodt Center for the Prevention of Genocide como una situación casi calificable como genocidio.

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Este grupo perseguido, ha escapado desde Rakhine, un estado de Myanmar, a Bangladés en un ambiente de amenazas y balas que los rohingyas están dispuestos a correr antes de ser quemados vivos en sus casas, violados o asesinados frente a sus familiares. El éxodo se ha registrado en 400.000 personas en campos de refugiados en Bangladés, 60% de ellos niños.

La información en los campos de refugiados registran que en la frontera, los militares de Myanmar han colocado incluso bombas minadas para evitar que los rohingyas vuelvan.

Entonces sí, que situación tan horrible. Además, ayer 28 de septiembre anunciaron que un barco de refugiados rohingyas se hundió, costándole la vida a más de 60 personas que buscaban huir de su país.  

Velan la muerte de los ahogados fuera de la costa de Bangladés.

Velan la muerte de los ahogados fuera de la costa de Bangladés.

Pero… seguro te estás preguntando

¿Qué es Myanmar?

Bueno, Myanmar no es un “qué”, es un “dónde”. Voy a tratar de echarte el cuento de lo caótica y medio novelística que es la historia de este país en el mismo tiempo que le tomaría a un amigo contarte lo que hizo en el fin de semana, mientras hacen una cola para comprar un cachito en la universidad.

En primer lugar, vas a conseguir que a este país lo llaman tanto Myanmar como Birmania, en documentos internacionales lo llaman de ambas formas, pero para efectos de “buenos” y “malos” en esta historia, los “buenos” le dicen Birmania y los “malos” Myanmar. Nos apegaremos a usar Birmania de ahora en adelante para presumir que estamos del lado moral de los eventos.

Resulta que Birmania fue una colonia inglesa, hasta que llegaron los japoneses y ayudaron a independizarlos como nación. Todo chévere, porque en 1948 lo lograron, sin embargo, para 1962 una junta militar opresiva dio un golpe de estado y gobernó en terror y con armas hasta 2011. Durante este gobierno de paria pasaron varias cosas relevantes para el cuento de los rohingyas; por ejemplo que en 1982 se creó una  Ley de Ciudadanía que le quitó la nacionalidad a los rohingyas y los dejó como una población sin Estado, literalmente. También sucedió que como líder del partido opositor al gobierno se presentó Aung San Suu Kyi, una tipa interesantísima que vivió infinidad de atrocidades, quién fue perseguida por oponerse a una dictadura y a la que le dieron por esto 21 años de encarcelamiento (cualquier parecido a la realidad, es pura coincidencia). Eventualmente Suu Kyi sale de la cárcel, le dan un premio Nobel y es nombrada, eventualmente, Consejero de Estado (parecido a un Primer Ministro) de Birmania.

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La impresionante historia fue contada en una bonita película, pero luego vamos a hablar un poquito más de Aung San Suu Kyi, para explicarte su relevancia con todo esto. Además así te da chance de aprender a pronunciar el nombre.

Ahora como te habrás dado cuenta, Birmania no es exactamente la cuna de la paz, de la separación de armas y poder, de la separación de los poderes, de la justicia, ni de nada que remotamente se parezca a un Estado estable. Más bien semeja a un país dirigido por tercos y maliciosos militares que yo conozco.

Sin embargo, ¿por qué le aplicaron esta Ley de Ciudadanía a los rohingyas? Pues porque en el año del pún, cuando los japoneses estaban acompañando en la lucha por la independencia, los musulmanes apoyaban a los ingleses.

Entonces, usaron a los rohingyas como objeto de odio para solidificar el gobierno de los militares por medio de un enemigo común. Si te huele a Segunda Guerra Mundial, amiguito tu profesora de séptimo grado está orgullosísima.

Ser una población sin Estado significa que desde 1982, 1 millón de personas que forman parte de esta minoría étnica no se pueden mover, casar, gozar de servicios médicos, educación, construir dignas viviendas propias y mucho menos casas de culto.

La razón por la que este chivo expiatorio sirvió es porque el 90% de Birmania es budista y lograron crear una matriz de odio dirigida a los musulmanes, por ende a los rohingyas.

Para remate, en 2012 hubo una violación en grupo por parte de 5 musulmanes que atacaron a una joven budista, situación que solo le echó leña al fuego.

Así que, para no ser repetitivos en la historia del mundo, otra guerra religiosa más.

Ok, ya sé que no te gusta nada de lo que leíste, sin embargo para evitar que tu mente caiga en la tentación de dejar este artículo, te voy a poner un meme de Maduro, y te voy a explicar...

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¿Por qué es noticia ahora?

Resulta que en estos últimos cinco años el trato (por no decir asesinato en masa) a los rohingyas los ha dejado en una situación paupérrima. Los pocos que viven todavía en Birmania, se alojan en guetos cercados, a los que llegan escasos recursos, donde no hay atención médica, del que solo pueden entrar y salir las personas que salgan en determinada lista y un espacio que está bajo constante supervisión policial (de nuevo esa campaña de Segunda Guerra Mundial). La otra parte de los rohingyas, como dije, 400.000 de ellos aproximadamente, viven en campos de refugiados principalmente en Bangladés en condiciones similares, apartando la vigilancia militar. Bueno, la vigilancia militar de Birmania.

Esta situación, a pesar de que los periodistas gozan de poco acceso a la zona en cuestión (campaña de censura parecida a la que hay en casa), la información ha llegado a oídos de la comunidad internacional.

Zeid Ra’ad Al - Hussein, el comisionado de la ONU en los Derechos Humanos dijo que “es una situación que cumple al pie de la letra de una limpieza étnica”.

Algunos países ya lo consideran como genocidio, término no utilizado desde los nazis.

El Secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson por su parte afirmó que “La violencia debe parar en Birmania, la persecución debe parar”.

Malala también tuiteó:

El hecho no es noticioso solo por la atención internacional, sino porque (atentos que se va a complicar el pasticho) los rohingyas se armaron y comenzaron un grupo de “insurrección terrorista” que atacó en 2016, matando a 9 policías de frontera de Birmania, el contraataque del Estado resultó en terror que provocó que 74.000 rohingyas escaparan del país. Más recientemente, el 25 de agosto, este grupo armado (si es que se le puede decir arma a utensilios cortopunzantes y lo poco que pudieron robar en un saqueo) que se ha autodenominado Arakan Rohingya Salvation Army (ARSA), mataron a 12 oficiales, también en la frontera.

ARSA más que convertirse en una amenaza, hoy en día es justificación para el gobierno de Birmania para el uso de violencia desmedida.

Los rohingyas son además, los ocupantes más antiguos de Birmania según The Economist, contrario a lo que alega ese gobierno.

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Así que no vamos bien. De hecho, vamos peor…

¿Por qué debería importarte todo este zaperoco?

Porque en esta ecuación mal formada de violencia + genocidio + atención internacional + situación de refugiados + censura + religión, intervienen premios Nobel, una mala percepción sobre los musulmanes y los budistas, y sobre cómo se debe manejar la diplomacia en nuestros tiempos.

Para explicarlo, vamos a jugar a “buenos” y “malos”

Gobierno militar de Birmania - malísimos

Ya sabemos que son asesinos, que financian la violencia hacia los rohingyas, la permiten y además la fomentan en sus ciudadanos. Además controlan casi todos los poderes del Estado. Por eso, lo que digan ellos y su constitución, es ley.

Rohingyas - buenos

De hecho son más “desafortunados” por ponerle un mal nombre, que buenos. Esta pobre minoría étnica que ni siquiera es reconocida como tal en Birmania (la cual cuenta con 135 minorías étnicas) está conformada por pescadores y agricultores que no están preparados ni capacitados para tener una persona que advoque contra Birmania y que hable hacía la comunidad internacional sobre su atroz situación como “la minoría más perseguida en el mundo”.

Monjes Budistas - sorprendentemente malos

El discurso de odio de importantes monjes budistas, líderes de comunidades en Birmania, ha calificado como correcta la acción de los militares, señala a los musulmanes como ilegítimos ocupantes de su país, mientras que alegan que su religión es una que no profesa violencia, “al menos que los ataquen a ellos”.

Aung San Suu Kyi - no sabemos

La ambigua postura sobre calificarla como buena o mala, se deriva de que a pesar de su Premio Nobel de la Paz, Suu Kyi se ha demostrado frágil, indecisa e incluso indiferente cuando se le pregunta sobre la situación de los rohingyas. Véanlo ustedes mismos:

Estamos hablando de una mujer que ha dedicado su vida entera a pelear por la democracia de Birmania. Ella pasó 7 años en prisión y 15 años en arresto domiciliario, situación que prefirió antes del exilio que le permitía vivir con su esposo e hijos en Inglaterra.

Digamos que no es alguien que se hubiese considerado de moral dudosa ni temple doblegable cuando se trata de enfrentarse abiertamente a digamos, genocidio. ¡Tiene un Nobel Jesucristo!

Sin embargo, como vieron, cuando se le pregunta sobre el hecho de que las aldeas de los rohingyas se queman hasta cenizas, ella niega saber por qué sucede el éxodo masivo de la población a Bangladés.

La presión internacional es inmensa, tanta así que se negó a aparecer la semana pasada en la Asamblea General de la ONU para no verse forzada a dar declaraciones. Sin embargo, para dar algo de respuesta al respecto, el martes 18 de septiembre dio un discurso de 30 minutos en inglés (indicio según Vox de que iba dirigido a la comunidad internacional) en el que dijo cosas como las siguientes:

“Las fuerzas de seguridad han sido instruidas a adherirse estrictamente al código de conducta mientras se ocupan de operaciones de seguridad, tomando así todas las medidas para evitar daño colateral o ataque a inocentes civiles”.

“Queremos saber por qué sucede este éxodo”.

“Condenamos todas las violaciones de los derechos humanos y la violencia no legal”.

“Somos un país joven y frágil con muchos problemas, pero nos tenemos que ocupar de todos. No nos podemos concentrar en solo algunos”.

El problema es que apenas acaba de asumir su puesto como Consejera de Estado, en un país que ya sabemos, siguen controlando los sanguinarios militares desde la independencia. Razón por la que imaginamos, no debe querer comprometer su postura como potencial líder de cambio hacia la democracia entrometiéndose en el conflicto con los rohingyas.

Sin embargo, este artículo de opinión de Sami Nair en El País aparta lo de las posturas diplomáticas y desnuda la verdad entre la situación de Suu Kyi de estar “entre la espada y la pared”.

No importa cómo va a evolucionar la situación, pues, de todos modos, Aung San Suu Kyi se ha descalificado a los ojos de la opinión pública mundial, del propio jurado Nobel que le otorgó el premio y, sobre todo, ha destruido esta arma simbólica frente a los propios militares birmanos, que ahora la ponen contra las cuerdas. Se puede apostar que no van a facilitar la “transición” democrática prometida, pues ella, que era su principal adversario, ha devenido en su principal aliado en esta campaña confesionalmente racista.

Comunidad internacional - ineficientes, por ahora

El hecho de prestarle atención a Birmania es un buen primer paso, pero ojalá el esfuerzo del diálogo (como cuesta esta palabra) no se quede allí. 

El jueves 28 de septiembre se reunió el Consejo de Seguridad de la ONU para hablar de la situación que viven los  rohingyas. António Guterres manifestó que se debía hacer lo siguiente:

Primero, ponerle fin a las operaciones militares; segundo, permitir acceso para ayuda humanitaria y apoyo; y tercero, se debe asegurar el regreso seguro de los refugiados a sus áreas de origen”.

Los diplomáticos dicen que quieren iniciar un diálogo político. Están esperando escuchar palabras del Ex-Secretario General de la ONU Kofi Annan y concluir recomendaciones la semana del 2 de octubre.

Entonces, en resumen…

¿Qué pensamos de todo esto?

1. No podemos creer que a estas alturas la comunidad internacional haya fallado en prevenir un casi genocidio.

2. No podemos creer que la comunidad internacional todavía no haya solventado la situación. But then again, vivo en Venezuela, así que sí me lo creo.

3. Este video de The Daily Show nos puso a pensar si los Premios Nobel de la Paz deberían ser entregados post mortem, ya sabes, en el caso de que pongas la plasta luego de recibirlo.

En este juego de discursos pasivos, masacres calladas, acceso restringido a información y gobiernos opresores, por ahora nos toca solo conocer lo que pasa para hacer bulla al respecto.

El mundo está lleno de gordos militares asesinos, vamos a desenmascararlos un artículo a la vez.

Mientras tanto, nos comprometemos a masticar todo lo que leamos para escupirlo en un idioma como el tuyo y el mío.