Para una flor bailarina de Folies Bergère

La primera vez que conocí a Loie Fuller fue en uno de estos videos de Facebook que logran hipnotizarte y preguntarte con frecuencia, ¿de quién es ese perrito tan bello? En este caso no se trataba de una mascota, un meme o de esas cosas que suelen ser más prioritarias para mí que mi trabajo o algún ensayo universitario. Se trataba de un clip en el que una mujer bailaba de forma que parecía una flor, como líquida, con un vestido enorme y con un movimiento constante y armonioso que además cambiaba de color a cada segundo. Podías hasta escuchar de fondo una sinfonía de Beethoven. Era un espectáculo.

Claro que mi primera búsqueda en Google fue “bailarina flor vintage” y después de unos cuantos clicks, la encontré. Se llamaba Loie Fuller y por mucha pinta de francesa sofisticada que tuviera, era una chica de origen humilde de Illinois que, por cosas de la vida, terminó convirtiéndose en un estrella de baile en estos centros de danza y shows parisino que era el Folies Bergère. Con pósters en toda la ciudad y el mundo, no era poca cosa para nada.

En fin, fue una leyenda y aunque sí estaba familiarizada con el trabajo del ícono de la danza contemporánea, Isadora Duncan (casi tanto como el chisme de que murió ahorcada por su propia bufanda en un convertible...shocking), debo decir que me sorprendió enterarme de que Loie vino antes, mucho antes.

Pero eso ya se los explicaré en esta breve carta que enviaré para ella al vacío abismo del internet. ¿Se imaginen que termine mandándome un correo del más allá? Puede convertirse en una de esas películas de terror millennials donde todo ocurre en la pantalla de tu iPhone.

Querida, flor danzante Loie Fuller

Habiendo nacido en un rincón perdido del medio oeste estadounidense en 1862 (nos llevamos solo unos añitos), debo admirar que llegaste súper lejos. Te convertiste en una leyenda y pionera del baile moderno, hermana. Todavía hay videos de ti en algo que hoy tenemos que se llama redes sociales, que es como ver el mundo en una cajita negra y no, no es magia.

En fin, cuando te conocí, comencé a investigar todo sobre ti. Tuviste una especie de visión mientras te la pasabas viajando en la lucha por la locha: un gran vestido blanco que nada tenía que ver con matrimonio pero sí con un romance hacia el arte que te llevó a hacer historia. No solo te diseñaste este vestido con largas mangas que sostenías con palos mega pesados para lograr el efecto de “flor danzante”, sino que le agregaste luces. ¿De dónde te vinieron esas ideas y cómo convenciste a la gente de que te ayudara a llevarlas a cabo?, ¿qué drogas les diste? Era algo que nunca se había hecho en la época y entonces te presentaste en el Folies Bergère: éxito mundial.

No puedo decir de la nada asumiste la posición de inspiración de artistas, poetas e intelectuales como Marie Curie, Toulouse Lautrec y hasta de Auguste Rodin. Seguro te tomó trabajo, de eso estoy clara, pero ¿cómo supiste que era eso lo que estabas destinada a ser? Los pancartas de tu vestido y tus bailes estaban por todo París y el mundo. Los famosos viajaban un buen rato solo para verte.

Sin embargo, lo que más me gusta de ti es lo que significaste para el mundo audiovisual. Soy una fanática del cine y mientras estudiaba Producción Audiovisual, además de aprender a convencer un actor a trabajar gratis para la tesis, aprendí que todo, absolutamente todo era cuestión de iluminación. Tú puedes tener a Harrison Ford actuando, con un escenografía de teatro de Londres, pero pones una luz mal y todo se te va al desagüe y la noticia te la dará el editor al final cuando ya no haya salvación. Solo que tú sabías todo eso desde principios del siglo XX, casi al mismo tiempo que apenas descubrían cómo congelar imágenes en una cámara.

Lo que hacías era combinar gels químicos para hacer los colores de las luces que se reflejarían en tu enorme vestido largo, dando la ilusión de una flor desplegando sus pétalos al ritmo de la música. Y por eso seré la profeta de todo lo que una vez hiciste, que no puede morir nunca. Hoy en día es algo todavía increíble de presenciar. Inmortalizada en poemas, pinturas, videos y películas, hizo que todo ese peso que cargabas en los brazos, sin contar lo pesado que debió haber sido ese vestido, valiera toda la pena del mundo.

Al final fue ese el precio que pagaste por tanta gloria: unos pocos años de éxito hasta que te enfermaras y dejaras a una niñita, Isadora Duncan, tomar tu lugar. Lo que fue mentira porque tú ya habías abierto una puerta. Antes el baile solo era un acto pomposo limitado donde las personas no tenían libertad, ahora supongo que gracias a ti puedo ver a alguien combinar ballet, con hip hop y aún considerarlo arte. Y eso es algo que nadie te pudo quitar.

Te mandaría flores, pero estás muerta. Pero bien viva en la historia, felicidades.

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