¿Cómo saber si sufres de un problema alimenticio? - The Amaranta

¿Cómo saber si sufres de un problema alimenticio?

Lamentablemente a pesar de conocerla, pocos saben de ella.
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Todos hemos oído de ella, posiblemente conocemos a alguien que la ha padecido o incluso puede que nosotros hayamos sido víctimas.

Acecha a todas las clases sociales en todas partes del mundo, no discrimina entre hombres ni mujeres, ni perdona edades, es silenciosa y guardada en silencio y con tan solo decir su nombre se oye el eco de un tabú que hasta hoy en día no ha sido llevado a la luz victoriosamente.

La anorexia suena aguda, tajante y distante como cualquier otra enfermedad mental, es guardada en secreto por los que la padecen y aún más por los que la presencian en otros.

Lamentablemente a pesar de conocerla, pocos saben de ella. Ha sido satanizada, mal vista y asociada con un estilo de vida vanidoso y banal. Al pronunciar la palabra "anorexia" invocamos a un público que pensamos que no le importa más que el físico, dejando de lado como fantasmas, centenares de personas que sin interés en moda o tendencias sufren de ella.

Además del rechazo social por lo "fashion" que puede parecer ser anoréxico, se le agrega el repudio a reconocerla y peor aceptarla por ser una enfermedad mental. Tanto los trastornos, como la depresión, obsesiones y psicosis son vistas con ojo de asco desde la incomprensión del común denominador. Sin embargo, añadido a esto, la anorexia no es reconocida por la mayoría (por no estar informada) como una enfermedad mental y de esta forma es sentenciada a ser percibida como una elección de las víctimas. Algo así como el típico comentario:

"Pero niña, come más, eso de ser flaca son bobadas tuyas."

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Para esto y para ellos estamos aquí hoy. Para analizar, dar a comprender e intentar ayudar a aquellos que callados sufren por la forma atroz que perciben sus cuerpos, a aquellas amigas que sospechan que una de ellas sufre de anorexia y no saben cómo ayudarla, y sobretodo para abogar por los que sufren de anorexia y hacerles entender a los demás que todo esto va más allá de no querer comerte una hamburguesa.

Cuando hablamos de trastornos alimenticios, los conceptos tienden a difuminarse y mezclarse con algunas percepciones sociales que no necesariamente están relacionadas con el trastorno en sí. Aunque la sociedad asume que la condición solo se manifiesta a través de la conducta alimentaria, y es motivada por el descontento de la persona con su imagen corporal, la noción de trastorno alimenticio va mucho más allá.

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Para no indagar en la jerga médica compleja, podemos limitarnos a explicar que los trastornos alimenticios son enfermedades crónicas y progresivas que ciertamente se reflejan en los hábitos alimenticios, pero que también cuentan con síntomas profundos y factores externos e internos que generan una alteración y distorsión de la imagen corporal de la persona que lo padece.

Por lo tanto, pensar que condiciones como la anorexia o bulimia son “elecciones” es caer en la desinformación. La anorexia no es una elección, y en el momento en el que comienza a serlo (entiéndase un medio para “ser más flaca”) intervienen otros factores psicológicos que se escapan de lo que conocemos como anorexia.

La anorexia no es un medio para un fin, es una enfermedad.

Incluso, la anorexia nerviosa (el término médico para lo que llamamos coloquialmente “anorexia”) es un trastorno de origen neurótico, que inconscientemente promueve el rechazo sistemático de los alimentos y que tiene como consecuencia la pérdida de peso; prácticamente un impulso incontrolable que convence al individuo de que la comida es perjudicial.

Aunque en sí, la anorexia significa pérdida de apetito, el término médico explica que la privación del apetito es algo psicológico que se traduce a un trastorno mental. Por lo que negarse comidas muchas veces delibera en otros trastornos alimenticios como Bulimia (vómito inducido), Vigorexia (obsesión con el ejercicio), Perarexia (obsesión con las calorías) u Ortorexia (obsesión por la “buena alimentación” que hace que la persona deje de ingerir grasas, proteínas y vitaminas básicas para el organismo).

Es común que las psicopatologías alimentarias se originen en un contexto alterado emocionalmente que acarrea una preocupación excesiva por el peso y la imagen corporal. Con un sentido de la realidad nulo, cualquier persona que sufra de anorexia manifiesta más que síntomas aislados; siendo una enfermedad multifactorial, el entorno social, familiar, personal, psicológico y biológico interviene en el desarrollo del padecimiento.

Sí, los estándares de belleza y la baja autoestima pueden influir bastante, pero al final del día, la fobia a subir de peso no solo toma en cuenta la portada de la revista o un comentario en su última foto de Instagram. Muchas veces el conjunto de factores son los que pueden poner en peligro la vida de las personas que padecen de anorexia.

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Para entender mejor el campo de los trastornos alimenticios, podemos separar los tipos de anorexia en dos:

La anorexia de tipo restrictivo o típico: practica la ayuna, dieta excesiva y abuso del ejercicio para garantizar la pérdida de peso.

La anorexia de tipo compulsivo o purgativo: tiende a ingerir alimentos, así sea en pequeñas raciones, y posteriormente provoca el vómito o abusa de laxantes diuréticos o enemas para evitar un aumento de peso. Que es parecido a la bulimia nerviosa, a excepción de que este tipo va en función al control de peso y no es utilizado como una conducta recurrente, tal como la bulimia práctica.

De igual manera, cada trastorno tiene una terminología diferente. En el caso de la anorexia, las personas que la padecen tienden a identificarse socialmente como “pro-ana”, y los que apoyan la bulimia se autoproclaman “pro-mia”. Ana (anorexia) y Mia (bulimia) son apelativos que las personas con trastornos alimenticios utilizan hablar de ellos “en código”, sobre todo en las plataformas digitales.

La anorexia en Latinoamérica

Actualmente, nueve de cada diez personas que sufren de desórdenes alimenticios en América Latina son mujeres.

Esta estadística estremecedora toma su lugar gracias a varias causas que varían entre países, pero se concentra en algunas que se repiten alrededor de las regiones. La más común es la presión social

Aunque a lo largo y ancho del mundo existe la presión ejercida por la sociedad, redes sociales y catálogos de revistas de tener una figura esbelta, en Latinoamérica se intensifica por la cultura de embellecimiento que poseen las latinas. Esta cultura estética y presión logra causar bajas de autoestima en varias jóvenes; de prolongarse estas bajas, estas están expuestas a un posible trastorno psicológico, que encuentra la forma de brotarse a través de los hábitos alimenticios. 

La segunda razón yace en las relaciones intrafamiliares. Se ha demostrado que una familia inestable puede causar desórdenes de varios tipos en los adolescentes, especialmente alimenticios. Otra razón, un poco más rebuscada, es el componente genético familiar. Es cierto que esta generación presenta muchos más casos de trastornos alimentarios, pero algunos de esos números se datan de la generación anterior y tristemente podrían ser heredados por la generación siguiente.

Una razón que se acoge más a las nuevas generaciones es la de la percepción. Desde pequeños, los niños están acostumbrados a ver los personajes televisivos buenos como delgados y atractivos, y a los villanos o fracasados como gordos y feos. Dada la incidencia que tienen los aparatos electrónicos, las redes sociales y la cantidad de información que procesamos actualmente al día, es obvio por qué esta es una de las causas predominantes -que va aunada con la presión social más indirectamente- de los trastornos alimenticios.

A todas las razones expuestas anteriormente les precede un factor determinante: el miedo. En Argentina, la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia encontró que es un miedo aplastante estar en sobrepeso el que lleva a niños hasta menores de 12 años a consultas por causa de estos trastornos. A este temor se le llama científicamente lipofobia.

"Tienen miedo de ser gordos y rechazan la comida. Hay chicos en el jardín de infantes que se meten los dedos para vomitar. No siempre existe el síndrome completo, pero es una tendencia", Mabel Bello, presidenta de Aluba en Argentina a BBC Mundo.

Entre los países Latinoamericanos con más trastornos alimentarios, México es el primero con más de cuatro millones de pacientes de anorexia, bulimia o trastornos por atracones, de acuerdo con la Fundación Ellen West.

En segundo lugar está Colombia con más de 800.000 casos. Tan solo el 17,7% de los pacientes se concentra en la ciudad de Medellín, la capital de la moda colombiana.

En tercer lugar está Venezuela con más de 500.000 casos. Uno de las causas que más incide, aparte de la fama del Miss Venezuela, son las redes sociales. A pesar de la creciente inflación y casos de pobreza extrema, este es el país de Latinoamérica (y el noveno en el mundo) con más casos de uso de redes sociales. La psicóloga y coordinadora de la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria de la Fundación Humana informó que existe un aumento de 20% en los trastornos alimentarios relacionados directamente con las redes sociales.

Según su teoría, esto se da gracias a el impacto psicológico que tiene la búsqueda de “aprobación” que se busca en las redes sociales. Desde la edición que se hace a la foto, hasta un like, los jóvenes buscan a aprobación de otros en estos medios, comparándose con las bloggers, actrices y famosos que comparten su feed.

Argentina, por su parte, ocupa el cuarto lugar de desórdenes alimenticios. Actualmente existen más de 400.000 argentinas tomando narcóticos para no sentir hambre, conocidos como anorexígenos (una mezcla de anfetaminas, diuréticos, laxantes, hormonas y sedantes).

¿Cómo aliviar y distinguir un desorden alimenticio?

Las personas que sufren de desórdenes alimenticios suelen desmentir la enfermedad o son incapaces de entender que la padecen. The Emily Program Foundation realizó un pequeño examen de cinco preguntas llamado “Eating Disorder Quiz” para reafirmar si se sufre o no de un desorden alimenticio.

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¿Sientes que a veces pierdes o has perdido el control sobre cómo comes?

¿Alguna vez te has puesto enfermo porque te sientes incómodamente lleno?

¿Te crees gorda, incluso cuando otros dicen que eres demasiado delgada?

¿La comida o los pensamientos acerca de los alimentos dominan su vida?

¿Otros se preocupan por tu peso?

Sin la intención de representar un diagnóstico médico, esta fundación presenta cinco simples preguntas para demostrar que si dos o más son afirmativas, existe un desorden alimenticio en la persona.

Si sufres de anorexia, lo sabes y tienes la voluntad suficiente para querer combatirla; lo más importante es consultar ayuda psicológica y nutricional de inmediato. No es recomendable manejar la situación solo ya que la recuperación requiere un proceso bastante complicado donde el desbalance alimenticio puede tener repercusiones negativas si no se ataca de la manera correcta. Como por ejemplo, se puede crear un círculo vicioso donde el afectado se siente enfermo por la delgadez y pasa de una alimentación muy escasa a comilonas absurdas; por lo tanto el cuerpo experimenta modificaciones en plazos muy cortos de tiempo que son pésimos para la salud del paciente.

Ya una vez que un especialista te trata con un buen plan nutricional, el ámbito psicológico es sumamente importante. La finalidad de la ayuda es reeducar los estándares de salud y belleza que están preestablecidos en el cerebro y hacerte entender que el cambio físico y de pensamiento es para mejor y que se quiere establecer a largo plazo.

Por otra parte, si la persona que sufre de anorexia no eres tú, sino alguien muy cercano a ti, el papel es distinto pero a la vez muy esencial. El familiar de un afectado debe mantener firme la preocupación que siente frente a su ser querido, pero sin afincar o criticar su peso o lo que come regularmente. También es importante evitar presionar a la persona con ayuda de profesionales; si la búsqueda de tratamientos y consultas no son voluntarias por parte del afectado, no harán ningún efecto en él. En cambio, si tu familiar decide atacar su enfermedad, lo primordial como persona cercana es mantener el constante apoyo y por supuesto sin interferir en lo que los especialistas psicológicos o nutricionales dicten para tu ser querido.

En Latinoamérica existen cantidad de fundaciones dedicadas a brindar apoyo a aquellas personas afectadas por la anorexia y otras adicciones, que además de tener distintos planes de recuperación en sus sedes, la página web, para aquellos que no pueden acercarse, es de mucha ayuda. La Fundación Manantiales en Argentina y Uruguay, la Fundación GABA en Argentina, la Fundación Ellen West en México, la Fundación Ayúdate en Venezuela, y la Fundación Colombiana de Anorexia y Bulimia, son algunos de los nombres latinoamericanos encargados de difundir ayuda a aquellas mujeres necesitadas de simplemente información para estar al tanto de que el prospecto de felicidad que tienen en la cabeza, es el incorrecto. 

¡No esperes para conseguir ayuda o ayudar a quienes lo necesiten!