El periodismo que no es periodismo - The Amaranta
Un teléfono inteligente con megas y Twitter no se compara con un título universitario.

Para salvar vidas, abrir con un bisturí a una persona, y tocar órganos dentro de un quirófano se necesitan por lo menos ocho años de estudio dentro de una universidad y otros tres años de prácticas y especializaciones. Al ser médico, ya pasado una larga carrera universitaria, se asume la responsabilidad de preservar, arreglar y estudiar el cuerpo humano y sus complicaciones.

Para ser ingeniero también se necesita estudiar en una universidad y como mínimo ser hábil con los números. Los ingenieros son los encargados de levantar y modernizar ciudades después de años de aprendizaje, porque es imposible saber de la noche a la mañana cómo se construye un edificio.

Si quieres ser economista tienes que estudiar.

Si quieres trabajar en un banco tienes que estudiar.

Si quieres ser chef tienes que estudiar.

Si quieres administrar un negocio tienes que estudiar.

Si quieres ser periodista tienes que estudiar.

En el siglo de las comunicaciones, los teléfonos inteligentes y el movimiento instantáneo de información, la facilidad de enterarse de lo que está pasando en el lugar más remoto del mundo está al alcance de un tuit. Las redes sociales se han convertido en una telaraña gigantesca que conecta en cuestión de segundos a sus usuarios entre sí sin importar la ubicación.

A raíz de esto, podemos enterarnos prácticamente en vivo de lo que está sucediendo en cualquier lado. Además de ser esencial en lo cotidiano, las redes sociales son una herramienta de suma ayuda en momentos como elecciones, catástrofes, copas mundiales, o cualquier evento que requiera la atención del mundo entero por un tiempo determinado.

Como todo en este planeta tiene sus desventajas y beneficios, el fenómeno de las redes sociales, además de convertirse en el avance de comunicación más grande de la historia, ha designado el poder de libre publicación a cada uno de sus usuarios. Al decir libre publicación me refiero a que una persona puede publicar en su cuenta personal de Facebook desde lo que piensa sobre un video de comida, hasta convertirse en un canal de información para todos sus seguidores.

Los medios de información clásicos como periódicos, emisoras de radio y noticieros de televisión se han visto en la necesidad de requerir a las redes sociales bajo sus nombres mediáticos para mantener al día a su audiencia que ahora prefiere leer las noticias por internet que en una hoja de papel periódico.

En estado de normalidad, como en cualquier país del mundo, los usuarios siguen a estos medios digitales y creen plenamente en el prestigio y recorrido que puede tener un periódico o periodista frente al contenido de información que publican en sus cuentas. Pero en un país como Venezuela, donde hasta las viejas de El Cafetal son medios de información, el manejo de noticias falsas, exageraciones y periodismo vulgar es más común que los asaltos en el Metro de Caracas.

Al pasar por un momento crítico social de protestas en la calle y de descontento masivo frente al gobierno del país, los venezolanos tenemos la necesidad de compartir, opinar, acreditar y creer cualquier información que nos llegue por redes sociales sin importar si la fuente es de confiar, si el contenido tiene sentido alguno, o si el medio cumple con las normas éticas del periodismo como profesión.

Dentro de este desorden gigantesco de información mediática, donde la censura en prensa, radio y televisión no ayuda en lo más mínimo, se han ido afamando cuentas anónimas o de venezolanos conocidos que en todo este lío han restado más que sumado al momento de informar noticias verídicas a un país limitado y desesperado por estar al día entre tanto caos.

Sin importar el hecho de que el periodismo debe seguir unas normas editoriales y contar con unos requisitos, estos nuevos medios de información publican sin verificar veracidad, generan confusión a sus propios seguidores, el lenguaje es todo menos profesional, el amarillismo es su motto #1, y sobre todo, desprestigian el trabajo de los periodistas licenciados.

Al tener la facilidad de una cuenta en redes sociales no significa que el manejo de noticias y la información pública es trabajo para cualquiera. Son muchísimos los previos que se deben tomar en cuenta antes de publicar datos para realizar un trabajo ética y moralmente correcto; por lo tanto no es responsabilidad de todo el mundo actuar como supuestos periodistas solo porque se tiene una cuenta de Twitter.

Esto significa que se debe pensar dos veces antes de reenviar una cadena de Whatsapp, que no todo lo que se dice por redes es cierto, y más importante, confiar únicamente en los periodistas certificados y con experiencia y credibilidad de sobra.

Todo el mundo puede tener una cuenta en redes, pero no todo el mundo puede ser periodista. Déjenlos a ellos hacer su trabajo.