Crónicas de un trancazo

A ver qué pasa mañana durante un paro de 24 horas
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Para aclarar dudas: 

Trancazo: nombre masculino coloquial venezolano referente a la acción de obstaculizar las calles, avenidas y autopistas de un país entero por una cantidad de horas determinadas luego de que el político Freddy Guevara lo publique en su cuenta personal de Twitter.

Ej: “El lunes de la semana pasada las viejas dell Cafetal permanecieron en el trancazo las 10 horas seguidas”.

Magally

Magally es madre divorciada de dos hijos. Actualmente vive en la urbanización Santa Paula, en casa de su mamá. Al igual que el 99.9% de su zona, Magally es fiel opositora y devota a Santo Capriles y su palabra. Durante todos estos días de protesta Magally ha salido con sus vecinas a trancar El Cafetal, ha ido a marchar con el mayor de los cuidados, y ha colaborado al llevar comida e insumos a los chamos de la Resistencia.

La semana pasada, al igual que las demás, Magally se preparó para su trancazo de diez horas arreglando con sus amigas las actividades que iban a realizar durante el día en los distintos puntos del boulevard. Pancartas, rosarios, sánduches, y hasta un juego de canastón era lo necesario para protestar durante casi medio día contra el peor gabinete de gobierno que ha tenido Venezuela.

El día del trancazo, a eso de las 11 de la mañana, Gloria, la mamá de Magally, se cayó entrando a la ducha. Entre gritos y susto, Magally y sus hijos lograron sacarla del baño con cuidado y montarla en el carro para ingresarla en la clínica Metropolitana. La ruta desde la casa hasta la clínica eran menos de cinco minutos, pero como ese día absolutamente todas las calles estaban trancadas, la llegada fue mucho más complicada. Entre caos y nervios, Magally y sus hijos gritaban desde las ventanas del carro: “¡llevamos a un herido! ¡es una emergencia!” pero nadie los dejaba pasar.

Para poder pasar hacia la clínica, Magally tuvo que llamar a una ambulancia para que buscara a la señora a menos de un kilómetro de distancia, ya que los únicos que podían pasar durante el trancazo eran bomberos y ambulancias.

Gloria tenía una fractura de cadera y debido a la larga espera, la operación duró mucho más de lo habitual.

Julio

Julio tiene veintidós años y vive en la urbanización El Cigarral. Él y otro grupo de jóvenes de la zona se han organizado todos estos días de protesta para trancar la urbanización de manera contundente y además enfrentarse a los Guardias Nacionales que suelen impedir la protesta desde el CIED.

La semana pasada, al igual que las demás, Julio se reunió con su grupo clandestinamente para cuadrar la logística del trancón, el material que se iba a utilizar para obstaculizar y todo lo que iban a realizar en esas diez horas.

El día del trancazo, Julio y sus panas eran los primeros a las 10:00a.m. movilizando los troncos y escombros para trancar desde el semáforo hasta la calle que empieza la urbanización. Pasaron las horas, la gente salía por tandas, diputados hablaron en la calle, y discutieron con los que querían pasar por cualquier motivo, hasta que los Guardias Nacionales decidieron empezar a reprimir.

Los jóvenes se enmascararon y protegieron para encaminarse hacia el grupo de guardias que salía del CIED. A causa del psicoterror que crea la figura de un GNB, muchos vecinos se resguardaron en sus casas y quedaron en la calle Julio, sus amigos y unos cuantos vecinos que decidieron apoyar. Ya al final de la jornada, luego de unas largas aspiraciones de gas lacrimógeno y unos cuantos enfrentonazos con la guardia, Julio se fue caminando a su casa agotado.

Julio se acostó a dormir maldiciendo al gobierno y dándole gracias a Dios porque entró sin heridas a su casa; mejor dicho, porque pudo llegar a su casa.

Zuleima

Zuleima vive en Catia y trabaja por día en un apartamento de Chacao. Hasta hace un año aproximadamente Zuleima era chavista de corazón y de pensamiento. La muerte del expresidente fue para ella un dolor inmenso hasta que el hambre empezó a ganarle a su ideología. En su conjunto las madres hacen literalmente lo imposible por traer comida a casa y a la vez se las ingenian para evitar que esos alimentos, o el dinero ganado del día, no se lo roben en el camino. Con respecto a las protestas y la situación actual, en Catia, manifestarse contra el gobierno significa jugarse la vida frente a los colectivos armados.

La semana pasada, al igual que todas los demás, Zuleima decidió ir a trabajar a pesar de que se sabía que la ciudad iba a estar trancada por lo menos diez horas. Sin importar cómo se regresaría a su casa, no podía darse ese lujo de no trabajar un día completo.

El día del trancazo, Zuleima llegó a su trabajo y a eso de las 4:00p.m., que el trancazo seguía en pie, salió a ver cómo carrizo iba a llegar a su casa. Caminando por Chacao, Zuleima se dio cuenta que nunca había presenciado tan de cerca las protestas. Vio gente de todas las edades y todos los tipos, leyó cada una de las pancartas y hasta simpatizó con un grupo de señoras que estaban repartiendo panfletos sobre las consecuencias de la Asamblea Nacional Constituyente.

Como evidentemente no había paso de transporte para ningún lado, después de cuatro horas caminando, Zuleima llegó a su casa. Le dio de cena a sus hijos unos restos de comida que se había llevado del apartamento donde trabaja y con los pies hinchados del dolor, pudo acostarse en su cama.

Luego de horas mirando al techo, Zuleima no pudo dejar de pensar en la indiferencia que nubla la realidad que tanto le afecta a ella y a su familia.