Venezolanos lidiando con los retos de emigrar

Venezolanos lidiando con los retos de emigrar

Voy a hacer algo que solo vemos en las series cuando ya llevas toda una temporada frente tu laptop después de 6 horas de capítulos. Es totalmente innecesario pero nunca se sabe, se trata de esa fastidiosa recapitulación en los eventos anteriores que aunque muchos no lo necesitamos, otros varios sí.

Entonces…

En el capítulo anterior de la crisis venezolana:

Sabemos que desde 1999 hemos sufrido una caída abismal en la economía y la crisis humanitaria hasta llegar al 2018 como el país con mayor índice de emigración en el mundo. Llamada también diáspora venezolana en la que muchos ciudadanos entre los 18 y los 40 años deciden buscar mejores oportunidades afuera. Todo esto patrocinado por el chavismo. Gracias.

Pero lo que muchas veces ignoramos (tal vez ya estamos cansados de ver tanto drama y decidimos hacernos vista gorda para darnos una pequeña felicidad en nuestra vida cotidiana) es la situación precaria que amenaza al venezolano que consigue salir.

Se convirtió en una huida masiva por encontrar una mejor calidad de vida. De acuerdo al Observatorio de la diáspora venezolana (proyecto de la Universidad Central de Venezuela) hasta ahora se han ido un aproximado de 4 millones de venezolanos hasta finales del 2017, casi el 12% de la población nacional.

Tenemos a ciudadanos regados en 92 países y 120 ciudades distintas, cierto es que cada uno de nosotros tiene al menos un amigo en cada continente y bien distribuidos en todo el mundo. Muchos países incluso han adquirido políticas solidarias a favor de los venezolanos que buscan asilo afuera. Perú ya ha acogido a unos 81 mil, Argentina a casi 41 mil, Chile a unos 30 mil, y España casi cien mil.

Una vez que ya te acordaste de esto hablemos de qué enfrentan los venezolanos una vez que salen

Siendo jóvenes en una época donde podemos conquistar el mundo desde nuestro teléfono inteligente, sentimos una impotencia de ver ese sueño materializarse en una calidad de vida y en crecimiento laboral.

Es por eso que tomamos una decisión difícil, pero tomada por otros millones más (lo que no le quita lo difícil pero sí lo “extraño”). Pues tenemos más despedidas que fiestas de cumpleaños. Sin embargo, eso parece el “vivieron felices para siempre” de una película de Disney. Por el hecho de irse, ya su felicidad queda asegurada porque tomaron la mejor decisión para su futuro.

Pero, ¿qué significa tener esa felicidad asegurada? Irse implica tener un plan una vez que aterrizas: trabajo, residencia, nacionalidad, contactos, estudios, documentos válidos y vigentes, y por supuesto, dinero suficiente para costearse la permanencia en ese país.

A pesar de todo eso, es un rollo que felizmente nos calaríamos pues nada supera la tragedia de vivir sin encontrar pan y de ver las farmacias secas de medicamentos. Allá afuera la promesa es: trabajarás como un burro, pero valdrá la pena. Una promesa que no tenemos acá.

Entonces hacemos todo lo posible para mantener esa promesa a nuestro alcance. Queremos quedarnos más tiempo allá y ganarnos nuestro derecho de vivir como se supone que cualquier humano ciudadano del mundo puede, y para hacerlo hacemos cierto sacrificios.

Casarse por los papeles

Así que enfrentemos los hechos:

  • Los que se van son mayoría jóvenes, entre los 16 y los 30 años.
  • Muchos se van sin ni siquiera haber terminado su carrera.
  • No tienen recursos para mantenerse afuera y conseguir trabajo (uno serio, al menos) sin tarjeta de residencia o en estado de turista es imposible.

Todos estos factores los llevan a tomar la decisión de contraer matrimonio con alguien que posea la nacionalidad. El matrimonio, implica un papeleo más que después de varios procesos, aseguran la residencia y la adquisición de la nacionalidad del país en el que residen. Sin embargo esto es algo que se lleva haciendo desde hace décadas en todas partes del mundo.

Y es un tristeza que ahora sean los venezolanos quienes se vean en la necesidad de aplicarlo.

La región donde más se han visto estos casos es en Europa y Estados Unidos. Donde conseguir la ciudadanía es algo que te puede tomar años e incluso décadas si decides conseguirla por tu cuenta y no depender de alguien más.

Entonces muchos deciden casarse y salir de eso de una vez. Pero, ¿qué pasa durante la toma de esa decisión? Y, ¿qué pasa después?

“Yo me casé a principios de este año para ayudar a un amigo a quedarse en España. No creo realmente en el matrimonio, pero sí creo en ayudar a alguien que lo necesita” dice María Alejandra, una amiga que prefirió no dar su apellido.

Casarse afuera es para muchos una especie de solución para todos los problemas civiles y legales. Es fácil para algunos y sumamente difícil para otros, que incluso deciden no hacerlo.

“Mi novio tiene nacionalidad española y yo soy venezolanita criolla. Todos, y te digo, todos nos recomendaron casarnos porque es más fácil y porque igual ya llevábamos años juntos. Yo no quería entonces tomé la decisión de estudiar y si me quedo por tres años, me dan la nacionalidad. Preferimos hacer las cosas a nuestro modo y no por emergencia”, me escribió Sonia (ya para este punto decidí no poner apellidos porque muchas se mostraron muy reservadas con respecto a compartir esta situación).

Otra amiga me escribió por Facebook, “decidimos casarnos porque él no tenía la nacionalidad europea, llevábamos tiempo juntos y realmente nos dio igual, era para poder quedarnos juntos y evitar esos problemas legales. Cualquier cosa nos divorciamos y ya. Pero para mi familia sí fue un rollo, el matrimonio es cosa seria en todas partes y bueno, no es fácil lidiar con eso. No tengo ninguna recomendación en particular, cada quien sabe qué es lo que más le conviene, solo digo que lo hagan con alguien a quien conozcan bien y en quien confíen. Hacerlo con cualquiera por desesperación se convierte eventualmente en otro peo más” (ella ni siquiera le ha dicho a sus amigas, así que no pondré su nombre).

Algo más de lo que culpar la crisis venezolana, además de obligarnos a dejar a nuestra familia y todos lo que conocemos, es que nos obliga a tomar decisiones que solo deberíamos tomar cuando estamos seguros de hacerlo por lo que implica. ¿Cuántos de nosotros hemos fantaseado con convertir uno de los mejores días de nuestras vidas en un hecho desesperado por mantenerse lejos de Venezuela?

Casarse por la facilidad de documentación ya es algo entendible, más que normal. Si se hace con una persona de confianza es mejor que esperar años a que se solvente la solicitud de residencia, varía en cada país. Si eso deja de ser conveniente para alguna de las dos partes la solución factible siempre será el divorcio, para entonces ya ambos serán legales en el país donde estén. Así que cero rollo, ¿cierto? Será algo que todo el mundo hace, pero por una razón ninguna de las tres que me comentaron su situación quisieron poner su apellido ni darme mayor información con respecto al tema.

Vivir aquí no es fácil, y afuera tampoco y esa es un tragedia de la que no podemos escapar ni tomando diez mil vuelos.

Continuará…

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