¿Qué significa tener la última palabra en el 2018? - The Amaranta
Cómo han cambiado las cosas

¿Qué significa tener la última palabra en el 2018?

Cuando era más pequeña, mi papá me llevaba al cine todos los lunes en la tarde sin falta. Solíamos turnarnos en quién elige la película: un lunes él y un lunes yo. Sin embargo, llegó el día en el que él eligió una que no me llamaba la más mínima atención. No quería, ni me interesaba ver una historia de piratas con un tal Jack Sparrow, pero a él sí y esa fue su última palabra.

Claro que no siempre la última palabra ajena hace que te vuelvas fan de una franquicia súper genial del cine. Pero sí te hace perder poder ante la voluntad de otra persona, en mi caso tuve que despedirme de ver algo como Narnia o alguna película animada.

No sería la última vez que mi papá tuviese la última palabra en algo.

Esos eran momentos más simples, cuando alguna afirmación sin respuesta se convierte automáticamente en ley. Es muy famoso el dicho de “quien calla, otorga”, pero quien sea que dijo eso sin duda no tuvo un drama de novela vía Whatsapp.

A diferencia de nuestras peleas con nuestros papás o nuestros hermanos a comienzos de los 2000, cualquier discusión que tengamos en el 2018 y no sea cara a cara cambia por completo los términos de la última palabra.

Una anécdota más actual se desarrolla en uno de esos problemas maritales que tengo con mi mejor amiga una vez a la cuaresma. Creí que por decirle mi lado de la historia y no recibir respuesta me había coronado como la triunfadora del primer round. Pero no pude haber estado más equivocada. Con solo mencionar el tema durante el Concejo Editorial pasado, nuestra editora solo dijo “perdiste”. Y me di cuenta.

Los tiempos modernos son complicados, pues tenemos a máquinas hablando por nosotros y teniendo las relaciones que no podemos establecer frente a frente. Es por eso que el infame “me dejaste en visto” ha causado tanto revuelo entre las generaciones del “no me llames, envíame un texto” o “prefiero trabajar freelance”. Una respuesta es necesaria y en el caso de una discusión, una respuesta no respondida es la que nos hace ganar el reto de quién tiene la última palabra.

Aún así, a mí me cuesta aceptar quién puede ganar una discusión no por los mejores argumentos sino por quien deja de responder un mensaje. Ahí es cuando nos damos cuenta de que tal vez la lucha por tener la última palabra siempre se ha tratado de una batalla de egos. Solo que en el 2018 cualquiera puede tenerla y por lo tanto salir victorioso no implica ninguna dificultad.

Si de algo podemos estar seguros es que esta época ha volteado la cara a muchos aspectos cotidianos, en especial sobre quién tiene o no poder sobre nosotros gracias a las mil formas de comunicarnos y a las selectas formas de hacernos entender. Y la última palabra solo ha sido una de las muchas víctimas.

Gracias a Dios, mi papá sigue con su imponencia característica y nunca pierde el afán de tener la última palabra sin importar en qué año estemos.

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