Quitarse el ‘burda’ no es tan fácil como quitarse la gorra tricolor

Si quieres darte a entender en un país nuevo lo más importante es manejar el idioma. No simplemente saber decir “hola, ¿en cuánto la cerveza?” sino saber cómo alguien expresa que “se muere de la ladilla”, o que “algo está arrechísimo” sin necesitar un diccionario para cada conversación.

Toda comunidad tiene modismos. Marcas en el dialecto que los delatan geográficamente y permite que se comuniquen entre ellos con más complicidad que con alguien decididamente extranjero. Lo más normal cuando te vas de Venezuela es que empieces a acomodarte a estas palabras nuevas… y que termines volviéndote un ocho y mezclándolas con las que vienes arrastrando desde Venezuela. Como esta tarde cuando me preguntaron si me mola ir a un festival de películas de serie B, y sin pensarlo dije, “Marico, sí. Me mola burda”.

En teoría, cuando hacemos eso estamos diciendo nada, o solo emitiendo un balbuceo a lo Trump un viernes a las 3:00a.m. en Twitter. Muchas veces se trastorna el sentido, terminamos diciendo lo contrario a lo que queremos, y acabamos por incomunicarnos por completo. Pero con todo este asunto de que todos nos vamos y los que no se han ido están por irse, tal vez deberíamos empezar a integrar estos resultados y hacerlos más comunes. Hoy empezamos proponiendo nuevas expresiones para agregarlas a los modismos de Chile, Colombia, y España:

Chile

“Pucha, qué arrechera”

“Ya po chama péscame o péscame chama”

“Me cruje la guata”

“Me tinca burda”

“O me tinca chevere”

Colombia

“Un tinto con leche”

“Qué arrecho se ve eso, qué chimba”. Entendiendo que apenas se escuche el acento venezolano, no hay pretensiones sexuales de por medio.

"Tengo hartas vainas que hacer”

“Vea pues, qué mamaguevo”

“Gástame una birra ahí, pues”

“Qué video ese mamaguevo”

España

"Tía, qué chévere”

“Marica, mola qué jode”

“Ese capullo mamaguevo”

“Me flipa burda”

“¿Nos morreamos un pelo?”

“Qué pana tan pijo”

“Hostia, pana, ¿qué pasa contigo?”

No podemos continuar el dialecto de nuestras ciudades de origen porque nos fuimos, pero tal vez es momento de empezar un dialecto de diáspora y aceptar las expresiones raras que nos estamos sacando.