En las votaciones para el plebiscito se consagró como ganador el “NO”.

Fotografía: Carlos Julio Martínez

Colombia estaba en la mira de tanto medios internacionales, como a nivel global. El tema del terrorismo ha sobrepasado fronteras y se ha vivido en distintas culturas. Personas interesadas en compartir su posición y hacerle un seguimiento a esta noticia no tardaron en llegar.

La campaña para el “SÍ” se veía fuerte e imponente con el mismo Presidente de la República liderándolo. También lo apoyaban presidentes del mundo y la Organización de las Naciones Unidas, ¿un poco difícil combatir contra esa fuerza no creen? Por el otro lado, el respeto y admiración por Santos al sentarse a negociar con las FARC, lo aplaudieron muchos colombianos aunque no posea tanta popularidad. Sin mencionar que ya con ese poder político apoyándolo no le bastaba, sumó fuerzas con artistas y activistas por la paz. Sin contar a los familiares y las víctimas de ataques pasados que estaban dispuestos a olvidar todo.

Un país que pedía a gritos desde tiempos atrás un cambio, que llegará un mártir o un salvador que logrará cumplir ese sueño frustrado. Al ver una pequeña luz de esperanza, creíamos que aceptarían el acuerdo.

Como buen ejemplo de democracia, se tenía que poner en discusión y llegar a una decisión final. Aunque, siempre se forman dos vertientes. El “NO” que nunca se rindió, presidido por figuras tan influyentes como cualquiera en el puesto de gobierno, Álvaro Uribe y Andrés Pastrana. Lo suficiente para mover una gran masa del pueblo en contra de estas medidas.

El país se dividió en dos, lo normal para unas elecciones. El papel fundamental lo tenían los afectados por las FARC, quienes expresaron sus opiniones en distintos canales de televisión. Unos optaron por no olvidar el dolor pese a que ya habían perdonado y otros por perdonar y querer olvidar todo lo sucedido. Ingrid Betancourt, expresaba que las emociones seguían siendo fuertes, es difícil poner ese peso en los hombros de estas personas.

Ahora, a más de uno nos tomó por sorpresa este resultado. Dábamos por ganador al “SÍ”, ya que días atrás se sentía un ambiente reconciliador y dispuesto a acabar con un conflicto que lleva en vigencia 52 años. Las encuestas apostaban por esta opción, es casi un ritual que las sigamos a pie de letra, que apostemos a ciegas a sus resultados.

Si algo hemos aprendido en la política y en las votaciones es que esto no es cierto. A última hora puede cambiar la tendencia, se desconoce cómo piensa una nación hasta los primeros anuncios de resultados. Seguro se abrieron debates y un sinfín de discusiones entre colombianos, donde iban formando y tomando posiciones. 

INFOBAE

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Horas y horas de declaraciones y minutos en pantalla convenciendo a la posición que cada representante quería lograr. Una amplia cobertura, a cualquiera le permite ver dos lados diferentes, cada quien con sus aciertos y equivocaciones. Es verdad, estuvimos en la primera fila escuchándolos pero nadie se preocupó por preguntarle a los votantes qué querían, no analizaron esa parte.

Desde que se hicieron oficiales los acuerdos del documento llovieron las críticas. Es un tema delicado, complejo de entender. Hay una frase que dice que “con los terroristas no se negocia”. Libertad política, sin cárcel y abierta aceptación a la sociedad, es lo que exigía este grupo. Pedir tantas condiciones puso a dudar, ¿en cambio qué recibía Colombia? Solo el alto al fuego, casi como un favor. No fue lo suficiente, no llenó las expectativas, todo fue muy rápido y muy frío. 

No vimos el lado humanista, no se sentaron a hablar con otros sectores que difieren, el cambio verdadero que se pedía. Y es ahí donde se piensa que Juan Manuel Santos pudo haber fallado. Él solo cumplió la parte negociadora y acató las normas previstas cuando se está en cargos de esta magnitud. No pensó que a lo mejor otros querían la paz, con otras condiciones. Repetimos, un gobernante puede pensar de una manera pero el país de otra.

Este tipo de movimientos pueden tardar años en concretarse, encontrando un equilibrio para ambas partes, tomando en cuenta que este disgusto ha existido por décadas. Recibiendo y aguantando mucho dolor, problemas y tristeza. En algún momento tenía que sobrepasar ese límite intentando desesperadamente arreglarlo, donde le había llegado el turno a los ciudadanos de decidir. Hay que dejar claro que los que se decidieron por el “NO”, quieren de la misma manera la paz. No nos equivoquemos y pensemos de otra manera dejándonos llevar por emociones, porque así funciona una democracia. 

Los colombianos han hablado y quieren facilitar una nueva negociación para que los acuerdos sean modificados o revisados. Saben la oportunidad histórica que tienen, han esperado esto. No hay que quitarles ese valor, solo son inteligentes y se percataron que la alianza no acataba las leyes, no seguía un hilo democrático. O las cosas se hacen como están prescritas, o no se hacen. Por supuesto, por qué no quitarse un peso encima teniendo como referencia al grupo extremista islámico y guerras en territorios en el 2016. Sí, en estos tiempos.

En definitiva una lección que quedará recordada en la historia. Tanto para mandatarios y ciudadanos cuando se toquen temas de este ámbito y se quiera lograr una modificación con un giro intenso. "No me rendiré; seguiré buscando la paz hasta el último minuto de nuestro mandato" aseguró el presidente Santos dirigiéndose a las cámaras. Esperemos que esta vía logre establecer un nuevo enfoque y que las FARC esté dispuesto a aceptarlo.