Una historia de 1941 que se podría repetir en el 2017

Fotografía: Izquierda: Ana Frank / Derecha: Rouwaida Hanoun, una niña siria de 5 años que fue herida durante un bombardeo en Alepo. (Anne Frank Fonds/ Getty Images)

Probablemente un poco obligados, nos vimos en el colegio frente a El Diario de Ana Frank. Las profesoras con la ayuda de este libro posiblemente trataron de hacernos entender las atrocidades que vivían los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Pero al fin y al cabo, a un grupo de niños poco atentos y en su mayoría no tan atraídos a la lectura, este conflicto histórico sonaba tan vil como distante. El año 1945 no cabía ni siquiera en las líneas del tiempo en nuestra cabeza (solo sabíamos que estaba después de los dinosaurios y antes del internet) y por tanto los pensamientos de esta pobre niñita judía no causaron tanto eco en nuestra joven mente.

A medida que fuimos creciendo e inevitablemente, conociendo más sobre la persecución judía y la crueldad nazi, el hecho de que una pobre niña alemana haya pasado 2 años de su vida escondida, luego capturada, enviada a Auschwitz y que haya muerto sola de tifus sin su familia solo días antes de que su campo fuese liberado, suena como una historia que traería lagrimas a cualquiera. Sin embargo, nos parece de nuevo, distante. 

No solo porque el conflicto terminó hace 72 años, sino porque no hemos sufrido en el mundo contemporáneo una guerra que maneje de forma tan desalmada a una población.

Ahora relee la última oración y bórrala.

Porque hoy en día el mundo de una manera retorcida y burocrática ha permitido que se desencadenen conflictos que amenazan la vida de inocentes niños como Ana Frank.

La agencia de la ONU para Los Refugiados (ACNUR) publicó que para el 2015, 65.3 millones de personas fueron forzadas a desplazarse de su territorio por persecución o conflicto. De esta forma cada minuto 24 personas se veían frente el dilema de tomar las pocas pertenencias que pudiesen, reunir a su familia y ubicarla en algún lugar seguro, de ser posible.

10 millones de esas personas estaban sin Estado y tan solo 21.3 millones de ellas estaban refugiadas por tiempo indefinido en un campo.

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La realidad es que en el mundo millones de personas sufren el desespero de dejar su territorio y de no recibir asilo en muchos países, y más recientemente, si la familia proviene de algún país árabe no solo sufre rechazo por parte del Estado sino por sus ciudadanos y los medios, quienes condenan a los musulmanes, a todos los musulmanes, con conductas extremistas y amenazantes.

Viene al caso que The New York Times publicó un muy interesante artículo en el que resalta que en el 2005 una persona que husmeaba por los archivos de las cartas de asilo rechazadas durante la Segunda Guerra Mundial, se topó con un documento escrito en Ámsterdam en 1941 por Otto Frank que imploraba ser aceptado en los Estados Unidos con su esposa e hijas, una de ellas Ana Frank.

Otto y su familia eran perfectos candidatos para migrar a EEUU. Ana había estudiado un poco de inglés, Otto manejaba el idioma a la perfección y había vivido en Manhattan y eran una familia trabajadora con conecciones en el país. Contaban con cualidades perfectas para alcanzar el sueño americano, pero también con la terrible suerte de ser judíos.

Las cifras revelan que para 1938 94% de los americanos no apoyaban a los nazis, pero 72% de ellos no querían que los judíos fuesen aceptados en el país. La razón es porque corrían rumores sobre los judíos que alegaban que eran comunistas en potencia o nazis encubiertos que buscaban espiar a EEUU desde adentro.

The Time y The Washington Post inclusive hicieron una especie de propaganda a este repudio a los judíos, publicando una editorial en la que exhorta al Estado americano a negarle la entrada a nazis disfrazados de refugiados.

Insólitas y un tanto absurdas nos parecen estas acusaciones en el 2017. La pregunta es ¿qué pensarán las personas dentro de 72 años de la xenofobia que padece el mundo frente a los musulmanes?

Bajo el supuesto miedo a no poder "velar por los nuestros por cuidar de otros", a que nos quiten los trabajos, a que nos roben nuestras pertenencias o a que nos asesinen en nombre de Alá, conseguimos amparo para justificar un miedo sin sentido.

Como conocemos la historia, el asilo le fue negado a la familia Frank, a pesar de tener un buen amigo con conexiones en la administración de Franklin Roosevelt. Durante su período como presidente, muchos senadores promovieron leyes que negaban la entrada a todos aquellos “alienígenas a EEUU”. Interesante, tomando en cuenta que su esposa Eleanor Roosevelt describió la primera edición de El Diario de Ana Frank como “uno de los más sabios y conmovedores comentarios que he leído sobre la guerra y su impacto en los seres humanos“.

Para 2015 ACNUR reportó que 1.1 millones de los refugiados en el mundo venían de Somalia, 2.7 millones de Afganistán y 4.9 millones son de Siria. A pesar de no tener cifras confirmadas para este año, la expectativa es que los números incrementen tanto como han aumentado los conflictos armados.

Siendo estos los países de donde vienen la mayoría de los refugiados se esperaría que responsablemente los organismos internacionales velaran por el bienestar de estas personas que vienen en un lugar invivible. Sin embargo Europa y Estados Unidos han demostrado la manera más detestable de cerrarle la puerta a personas que los necesitan.

“Nadie toma su familia y la esconde en el seno de una ciudad ocupada por nazis, a menos que esté desesperado”, dice una asesora en la casa de Ana Frank en Amsterdam. “Tampoco nadie toma a su hijo y lo monta en un bote dudoso para cruzar el Mar Mediterráneo, al menos que esté desesperado”.

Si Estados Unidos le hubiese dado asilo a la familia de Otto, quizás una niña alemana con el sueño de ser escritora y vivir una vida normal, hubiese tenido un chance.

Esperemos que se tomen sabias decisiones en nuestra era para no tener que leer nuestros crímenes y pecados del diario de una niña siria.